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‘Los trapos’ crecen desde El Bosque con un tipo sensible y un pasodoble de carga social en su pase al COAC 2026

La comparsa serrana presentó un universo de muñecos de trapo para hablar de heridas y cicatrices, con una música más cuidada que en 2025 y un segundo pasodoble sobre bullying que aportó riesgo en el Gran Teatro Falla

La comparsa ‘Los trapos’, procedente de El Bosque (Cádiz), defendió su pase de preliminares en el COAC 2026 con un tipo centrado en la figura del muñeco de trapo como metáfora de las heridas emocionales y sociales. La agrupación, con letra de Manuel Barragán Gallardo, música y dirección de Horacio Calvillo Melgar y representación legal de Antonio Domínguez Durán, llegó al Gran Teatro Falla tras su participación en 2025 con ‘Albarracín, la aldea escondida’, mostrando una evolución perceptible en diseño musical y cohesión interpretativa.

La presentación permitió entender desde el primer tramo el dispositivo alegórico del repertorio. Los intérpretes aparecieron cosidos, remendados y “rotos” en escena, invocando un lenguaje de costuras, hilos y descosidos que funcionó como sintaxis emocional del tipo. El texto incorporó verbos y acciones relacionados con la reparación —“coserse”, “remendarse”, “zurcir”— que dotaron de coherencia a la metáfora. La escena transmitió sensibilidad sin caer en exceso dramático y permitió al público localizar la tesis sin necesidad de explicaciones adicionales.

La música supuso uno de los avances más apreciables del proyecto. La comparsa apostó por una melodía accesible, de cadencia amable y estructura más compleja que en 2025. La afinación fue sostenida, la respiración estuvo bien gestionada y el final de pasodobles resolvió con elegancia, sin estridencias ni alargamientos injustificados. Se trata de un salto importante para una comparsa serrana, ya que el juicio musical del Falla ha sido históricamente más severo con agrupaciones foráneas cuando su sonido no resultaba natural en el teatro. En esta ocasión, la agrupación sonó integrada.

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El primer pasodoble correspondió al registro ritual característico de agrupaciones no capitalinas: el piropo a Cádiz. La letra expresó la emoción de cantar en el Falla y estableció la carta de pertenencia carnavalera. El público acompañó con aplauso cordial. No fue una pieza destinada a marcar la identidad del pase, pero cumplió la función simbólica que muchos grupos consideran necesaria en la primera visita al escenario.

El segundo pasodoble se convirtió en el tramo más interesante del repertorio. La letra abordó el bullying desde la perspectiva del menor y relacionó el daño emocional con el propio tipo —muñeco triste, roto, descosido—, generando una integración poco habitual entre tema y metáfora. La pieza introdujo la cuestión del suicidio adolescente y la responsabilidad de los adultos, sin recurso moralizante y con un cierre que invitó a “dar la mano” al niño aislado. El teatro escuchó en silencio y respondió con aplauso sostenido, reflejo de un discurso social que en esta edición del concurso ha aparecido en varias agrupaciones, aunque no siempre con la misma audacia en el tratamiento.

Los cuplés funcionaron en clave más ligera. El primero recurrió a referencias juveniles y culturales y el segundo apostó por una humorada culinaria con remate costumbrista. Ambos fueron recibidos con simpatía y sin resistencia, suficiente para mantener ritmo de repertorio. El estribillo se integró con naturalidad en la estética sensorial del tipo, sin ruptura tonal ni cambio brusco.

El popurrí constituyó el tramo más irregular del pase. Tras un inicio prometedor, la canción fue perdiendo rumbo y recurrió a materiales temáticos conocidos —afecto, identidad, precariedad, vida adulta— sin desarrollo del tipo. La metáfora del trapo, dominante en presentación y pasodobles, quedó diluida en favor de escenas genéricas, lo que redujo la potencia dramática del cierre. Aun así, el grupo mantuvo afinación y línea musical hasta el final, lo que favoreció una recepción cálida del público.

En clave competitiva, ‘Los trapos’ dejó un pase digno y en crecimiento. La comparsa ha pasado de ser agrupación de presencia testimonial a una propuesta con opciones plausibles de disputar el corte de cuartos si la modalidad no endurece en exceso la selección. No es candidata a fases superiores, pero el salto respecto a 2025 es nítido: mejor música, mejor coherencia y mayor valentía temática. La Sierra no desentonó en el Falla.




















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