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El cuarteto ‘Colegio privado, mixto y del barrio de arriba’ debuta con sátira social sobre clase, religión e igualdad

Un estreno de Alcalá de Guadaíra que construye una parodia escolar en torno a privilegios, bilingüismo en latín, patriarcado y rebeliones estudiantiles.

El escenario del Gran Teatro Falla acogió al cuarteto ‘Colegio privado, mixto y del barrio de arriba’, procedente de Alcalá de Guadaíra (Sevilla), con letra de Álvaro Doblas Mancera, música de Álvaro Sancho Rodríguez, dirección de Paula Toledo Jiménez y representación legal de Iván Blanco Gómez. El grupo, que no participó en 2025, se estrenó en el COAC infantil 2026 con una propuesta centrada en una institución privada anclada en valores tradicionales.

La presentación funcionó como monólogo institucional a cargo del propio colegio, definido como “católico, apostólico y romano” y, según sus responsables, “bilingüe” porque el alumnado “habla latín”. El relato ironizó sobre el elitismo del centro, sus códigos de clase y un patriarcado caricaturizado que aparece incluso en la fórmula de identificación: “será el hijo de Don Francisco” y no al revés. La frase “abrimos nuestras puertas a nuestras hijas” remató la crítica, asociando la igualdad a la amenaza de perder subvenciones.

La escena se completó con la entrada de los tres personajes centrales: el alumno acomodado, defensor del orden del colegio; la alumna rebelde, que se reivindica contra el modelo; y la alumna procedente de un barrio con menos recursos, que cuestiona la lógica del centro desde fuera. La dinámica permitió explorar el eje clase–ideología–privilegio desde una estética de parodia escolar fácilmente reconocible para el público.

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Desde los primeros diálogos, el cuarteto dejó claro su tipo humorístico: sátira social apoyada en equívocos semánticos, referencias culturales y guiños contemporáneos. La escena en torno al término “clasista” —“clasista no, clasistísima” y “que tiene muchas clases, lista”— ejemplificó el registro elegido: mezcla de ingenuidad infantil con ironía adulta.

El texto también desplegó momentos en torno a la meritocracia y el acceso a oportunidades: la aprobación dependiente de la cesta de Navidad y el viaje de fin de curso sometido a debate entre redistribución proporcional (modelo de izquierdas) y reparto lineal (modelo de derechas). La discusión funcionó como parodia de debates políticos trasladados al aula, sin caer en solemnidad.

Los componentes introdujeron temas habitualmente asociados al Carnaval adulto, como monarquía, papado o religión, pero reformulados desde la lógica escolar. La aspiración a “ser rey” sin más cualificación que “poner la mano así” y la aparición del personaje “la papa” jugaron con símbolos reconocibles, permitiendo la crítica sin agresividad. El libreto evitó referencias explícitas a cargos políticos concretos, optando por arquetipos.

La parte central incluyó un tramo sobre cultura digital, influencer y consumo cultural, donde la alumna rebelde afirmaba querer “vivir sin seguidores” antes de rematar con un “dale like y no olvides suscribirte”, combinando contradicción y parodia de la performatividad juvenil. La referencia al “Shegueva revolution” introdujo humor político sobre identidades adolescentes y estéticas revolucionarias.

La tanda de cuplés utilizó el formato ligero clásico. El primero giró en torno al estado gaseoso, relatado por un padre en clave escatológica; el segundo se apoyó en tópicos sobre cantar y bailar en feria, resuelto con el estribillo que insiste en que “el compás lo traigo de casa”. El estribillo, además, incorporó guiños a plataformas digitales y consumo cultural, elemento presente en varias agrupaciones infantiles de este año.

La fase final derivó hacia una estructura de preguntas y respuestas tipo concurso, con referencias al formato televisivo y a logros académicos exagerados, antes de culminar en un bloque coral donde el inglés se presentó como asignatura difícil: “difícil, difícil, difícil el ingui”. El texto cerró la escena incorporando al alumnado público, remarcando la diversidad dentro y fuera del colegio.

El cierre fue el momento más serio del pase. El cuarteto justificó la existencia del Carnaval como espacio para decir lo que no cabe en otros foros: “la fiesta donde cantan los rebeldes”, “una excusa para vernos y abrazarnos” y “la voz del pueblo que al pueblo le canta”. La pieza reivindicó el Carnaval como acto cultural y social andaluz, sin dramatismo, pero con intención política reconocible.

En términos escénicos, el cuarteto sostuvo ritmo, vocalización entendible y control de tiempos, evitando vacíos escénicos. El público respondió con atención y constantes risas en los juegos semánticos, además de aplausos en el cierre reivindicativo. Para ser debutantes en el COAC infantil, la propuesta mostró estructura, discurso y conciencia temática, características poco habituales en estrenos.





















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