El Canal de Suez

El interés por el Oriente Medio creció considerablemente a mediados del siglo XIX en el seno las cancillerías europeas. El Imperio turco-otomano, que dominaba la zona, estaba en crisis y había muchas apetencias territoriales y marítimas en la zona por parte de las potencias europeas. Los intentos de Rusia de imponerse a los turcos y conseguir su ansiada salida al mar Mediterráneo terminaron por desencadenar la guerra de Crimea. Pero, además, el Oriente Medio estaba en la ruta hacia la India y el Lejano Oriente, lugares donde ya habían comenzado las aventuras coloniales europeas. Había que agilizar la ruta y qué mejor que por vía marítima. Para ello había que encontrar una manera de poder comunicar el Mediterráneo con el Océano Índico. El periplo de bordear las costas africanas era lentísimo y encarecía las expediciones comerciales. En ese contexto de evidentes intereses geopolíticos y económicos, el ingeniero francés Ferdinand de Lesseps se puso en marcha para que se hiciera realidad un viejo sueño, excavar un canal para que pudieran pasar barcos de gran tonelaje entre el Mediterráneo y el Mar Rojo, por Suez.

El Canal de Suez atravesaba territorio egipcio. El jedive de Egipto, aunque vasallo del sultán turco, ejercía como gobernante autónomo, y se hizo con gran parte de las acciones de la empresa que lo hizo posible. También era clara la influencia de Francia en el proyecto. La ventaja del Canal era evidente para la nueva navegación a vapor, abaratando considerablemente los costes. Y eso no podía dejar indiferentes a los amos del comercio transoceánico, es decir, a los británicos. En el año 1875, Disraeli mandó comprar las acciones del jedive. Los británicos, además, intervinieron en la revuelta anticolonial de 1882, haciéndose con el control del país. Lo que había construido Francia fue aprovechado por Gran Bretaña, añadiendo motivos de resentimiento entre ambas potencias coloniales. Pero la III República francesa no podía enfrentarse al poderío británico en unos momentos en los que se estaba reconstruyendo el poder militar francés después de la humillación de Sedán ante los prusianos.

 

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