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El coro ‘Dame veneno’ abre la sesión con una propuesta simpática pero sin alcance competitivo

El coro Dame veneno en el COAC 2026 presentó el concepto de fábrica del “veneno” del Carnaval con letras originales y sensibilidad social, mejorando afinación respecto a 2025 pero sin los recursos musicales que exigen hoy los coros punteros

El coro onubense ‘Dame veneno’ inauguró la sesión en el Gran Teatro Falla dentro de las preliminares del COAC 2026. Procedentes de Huelva y conocidos como el coro de “los Manolos”, regresaron tras su participación en 2025 con ‘¡Ojú, qué lío!’, continuando un proceso de aprendizaje en una modalidad históricamente dominada por Cádiz. La propuesta de este año apostó por el metacarnaval: trabajadores y trabajadoras de la fábrica del “veneno”, metáfora del Carnaval como droga, adicción y medicina para febrero. La idea, simpática y reconocible, se situó en un terreno ya explotado anteriormente, lo que condicionó su desarrollo dramático.

La presentación, a oscuras en su arranque, tardó en asentarse. La escena fue entrando con foco puntual sobre componentes mientras se delineaba la alegoría de la factoría creativa. El bloque planteó el tipo con claridad, pero sin impacto emocional ni musical. La orquesta arrancó fría y el coro cantó con prudencia, dejando ver un margen de mejora que iría corrigiéndose conforme avanzó el pase. En términos competitivos, la entrada fue correcta, aunque sin gancho.

El primer tango resultó uno de los tramos más efectivos del repertorio. La letra giró en torno al martes 13, las supersticiones y la mala suerte, contraponiendo la fecha “maldita” con la bendita fortuna de cantar en Cádiz. El texto conectó bien con el tipo y con la circunstancia real del día, lo que siempre suma. La música, alegre y sencilla, careció de pellizco pero acompañó con solvencia. Se apreciaron problemas en la falseta y un timbre orquestal mejorable, con afinación no del todo limpia. Con todo, el conjunto funcionó mejor que en 2025, síntoma de oficio creciente.

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El segundo tango elevó notablemente el interés del pase y situó el punto más sólido de la actuación. La letra reivindicó la presencia de intérpretes de lengua de signos en el Carnaval para personas sordas, otorgándole al coro un enfoque social bien tirado y coherente con la sensibilidad de la fiesta. La cuarteta en silencio, interpretada únicamente en lengua de signos, fue un recurso inteligente y respetuoso, con impacto real desde el escenario. La música volvió a quedar en un plano más plano y convencional, pero la intención del texto y la escena sostuvieron el bloque.

La tanda de cuplés bajó prestaciones. El primero ironizó sobre el fenómeno Ozempic y el adelgazamiento rápido, rematando sin efecto humorístico en la idea de que “lo que hay bajo el pellejo sigue igual”. El segundo jugó con el sueño de salir con Luis Rivero, uno de los nombres de referencia de la modalidad, pero el remate tampoco encontró risa. La falta de chispa humorística restó al desarrollo. El estribillo, por el contrario, resultó simpático y agradecido, funcionando como anclaje identitario del coro.

El popurrí, ya con elementos escénicos colocados en la corbata del teatro, fue el bloque más cómodo para el grupo. Hubo escena, hubo fiesta y hubo Cádiz, lo que siempre ayuda a amenizar en preliminares. La narrativa insistió en la idea del veneno, la creación, las musas y la medicina carnavalera que cura la tristeza y acompaña al aficionado. A falta de aportación novedosa en concepto o en giro musical, el cierre dejó la sensación de una factoría carnavalera amable y bien intencionada, aunque sin desarrollo dramático ni clímax musical.

En términos interpretativos, el coro mejoró respecto a 2025 en afinación y orden interno. La orquesta estuvo más fiable que en su anterior visita, con margen aún en precisión y timbre. El conjunto cantó con dignidad y cuidado, sin estridencias, aunque sin potencia competitiva. La puesta en escena funcionó bien dentro de sus objetivos: forillo claro, identidad visual coherente y lectura inmediata del tipo.

El balance deja al coro Dame veneno en el COAC 2026 en posición similar a la del pasado año, pero con un pequeño paso adelante en seguridad y afinación. El grupo mantiene dignidad, respeto por la modalidad y ganas de crecer, aunque sigue limitado por la ambición musical y un concepto demasiado transitable para abrir hueco en una modalidad que hoy exige más riesgo, más músculo y más personalidad.




















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