Donoso Cortés

Juan Donoso Cortés comenzó siendo uno de los representantes españoles del liberalismo doctrinario o moderado, pero con el tiempo evolucionó hacia un evidente autoritarismo.

Donoso Cortés nació en el Valle de la Serena (Badajoz), en el año 1809, en el seno de una familia acomodada de propietarios agrarios que le permitió poder estudiar Derecho en Sevilla, ejerciendo en el bufete de su padre. Gracias a la amistad del mismo con Quintana nuestro protagonismo se interesó por la política. Muy pronto se inclinaría hacia la versión más moderada del liberalismo, como se puede comprobar en su Memoria sobre la Monarquía, que dirigió al rey Fernando VII. Para Donoso Cortés la solución del liberalismo doctrinario era la mejor para superar el absolutismo, pero para evitar caer en la revolución. Donoso se acercó a la figura de Guizot, y también a la de los legitimistas franceses, que le reafirmarán en su extrema moderación. El liberalismo doctrinario defendía el sufragio censitario, entre otras cuestiones, ya que solamente los propietarios podrían dedicarse a la dirección de los asuntos públicos, y a la representación de la nación.

En 1833 ingresó en la Administración, y en 1836 ocupó la Secretaría de la Presidencia del Consejo de Ministros con el progresista Mendizábal, justo cuando se ponía en marcha la desamortización eclesiástica, cuestión que, a pesar de su moderación, siempre justificó Donoso. Al año siguiente fue elegido diputado y pronunció en el Ateneo sus Lecciones de Derecho Político. También apareció su folleto sobre el Proyecto de Ley Fundamental, donde ahondaba en su pensamiento conservador ya con tintes autoritarios que le fueron alejando del propio liberalismo doctrinario, como probaría su defensa de un poder único frente a la división de poderes. Ese poder único correspondería al rey, sin limitaciones. Además, terminaría por cargar contra el liberalismo doctrinario francés. Para Donoso Cortés esta versión moderada del liberalismo había sido muy eficaz para luchar contra el absolutismo y evitar que se derivara hacia el radicalismo, pero una vez superado el absolutismo después de la Revolución de 1830 ya no serviría la versión conservadora del liberalismo porque no garantizaría el orden, verdadera obsesión para nuestro autor. Era necesario ese poder único, llegando a justificar la existencia de la dictadura.

En el año 1840 se exilió en París en tiempos de Espartero. Allí fue consejero de la reina María Cristina. Cuando terminó la Regencia de Espartero regresó a España, siendo diputado entre 1843 y 1849, relativizando en parte su deriva autoritaria para regresar a algunos posicionamientos del liberalismo doctrinario. Pero esta moderación se terminó cuando estalló la Revolución de 1848 en casi toda Europa. Donoso Cortés se decantó definitivamente hacia el más puro autoritarismo, defendiendo posiciones teocráticas, temeroso del contagio revolucionario. En 1849 pronunció su Discurso sobre la dictadura donde apoyaba a Narváez y su política. Posteriormente fue embajador en Berlín y París. En la capital francesa publicó su Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, en el que se comprueba su abandono total de los principios ideológicos del liberalismo al considerar que era incapaz de frenar al gran peligro, el socialismo, y todo ello impregnado casi de un misticismo religioso. Donoso era testigo de los acontecimientos de Francia, de la Segunda República a la llegada de Napoleón III, que consideraba como la última esperanza contra el caos. La muerte le llegó pronto, en 1853.

 

 

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