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‘Yo con esto no puedo’ intenta construir humor desde el malaje pero termina desconectada del Falla

La chirigota Yo con esto no puedo en el COAC 2026 presentó una idea de mujeres criticando desde el balcón que no consiguió traducirse en humor ni en música competitiva, dejando un pase espeso y sin chispa en preliminares

La chirigota sevillana ‘Yo con esto no puedo’ actuó este lunes en el Gran Teatro Falla dentro de la fase preliminar del COAC 2026 con un tipo de mujeres “malajes” que todo lo cuestionan desde el balcón. La idea tenía atractivo inicial —la actitud como motor humorístico— pero el repertorio nunca logró transformar ese malestar en comicidad, quedando en una sucesión de quejas sin remate y sin complicidad con el público.

La presentación arrancó con música reconocible —la de ‘Los muñecos’— y con las componentes apostadas en la baranda del balcón, catalejo en mano, listas para criticar todo lo que pasase por delante. El planteamiento era claro: la protagonista “Chari” siempre tiene razón y nunca puede con nada. Sin embargo, el arranque no generó risa ni sorpresa y la definición del tipo tardó en completarse. Burgal lo resumió con precisión: “ni bonito ni gracioso”.

En lo musical, la chirigota se movió en un registro poco carnavalesco. Los pasodobles fueron excesivamente largos y de estructura más cercana a la canción de autor, con ritmo áspero y poca cadencia para el humor. La apuesta experimental podría haber sido una vía, pero el resultado terminó alejando al repertorio del código sonoro gaditano de la modalidad. También faltó calidez en la interpretación: las voces no se encontraron y la percusión no ayudó a aliviar la densidad.

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El primer pasodoble fue un homenaje irónico al Selu a través de sus tipos. Sobre el papel, la idea ofrecía un buen generador humorístico, pero la ejecución fue plana y sin giro. La ironía nunca despegó y el homenaje, además de poco literario, no llegó a provocar risa. El segundo pasodoble abordó el bullying y el suicidio de Sandra Peña desde una lectura que derivó hacia la disciplina familiar y el “si antes educábamos así”. El tema exigía delicadeza y profundidad que la letra no alcanzó. La comparación de códigos educativos, lejos de emocionar, generó incomodidad y no encontró ni pellizco ni vuelo literario.

El bloque de cuplés fue el punto más débil del pase. El primero jugó con la idea de Trump en Rota y el secuestro de la fragata ‘Petróleo’, pero el remate resultó pobre y sin desarrollo. El segundo, sobre el pregonero sevillano en Cádiz, llegó tibio y sin maldad carnavalera. Ninguno de los dos cumplió la función de levantar el repertorio ni de aportar ritmo. El estribillo tampoco ayudó: largo, sin pegada y más discursivo que musical.

El popurrí mantuvo la misma línea. La idea del “yo con esto no puedo” tenía posibilidad dramática —una mujer que lo cuestiona todo desde su balcón— pero no hubo construcción de gag, ni crescendo, ni factor sorpresa. El malaje, útil como actitud en comedia, se convirtió aquí en simple queja sin humor. El popurrí fue largo, denso y sin puntos reconocibles; tampoco apareció ese elemento de “maldad carnavalera” que tantas veces sirve de resorte en la chirigota.

La interpretación presentó un problema añadido: la protagonista parecía enfadada, pero el texto no acompañaba ese enfado con gracia. La distancia entre actitud y humor dejó al público fuera del juego. Aguilera lo sintetizó como propuesta “original en concepto, pero sin chispa”, mientras que Burgal fue más duro: “mala en humor, planteamiento y ejecución”.

En clave de concurso, la chirigota llegó muy lejos del nivel medio de la modalidad. En preliminares, el humor necesita como mínimo remate; si no, al menos frescura, y si tampoco eso, carisma. Aquí no apareció ninguno de los tres. El teatro escuchó con respeto, pero no rió: termómetro implacable en chirigota. El cierre quiso abrir un mínimo arco sentimental —“llévame contigo” cuando llega el carnaval— pero llegó tarde y sin efecto.

La chirigota Yo con esto no puedo en el COAC 2026 dejó la sensación de propuesta con intención pero sin oficio carnavalero. El malaje es un código que en Cádiz funciona solo si se acompaña de ironía y gracilidad; de lo contrario, se convierte en amargura escénica. La agrupación de Mairena del Aljarafe deberá redefinir rumbo si quiere consolidarse en un concurso que, en chirigota, exige humor, ritmo y compás.























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