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La chirigota infantil ‘El tío de la tiza se actualiza’ presenta robots docentes desde Sanlúcar en el COAC 2026

La chirigota infantil de Sanlúcar de Barrameda debutó en el Falla con un tipo futurista de robots maestros que enseñan “desde el corazón” y reflexionan sobre tecnología y convivencia en la cantera del COAC 2026.

La chirigota infantil ‘El tío de la tiza se actualiza’, procedente de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), actuó en la segunda semifinal del COAC 2026 en la modalidad de cantera con un tipo futurista que trasladó al escenario una escuela del siglo XXIII atendida por robots educadores. La agrupación presenta letra de Manuel Ángel Montaño Pérez, música y dirección de David Amaya Jiménez y representación legal de Rocío Hermoso Romo, y compareció por primera vez en el concurso tras no participar en 2025.

La actuación comenzó con una proyección audiovisual que mostraba a niños estudiando en una galaxia distante, recurso que funcionó como prólogo visual para el tipo posterior. Cuando se abrió el telón, apareció una chirigota numerosa que se fue relevando a lo largo del repertorio. Los niños encarnaban máquinas docentes programadas para enseñar asignaturas carnavalescas: repertorio, coplas, historia del concurso y cultura popular. Se definían como “profesores del carnaval” fabricados mediante inteligencia artificial, que recargan su batería con adobo, guiño humorístico a la gastronomía sanluqueña.

La presentación combinó humor futurista y carnaval histórico, recordando el mito del Tío de la Tiza desde un escenario temporal que sitúa la acción en los años 2123–2220. El texto definió el eje conceptual: tecnología al servicio de la enseñanza, pero con afecto y humanidad. “Enseñamos desde el corazón”, aseguraron, subrayando una distinción entre robot y máquina sensible, lo que permitió construir un relato sin frialdad mecánica. La dirección cuidó la entrada de voces y el reparto escénico, algo relevante dada la cantidad de componentes que rotaban desde la trasera del escenario.

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El primer pasodoble desarrolló el tipo y explicó el origen de los robots, su programación docente y la razón de su viaje temporal. La letra mantuvo un ritmo narrativo claro y sin tecnicismos excesivos, lo que facilitó la comprensión para el público infantil y familiar. La música apoyó el discurso con cadencia reconocible y un estribillo luminoso que favoreció la emisión coral. El teatro respondió con aplauso cálido.

El segundo pasodoble dio un giro social al repertorio y describió el futuro del que proceden: un lugar donde las personas apenas se relacionan, donde la violencia aumenta y donde las máquinas sustituyen el contacto humano. La letra planteó que, si no se cuida el presente, ese será el futuro que nos encontremos. El texto se situó en registro reflexivo pero accesible, sin dramatismos ni moralinas rígidas. El mensaje se sostuvo sobre una llamada a la convivencia y al cuidado mutuo, y fue recibido con atención por el público.

La tanda de cuplés optó por un humor cotidiano y reconocible. En el primero se jugó con la coexistencia entre humanos y robots y con la idea de que “medio robot también tiene corazón”. En el segundo se caricaturizó a una amiga que acude al psiquiatra para descubrir que el asistente es Siri, lo que permite a la chirigota conectar salud mental y tecnología desde un registro ingenuo y sin juicios. El tercero parodió las modas alimentarias actuales, contraponiendo los bowls de avena, chía y huevo ecológico con la merienda tradicional —nocilla, tortilla de papa—, exagerando la situación con una gallina que aparece en escena. La risa surgió del contraste generacional y gastronómico, sin necesidad de referencias adultas.

El popurrí consolidó la narrativa del futuro educativo, incorporando transiciones mecánicas, pequeños bailes robotizados y cambios de ritmo. La agrupación mantuvo dicción y afinación adecuadas para la edad, con entradas coordinadas y un volumen estable pese a la rotación de componentes. La dirección gestionó con solvencia la movilidad y evitó saturación en el frontal, problema habitual en chirigotas infantiles numerosas.

En lectura pedagógica, la actuación mostró valores identificables de la cantera: aprendizaje, convivencia, escucha y afecto por el carnaval como vehículo cultural. La tecnología, presentada como amenaza y herramienta, no ocupó un lugar apocalíptico, sino un plano de reflexión infantil sobre el presente. El público acompañó con atención y la sesión se cerró sin tensión competitiva, en un clima festivo.

Con este estreno, ‘El tío de la tiza se actualiza’ incorporó a Sanlúcar de Barrameda al mapa de la cantera del COAC 2026, aportando una chirigota de humor futurista y mensaje social que conecta escuela, tecnología y carnaval, demostrando nuevamente que la modalidad infantil funciona como espacio formativo y cultural para nuevas generaciones.



















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