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La comparsa ‘Los del escondite’ regresa al Falla con afinación y sabor clásico

La comparsa Los del escondite en el COAC 2026 defendió un concepto nostálgico de “refugio carnavalero” con estilo propio, gusto musical y letras coherentes, elevando el nivel medio de la modalidad pero sin romper el techo competitivo

La comparsa ‘Los del escondite’, autoría y música de Javier González Vázquez y dirección de Rafael Gaviño, firmó su regreso al Gran Teatro Falla tras un año de ausencia. Procedente de Cádiz y heredera del proyecto que en 2024 fue ‘Los despertadores’, la agrupación regresó con una propuesta de corte clásico y espíritu ochentero, reivindicando un Carnaval sencillo, popular y libre de la sofisticación y el ego que, a juicio del repertorio, domina parte del concurso actual. El enfoque metacarnaval —el Carnaval mirándose a sí mismo— actuó como eje conceptual del pase.

La presentación situó al espectador en el “escondite carnavalero”, espacio simbólico al que el grupo acude para protegerse del ruido, del fanatismo, de los intereses organizativos y del narcisismo contemporáneo. Con formación en círculo, voces limpias y ausencia de artificio escénico, el bloque asentó la identidad estética del grupo: afinado, discreto, natural y sin estridencias. La declaración de amor al viejo Carnaval marcó desde el primer compás el tono del pase.

El primer pasodoble abordó la ausencia del año anterior y la necesidad de “refugiarse” para reencontrarse con la esencia. La música, en 4×4, sobria al inicio y dulce en el desarrollo, contó con un cambio de tonalidad en el trío y un cierre vivaracho con cierto aire chirigotero. La afinación fue notable y el timbre, reconocible. Destacaron el tenor y una segunda sólida que sostuvo el color del grupo. El texto, autorreferencial sin ser autocomplaciente, eligió la emoción sencilla antes que la metáfora o la complejidad literaria. El público agradeció con comentarios desde la sala.

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El segundo pasodoble elevó la carga crítica. La letra cuestionó abiertamente el papel de asociaciones, colectivos y “actores organizadores” del COAC, defendiendo que “el concurso no tiene dueño” y reclamando participación, apertura y transparencia. El enfoque fue directo y sin ambages, siguiendo la estructura clásica de primer pasodoble melódico y segundo pasodoble reivindicativo. Musicalmente mantuvo el mismo patrón: efectividad sin fuegos artificiales, cuidando la afinación por encima del impacto.

La tanda de cuplés no fue el punto más fuerte del pase, aunque sí dejó detalles simpáticos. El primero tiró sobre la moda de los “rincones del beso” que proliferan en ciudades turísticas, trasladando el chiste a Cortadura con un remate gamberro. El segundo jugó con declaraciones de Núñez Feijóo sobre los andaluces y el tráfico de drogas, sumando al clima de actualidad política que atraviesa el concurso. Sin golpes especialmente memorables, el estribillo retuvo la identidad del tipo y funcionó como enganche musical.

El popurrí desarrolló de manera más ambiciosa el concepto del escondite, denunciando la sofisticación del Carnaval contemporáneo mediante paralelismos con el mito de Narciso: la fiesta enamorada de sí misma, atrapada en su propio reflejo y alejada de la espontaneidad popular. El bloque expuso principios —ingenio por encima de dinero, disfraz improvisado antes que producción, aficionado antes que promotor— y cerró con un mensaje afectuoso al público cadista, apelando al reencuentro entre quienes “solo necesitan escuchar”. La idea fue coherente, bien llevada y cómoda para el grupo, aunque limitada por el sesgo metacarnaval que el propio concepto impone.

En el terreno estrictamente musical, ‘Los del escondite’ firmó uno de los pases más afinados de la noche. La comparsa sonó con gusto, equilibrio y naturalidad, con sello propio y sin artificio. La segunda voz aportó peso y el tenor sostuvo con limpieza, mientras que la percusión se integró sin excesos, respetando la estética clásica que reivindica la autoría. La ausencia de estridencia, lejos de las modas actuales de volumen y tensión constante, fue una decisión estética meditada y coherente con el discurso.

El balance global deja a la comparsa Los del escondite en el COAC 2026 como un regreso notable y con identidad. No apunta a grandes cotas competitivas mientras permanezca dentro del propio escondite conceptual, pero sí eleva el nivel medio de la modalidad y aporta una defensa honesta del Carnaval esencial. Regresa con afinación, criterio y sabor clásico, dejando regusto agradable y una posición sólida para pelear la fase de cuartos.




















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