‘¡A quién le importa!’ apuesta por Alaska y Mario Vaquerizo sin lograr risa competitiva en el COAC 2026
La chirigota de Algeciras firmó un pase vistoso y reivindicativo, pero con cuplés y popurrí insuficientes para pelear pase en una edición con fuerte competencia en humor
La chirigota ‘¡A quién le importa!’, procedente de Algeciras y con autoría de Álvaro Castro, José Rafael Castro y Agustín González, regresó al Teatro Falla con un tipo basado en Alaska y Mario Vaquerizo, recreando el universo pop, queer y ochentero que acompaña a la pareja desde hace décadas. La idea fue reconocible desde la presentación, con vestuario, maquillaje y referencias directas a Dinarama, Olvido Gara y ‘El rey del glam’, entre otros guiños, aunque el tipo quedó más en caracterización que en construcción humorística.
La presentación, que arrancó con juego escénico a dos tiempos y la entrada posterior del personaje de Vaquerizo, marcó el registro general de la propuesta: más efectista que cómica, con humor grueso y escaso remate. El público respondió con cordialidad, pero sin señal de candidatura a risa fuerte, algo que condiciona de partida las opciones competitivas en chirigota.
En la tanda de pasodobles se concentró el tramo más elaborado del repertorio. El primero defendió la diversidad sexual, la estética disidente y la libertad de expresión frente a los prejuicios sociales y la homofobia. La letra conectó con el imaginario que Alaska y Vaquerizo han proyectado en la cultura pop española desde los años ochenta, aunque la ejecución abusó de términos explícitos y remates duros que restaron sutileza al alegato. En cualquier caso, la intención reivindicativa quedó clara y diferenciada.
El segundo pasodoble tomó la canción ‘Ni tú ni nadie’ como arranque y derivó hacia la crítica política. El desarrollo enlazó errores institucionales y responsabilidad pública con un remate dedicado a la sanidad y, en concreto, a los cribados de cáncer de mama, una de las temáticas más presentes en esta edición del concurso. La letra apuntó a la clase política y a la gestión sanitaria sin señalar nombres propios, a diferencia de otras agrupaciones que han situado la crítica en la Junta de Andalucía y su presidente. En términos narrativos, la letra resultó sólida y más eficaz que la primera.
Los cuplés fueron, con diferencia, la zona más débil del pase. El primero giró en torno a Carmen Lomana y se resolvió con remate explícito de carácter genital, previsiblemente bien recibido en grada pero poco competitivo en formato de concurso. El segundo narró una caída en plena procesión con doble remate en Semana Santa y un humor más físico que textual. El estribillo, muy breve y de formato callejero, reforzó la estética pop y el guiño al título, aunque sin aportar capa adicional de comicidad.
El popurrí confirmó la dificultad del tipo para sostener humor de manera prolongada. La pieza encadenó escenas costumbristas, convivencia de pareja, vida nocturna, peluquería, tráfico y controles policiales, pero sin hilo narrativo interno ni escalada humorística. Hubo intención reivindicativa en el tramo final, apelando a quienes no encajan en la norma social, cerrando con mensaje de libertad estética y sexual. Sin embargo, la ausencia de golpes memorables y la falta de sorpresa redujeron el impacto en el Falla.
La recepción del público fue correcta, con aplausos sostenidos, aunque sin los indicadores habituales de chirigota competitiva —risa continuada, ovación espontánea o murmullo de pase—. La lectura crítica coincide en ubicar al grupo en la franja media de la modalidad: vistosa, simpática y reconocible, pero sin carcajada ni riesgo textual.
En contexto de concurso, la chirigota se enfrenta a una edición con fuerte presión en la zona media. La competencia llega desde modelos muy distintos: el surrealismo de ‘En teoría’, el costumbrismo afinado de ‘Cadisapiens’, la irreverencia de ‘Seguimos cayendo mal’ o el ingenio político de ‘La purga’. Frente a ellos, ‘¡A quién le importa!’ queda como propuesta efectista sin el arma principal de la modalidad: la risa.
El pase a cuartos se mantiene abierto por número, pero sin ruido real de candidatura. Para incrementar opciones, el grupo necesitaría elevar el nivel de cuplés y dotar de arquitectura cómica al popurrí, algo que esta función preliminar no mostró.



























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