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‘Tu cara me suena’ vuelve al Falla desde La Línea con un tipo de sparring y humor blanco en el COAC 2026

La chirigota linense regresó al Concurso con un personaje de boxeo y un repertorio amable, de corte costumbrista y sin desarrollo competitivo en el Gran Teatro Falla

La chirigota ‘Tu cara me suena’, procedente de La Línea de la Concepción y con letra de Jesús David Victoria Rodríguez y José Antonio Viegas Ruiz, música de Jesús David Victoria Rodríguez y dirección de Iban Morilla Aguilera, compareció en las preliminares del COAC 2026 con un tipo centrado en el universo del boxeo y la figura del sparring: personajes destinados a recibir golpes sin aspiración a la gloria deportiva. La propuesta supuso el regreso de la agrupación al Gran Teatro Falla tras varios años de ausencia, en un pase orientado más a la experiencia carnavalera que a la disputa competitiva.

La presentación definió la estética y el punto de partida del repertorio. El escenario mostró a los intérpretes como sparrings con protecciones, estrellas en la cabeza y tiritas, en una iconografía cercana al humor televisivo y a la caricatura de gimnasio. El planteamiento dejó claro el rol: “somos los que cobran para que gane otro”. La idea tenía potencial metafórico —el sparring como figura útil para leer desigualdades sociales, políticas o incluso carnavalescas—, pero la agrupación optó por una traducción literal del personaje sin desarrollo dramático ni continuidad humorística. El resultado fue amable, accesible y simpático, aunque carente de conflicto, elemento que en chirigota suele marcar la diferencia a partir de preliminares.

El primer pasodoble introdujo contenido político desde el símil del golpe. La letra comparó los puñetazos del ring con las “derechas” ideológicas y denunció la privatización de servicios públicos, señalando a inmigrantes y sectores desfavorecidos como chivos expiatorios. La música mantuvo un trazo clásico, sin ruptura tonal ni giro de compás. El público escuchó con atención, aunque el cierre no generó impacto. Fue una pieza funcional dentro del repertorio, pero sin vuelo competitivo ni lectura humorística que lo integrara en el tipo.

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El segundo pasodoble se desplazó hacia un registro más sentimental, centrado en la inseguridad masculina a la hora de seducir: si conviene ser educado, mal hablado, elegante o natural. La agrupación utilizó el ligue como metáfora de la relación con el jurado y el público, con un remate que cerró en clave poética: “la calle lo sana todo, hasta las heridas de este sparring”. El teatro respondió con aplauso moderado. La letra aportó sensibilidad y oficio, aunque de nuevo sin generar risa ni señal distintiva dentro de la modalidad.

Los cuplés apostaron por el humor blanco y el costumbrismo. El primero parodió a la familia Rivera y el fenómeno Cayetano, con referencias al comportamiento mediático y deportivo. El segundo recurrió al poliamor como solución económica para pagar el alquiler, cerrando con un remate doméstico. Ambos fueron recibidos con simpatía, aunque sin provocar carcajada sostenida ni incorporar un código humorístico que volviera después en el popurrí, un recurso habitual en las chirigotas más competitivas del certamen.

El popurrí desarrolló pequeñas escenas costumbristas con personajes secundarios como el cuñado identitario, el gimnasio, la política de barra de bar o los problemas de vivienda en Tarifa. Hubo interludios musicales y caricaturas reconocibles, pero la estructura avanzó por catálogo y no por progresión interna, lo que redujo la capacidad narrativa del cierre. El humor funcionó mejor en la teatralidad que en la palabra y el pase terminó con celebración y complicidad dentro del propio grupo, que vivió su regreso al concurso como fiesta.

En clave competitiva, ‘Tu cara me suena’ dejó un pase correcto y simpático, con buen ambiente interno y un público respetuoso. El repertorio no construyó tesis ni identidad humorística diferenciada, elementos que marcan la parte media y alta de la modalidad en 2026. Con ello, la propuesta se sitúa en el ámbito de la “chirigota de experiencia” más que en el de la “chirigota de concurso”. Es previsible que el grupo funcione mejor en la calle y en su entorno natural, donde la lógica del sparring puede generar empatía y fiesta. Las opciones de pasar corte son muy reducidas.




















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