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El coro de Pardo lidera una sesión irregular con dos chirigotas frescas y comparsas de tono menor en el COAC 2026

“El sindicato” abrió fuerte una noche marcada por la variedad y por la sorpresa de “Los Camerún de la Isla”, con “To pa mí” como cierre más técnico que humorístico

La segunda función de preliminares del COAC 2026 dejó una fotografía nítida del arranque del concurso: un coro sólido que se coloca arriba desde el inicio, dos chirigotas con capacidad para alterar el clima del teatro y una zona media marcada por comparsas correctas pero sin gran vuelo competitivo. Fue una noche larga, heterogénea y de ritmo irregular, en la que el Falla volvió a aplicar en voz baja su propio criterio: lo que funciona se nota enseguida; lo que no, también.

El mayor nivel llegó en la apertura con el coro “El sindicato”, regreso de Julio Pardo con letras de Antonio Rivas y la incorporación del Canijo. La propuesta combinó un tipo claro —sindicato de “comisiones copleras”— con dos tangos de intención política que activaron respuesta inmediata del público. Hubo empaque coral, afinación limpia y un popurrí eficaz que homenajeó al Carnaval sin caer en el exceso. Fue un pase sólido y ordenado, competitivo desde el primer día y, de momento, referencia de una modalidad que suele marcar diferencias en estas primeras funciones.

La sesión descendió de nivel con el cuarteto cordobés “El despertar de la fuerza. Abre el ojete”, que firmó un regreso amable pero flojo, sostenido en un sainete político que abusó de estereotipos y que no encontró ritmo ni remate. Hubo simpatía inicial y alguna risa puntual, pero el humor se agotó pronto y la escritura quedó muy lejos de lo que exige hoy la modalidad. En clave de concurso, pase testimonial y con escasas posibilidades de continuidad.

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La primera gran sorpresa de la noche llegó con la chirigota isleña “Los Camerún de la Isla”, una apuesta surrealista que cruzó flamenco, fútbol africano y pamplineo gaditano. Lo que podía haber sido un despropósito acabó convertido en un pase fresco, bien medido en energía, con pasodobles dignos, un estribillo explosivo y un popurrí que encontró su propio caos funcional. Sin excesos técnicos ni pretensiones conceptuales, la agrupación se ganó al teatro con identidad, desparpajo y gracia. En preliminares, donde el humor se mide por temperatura más que por precisión, fue una de las más celebradas.

Tras el bajón y la subida, el concurso transitó hacia otro perfil con la comparsa “Las lobas”, procedente de San Fernando. La idea —mujeres navegantes, “lobas de mar”, en puertos vitales— incluyó sensibilidad y concepto femenino explícito, amén de un segundo pasodoble social bien encaminado contra el acoso escolar y con mención al caso de Sandra Peña. Sin embargo, el repertorio quedó lastrado por una música lineal, falta de volumen y una evidente carencia de clímax. El grupo mostró identidad y proyecto, pero sin armas competitivas en esta primera fase.

La comparsa de Cortegana “La ciudad prohibida” debutó a continuación con una propuesta noble en actitud pero débil en repertorio. La idea —Cádiz como fortaleza carnavalesca a la que hay que ganar acceso— cayó en un metacarnaval ya agotado, mientras que la música se movió en un mismo plano y el grupo acusó problemas de afinación y de vocalización desde la presentación. Los pasodobles recorrieron lugares comunes del visitante y los cuplés no cumplieron función humorística. El público reconoció el esfuerzo y la ilusión del estreno, pero el concurso exige otra altura literaria y musical.

La sesión se cerró con “To pa mí”, la chirigota sevillana que convirtió a la ministra María Jesús Montero en personaje chirigotero. La apuesta fue arriesgada y más interesante en el planteamiento que en su explotación humorística. Los mejores tramos estuvieron en los pasodobles —uno técnico y otro social, este último con un duro palo a la gestión del cribado del cáncer de mama— y en una música notable de Sergio Gallardo. Los cuplés funcionaron en discreto y el popurrí quedó más en ironía política que en humor carnavalero. Un pase correcto, serio y valiente, pero con déficit de risa, algo que la modalidad no perdona con facilidad en estas primeras rondas.

El balance final sitúa a “El sindicato” como gran titular de la noche y a “Los Camerún de la Isla” como sorpresa más celebrada en el plano humorístico. “To pa mí” completó el podio por calidad técnica, aunque sin romper, mientras que comparsas y cuarteto se quedaron en terreno plano o débil según el caso. El COAC 2026 avanza y el Falla empieza a dibujar jerarquías: no todo está decidido, pero la sesión dejó claro que el concurso premia hoy la claridad de concepto, la identidad y el oficio.

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