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‘Los trapos sucios’ exponen una comparsa crítica y abstracta desde Algeciras en el COAC 2026

La comparsa algecireña apostó por un concepto simbólico centrado en “lavar” los males del mundo, con un repertorio serio y un popurrí que se diluyó en la abstracción

La comparsa ‘Los trapos sucios’, procedente de Algeciras y encabezada por José María Durán Monroy, regresó al Falla con una propuesta alegórica que convertía al grupo en especie de espíritus encargados de limpiar las manchas morales del mundo. El tipo, construido sobre lavaderos, tendederos y telas manchadas, definía desde la presentación la metáfora central del repertorio: la humanidad ensucia y alguien debe purgar.

La presentación explicó la tesis con claridad: el protagonista ha firmado un pacto con los dioses para lavar los trapos sucios que los hombres van generando y así evitar el infierno. La letra trazó un relato en tiempo amplio —“desde el principio de los tiempos”— y en un tono severo, donde la suciedad era sinónimo de culpa, violencia y corrupción. Escenográficamente, el lavadero y los gorros-tendederos reforzaron el discurso, aunque el marco conceptual resultó demasiado abstracto para una primera toma de contacto.

El primer pasodoble abordó el cribado del cáncer de mama, tema recurrente en el concurso. La letra mezcló piropo territorial andaluz, reivindicación sanitaria y denuncia social, con un remate que equiparó el daño sanitario al daño contra Andalucía como sujeto colectivo. La transición entre los bloques temáticos fue abrupta y la música, seria y lineal, no ayudó a enlazar los elementos. La intención crítica era evidente, pero la ejecución quedó irregular.

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El segundo pasodoble trasladó al escenario la memoria del atentado de ETA en el que murieron Antonio Ramírez, guardia civil natural de Tarifa, y su novia Hortensia González. La letra reconstruyó la escena y buscó una emotividad silenciosa apoyada en la mención del miedo y del abandono. Fue una pieza valiente en lo temático, aunque situada en un contexto ya muy distante del presente del concurso. La música volvió a ser correcta y sobria, con predominio de la gravedad sobre la progresión.

Los cuplés fueron el tramo más débil del repertorio. La comparsa recurrió a la Casa Real para fijar el humor: sobresueldos, corrupción, pagos, comisiones, rey emérito y la frase “es que da coraje lo que se está perdiendo mi padre”. Los remates fueron planos y la propuesta humorística se quedó en el chiste de barra sin giro ni picada. La idea de “lavar trapos sucios” de instituciones podía haber ofrecido un espacio fértil para la sátira, pero el grupo no explotó ese registro y el segmento quedó sin vuelo.

El popurrí desarrolló el concepto en su máxima amplitud. La comparsa recorrió desde la suciedad moral contemporánea hasta los símbolos nacionales. Las banderas de España, Reino Unido y Estados Unidos aparecieron teatralmente como telas que debían ser lavadas. La letra insistió en la imposibilidad de limpiar ciertos crímenes —“hay marchas que no se limpian”— y en la idea de que hay trapos sucios que algunos llaman bandera. En el tramo final emergió una reflexión sobre el blanco como color de la memoria íntima: la leche materna, el vestido de novia, la espuma del mar y la cuna del recién nacido. Fue un intento poético de contrapesar la oscuridad, aunque la sucesión de imágenes no logró cohesionar plenamente la tesis inicial.

El mayor problema del pase fue conceptual. La alegoría del “lavado” exigía un anclaje dramático que permitiera narrar la purga de la suciedad social. Sin embargo, el discurso se atomizó entre metáforas, símbolos y escenas desconectadas. La abstracción funcionó en la presentación y parte del popurrí, pero no soportó el peso del repertorio completo. El grupo, vocalmente competente y con oficio, quedó por encima del tipo que debía vehicular.

En clave competitiva, la comparsa deja una impresión irregular. La intención crítica es incuestionable y el grupo muestra empaque, pero la abstracción impide que la propuesta aterrice y el repertorio no encuentra el equilibrio entre poesía y claridad. Si la línea se mantiene, la obra parece concebida para cumplir preliminar sin aspirar a fases profundas del concurso.

















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