‘Los manitas la garita’ revalorizan al portero de finca y reivindican el trato humano en el COAC 2026
La chirigota de San Fernando presentó un tipo inspirado en el portero clásico de escalera y centró su discurso en los vínculos vecinales, el humor cotidiano y la utilidad social del oficio.
La chirigota infantil ‘Los manitas la garita’, procedente de San Fernando, compareció en el COAC 2026 con una propuesta de porteros de edificio que evocó visualmente al arquetipo televisivo del portero de escalera y trasladó ese imaginario al registro carnavalesco. La agrupación actuó bajo la representación legal de María Bocanegra Sánchez y mantuvo autoría compartida entre Manuel Jesús Sánchez Rodríguez y la propia Bocanegra, un tándem que combinó experiencia previa de adulto —en el caso de Sánchez— con adaptación dramática al universo infantil.
El decorado introdujo al espectador en el edificio: llaves, escobas, útiles de conserjería y una coreografía constante de desplazamientos que reforzó la idea de oficio continuo. Los niños se presentaron como porteros “no automáticos” sino “supersónicos”, fórmula que sirvió para actualizar el arcaico portero de inmueble hacia un gestor integral de incidencias domésticas.
La presentación cumplió doble función: definir rol y anunciar campo semántico. La letra se articuló en torno al portero que abre, cierra, gestiona, auxilia y escucha a los vecinos, con el añadido humorístico del “para mudanzas no nos llamen”, límite que servirá de running gag a lo largo del repertorio. El grupo también deslizó una comparación con la inteligencia artificial, empleada para afirmar que la relación humana del portero —conocer a los vecinos, mediar conflictos, sostener rutinas— no puede ser sustituida por sistemas automáticos. El mensaje se insertó sin solemnidad y desde el humor, apelando al reconocimiento social del oficio más que a la crítica tecnológica.
El primer pasodoble funcionó como paso de presentación, concentrado en el tipo, el oficio y el vínculo con la comunidad de vecinos. La letra enumeró las tareas del portero, su capacidad para resolver asuntos cotidianos y su papel como figura que vertebra la vida del edificio. La intervención evitó la parodia laboral y mantuvo un respeto constante por el oficio, incluida la frase “esto no te lo hace una máquina”, que reforzó el carácter de oficio humano y presencial.
El segundo pasodoble giró hacia el campo de los lazos afectivos del carnaval. La chirigota estableció la distinción entre familia biológica y familia elegida, señalando que en el carnaval infantil los vínculos entre padres, vecinos y compañeros acaban generando una red afectiva que opera como clan funcional. La letra subrayó que “hay tíos que se preocupan menos que un amigo del padre”, frase que apuntaló la tesis sin dramatizarla. La reacción del grupo mostró espontaneidad y cierta comicidad meta cuando una de las comentaristas en la retransmisión reconoció haberse enredado explicando relaciones de parentesco, prueba de que la letra operó como detonante social.
Tras los pasodobles llegó la tanda de cuplés, en este caso tres. El primero introdujo un inventario de vecinos y sus manías, explotando el conocimiento privilegiado del portero sobre el edificio. El segundo trató las expresiones gaditanas, sacando punta a la polémica gastronómica sobre el término “ensaladilla rusa”, que el grupo dijo no compartir. El tercero abordó el encarecimiento generalizado de la vida, alineado con la corriente de letras económicas presentes en la cantera 2026, aunque sin tono político ni análisis macroeconómico; el enfoque fue doméstico y funcional.
El estribillo incorporó uno de los recursos más eficaces de la actuación: el cambio del final según tarea. Cada remate especificaba aquello que el portero hace —o se niega a hacer— en clave de humor: recogida de papelillos, mudanzas y cuidado del perro, todas tareas comunes en un edificio pero que los porteros delimitan con ironía. La fórmula produjo variedad sin romper el molde del cuplé.
En cuanto a ejecución, la chirigota mostró orden escénico, vestuario coherente con el tipo, atención en los detalles (las llaves, la escoba, la mopa, el carrito del bombo) y un tempo tranquilo, lejos de la precipitación. El bombo desplazado en carrito marcó uno de los momentos más celebrados, tanto por resolución práctica como por potencia visual.
La despedida consistió en una barrida literal de papelillos mientras bajaba el telón, integrando la coreografía con la semántica del tipo: quien abre, barre y recoge antes de cerrar. La imagen de cierre reforzó el tono artesanal de la propuesta y devolvió al público una postal nítida del oficio.
Desde el punto de vista de adecuación, el repertorio no sexualizó situaciones, no incorporó referencias partidistas, no apeló a la violencia ni realizó burla hacia colectivos protegidos. Los mensajes sobre inteligencia artificial, precariedad económica y vínculos afectivos se trataron en clave doméstica y apta para público infantil.
‘Los manitas la garita’ exhibió un enfoque costumbrista, basado en la observación social, la vis cómica y la ternura del oficio, aportando al COAC infantil una mirada que, sin renunciar al humor, sostuvo un respeto genuino por la figura del portero y por la comunidad que habita el edificio.





















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