La comparsa ‘El Manicomio’ abre su locura metacarnavalera y mantiene el nivel competitivo en el COAC 2026
La comparsa El Manicomio en el COAC 2026 desplegó potencia, letras duras y un concepto metacarnavalero que sin sorprender consolida una candidatura firme a cuartos
El cierre de la tercera función preliminar del COAC 2026 quedó en manos de la comparsa gaditana de Jonathan Pérez Ginel, que regresaba tras el segundo premio obtenido el pasado año con ‘El cementerio’. Su nueva propuesta, ‘El Manicomio’, desarrolla una premisa metacarnavalera: la locura por la copla y la obsesión febrerista como enfermedad incurable. El grupo, que celebra también los 25 años de trayectoria del autor, reforzó esa idea en escena con una estética ochentera, amarres, correas y una puesta en escena notablemente cuidada.
La presentación funcionó como declaración de intenciones. Si en 2025 el cementerio llevaba a la comparsa a la rumba, esta vez la elección fue el compás clásico de comparsa ochentera. El texto planteó a Cádiz como objeto eterno de obsesión, como condena y como tabla de salvación. La interpretación estuvo sustentada por la solidez de los graves y por el empaste del grupo, aunque con algunos agudos menos brillantes que en años anteriores. El conjunto presentó potencia, limpieza y ritmo, pero sin el factor sorpresa de los dos últimos años.
El primer pasodoble adoptó tono autobiográfico y fue uno de los puntos más celebrados del pase. Pérez Ginel trazó un recorrido por dos décadas de carrera, entre cajonazos, fracasos, éxitos, retiradas del público y la constatación de que el camino, la gente y la fidelidad a la ciudad valen más que cualquier primer premio. La letra, honesta y emocional, expresó una idea muy repetida en el circuito pero con una dosis de autenticidad que evitó el victimismo. El remate —“cualquier primero queda por debajo del amor a mi ciudad”— condensó el espíritu del texto y arrancó aplauso visible en sala. Para una preliminar, fue una letra de nivel alto.
El segundo pasodoble radicalizó el tono y escogió un enfoque duro contra el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, aprovechando su papel como Baltasar en la cabalgata de Sevilla para articular una carta de niña que denuncia sanidad, dependencia, educación y fuga de talento. El recurso fue eficaz, el desarrollo claro y el remate seco, sin adorno. En clave técnica, el pasodoble volvió a desplegar los rasgos del sello Ginel: construcción progresiva, juego de respiraciones, trabalingüística final y un empuje que exige interpretación precisa. El grupo defendió bien la pieza pese a la complejidad métrica.
La tanda de cuplés quedó en el terreno de lo simpático, un territorio difícil para comparsa. El primero, de autocuidado irónico, relató el viaje de novios del autor a Japón para derivar en un remate visual de “oso panda”, acogido con risa amable. El segundo, sobre el Bernabéu y el Mirandilla, funcionó mejor por cercanía y desembocó de nuevo en la constante del concurso: la Champions Burger. Ambos estuvieron apoyados por un estribillo en ritmo acelerado, difícil de vocalizar y muy trabajado en ensayo, que el grupo sostuvo con solvencia.
El popurrí exigió atención. La estructura combinó reflexiones sobre la creación artística, la dependencia emocional del Carnaval y la tensión permanente entre vida laboral, familiar y febrerista. Las alusiones a la “locura del autor” se mezclaron con nombres propios de la historia reciente del género (Martín, Piquet, Remolino, Carapapa, Nandi, Miguel, Leduc) en un guiño al oficio y a las heridas internas del circuito. El bloque central viró hacia la crítica social con mayor temperatura: dictadura, fascismo, guerra, vivienda y precariedad. La parte final recuperó Cádiz como objeto amado y ciudad que “se vende a sí misma” entre desalojos, especulación y reconfiguración del casco histórico. La pieza creció en sus dos últimas cuartetas, donde el lirismo y la potencia se alinearon.
La lectura competitiva fue clara: Pérez Ginel mantiene ambición literaria, pulso autoral y un grupo que responde. El concepto no ha sorprendido como en 2024 y 2025, y el terreno metacarnavalero está saturado, pero el repertorio sostiene su nivel por la vía de las letras y por la solvencia interpretativa. La crítica especializada dividió matices: para unos, buena actuación por letras y empaque; para otros, algo plana en concepto y sin el brillo del cementerio. El recorrido en concurso dependerá de si el grupo gana vuelo en siguientes fases.
Con todo, la candidatura parece sólida. Tiene repertorio, tiene interpretación y tiene autor capaz de crecer en el concurso. Salvo giro inesperado, su presencia en cuartos es firme y sus opciones posteriores dependen del ajuste escénico y del remate musical.
























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