¡A momí!

Soñar mucho no es bueno ni malo, soñar dormidos o soñar despiertos, da igual, unos sirven para la elaboración en «estilo libre» de historias rocambolescas de las cuales no controlamos el guión, y los sueños despiertos para fantasear ilusiones y deseos (Freud aplicaba esta posibilidad de ilusiones y deseos a los sueños dormidos, el subconsciente disfraza estas «aspiraciones» en historias surrealistas que, según él, podían interpretarse. Yo, como profano, prefiero contemplar estos sueños como el que está viendo una película, sea esta de miedo, -las pesadillas-, o sea casi de ciencia ficción, de risas o lo que sea). Las ilusiones, deseos, esperanzas, ambiciones, las componemos en nuestra imaginación y sirven como motor a nuestra existencia: las expectativas. I have a dream que mitineaba Luther King.
Yo me quedo con otra sentencia de Machado cuando nos alerta de que «si bueno es dormir, mejor es soñar, y lo mejor de todo, despertar«. Despertar sin dejar de soñar, dormir sin dejar de esperar de estar despierto, disfrutar de tu mundo onírico, tanto cuando estas dormido y sobretodo del que tienes cuando estas despierto, por más que esas ilusiones no se materialicen (muchas veces me acuerdo lo que le decía Clint Eastwood a Meryl Streep en Los Puentes de Madison. «Tuve muchos sueños, ninguno se cumplió pero fue bueno tenerlos«). Soñar es una forma de nostalgia como nos señala la poeta y articulista Mary Theresa Schimch en su Wear Sunscreen y sin embargo también es verdad que a la manera de Anatole France, el porvenir es el lugar más cómodo para situar los sueños. Por tanto soñar nos reconcilia con nuestro pasado y nos proyecta a un futuro imaginado.
Las emociones, su gestión, nuestra innata capacidad para entusiasmarnos, el noble arte de esperar lo mejor (que siempre está por llegar), intuir desajustes y saber que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. Comunicarnos. Esa es la cuestión. La realidad es lo que comunicamos, entre nosotros, y con nosotros mismos. Sueños, expectativas, esperanzas, alegrías, tristezas. Todo vale, porque Todo Comunica
Vivimos, los que ya tenemos una edad en la que comienza a ser real que tenemos más visión por el retrovisor que por la luna delantera, en una especie de película de ciencia ficción en la que sin darnos un guión concreto participamos activamente en esa maravilla de ciberespacio cruzándonos todos los días centenares, miles de millones de mensajes que comunican todo lo más tierno y todo lo más duro. Somos todos protagonistas de una película en la que todos los días estrenamos una nueva historia que comienza en nuestros sueños e ilusiones y la editamos con nuestros pulgares acariciando nuestro smartphone.
Esto lo estoy escribiendo de noche y en fin, solo quería decirte, así entre nosotros, que ya estamos en verano y que por las noches entre el calor y que no tengo sueño podemos hacer lo que mejor hacemos los humanos: comunicarnos, y si nos dormimos que sepas que también participas en la película que se ha fabricado mi mente…como si fuera una jueza cualquiera.


