El coro ‘La ciudad perfecta’ defiende en cuartos del COAC 2026 una utopía bien cantada pero de discurso amable
El coro de Chiclana presenta en los cuartos del COAC 2026 una propuesta narrativa clara y muy bien interpretada en el Gran Teatro Falla, que destaca por su afinación y coherencia escénica, aunque sin el filo crítico necesario para aspirar a más
El coro chiclanero ‘La ciudad perfecta’ regresó al Gran Teatro Falla para afrontar la fase de cuartos de final del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC) 2026 con la solvencia de un grupo ya asentado en esta estación del certamen. La agrupación, dirigida por Jesús Rivera Moreno, con letra de Álvaro García Gómez y música del propio Rivera, volvió a demostrar que su principal fortaleza reside en la interpretación y el trabajo coral, sosteniendo una propuesta reconocible y bien construida que, sin embargo, se mueve en un terreno discursivo cómodo.
El tipo presenta a los habitantes de una ciudad utópica, un lugar ideal sin gobernantes, sin fronteras y sin desigualdades, donde la cultura, la educación pública y la convivencia son los pilares fundamentales. Desde la presentación, la idea queda expuesta con claridad mediante una fiesta inaugural simbólica que da la bienvenida al espectador. La escenografía refuerza el mensaje, sustituyendo iconos del mundo real —bancos, escuelas privadas o instituciones de poder— por bibliotecas, conservatorios y espacios públicos, en un juego visual que facilita la comprensión del concepto desde el primer momento.
La presentación funciona como arranque narrativo y cumple su cometido con eficacia. El planteamiento es limpio, ordenado y fácilmente reconocible, permitiendo que el público se sitúe rápidamente en el universo que propone el coro. No hay sorpresa ni riesgo excesivo, pero sí una coherencia interna que aporta estabilidad al repertorio y que evidencia un trabajo escénico bien medido.
En la tanda de tangos, ‘La ciudad perfecta’ ofrece dos letras que reflejan tanto las virtudes como las limitaciones de la propuesta. El primero se centra en la figura del aficionado “de verdad”, aquel que se queda fuera del teatro sin entrada mientras algunas butacas permanecen vacías tras la actuación de determinadas agrupaciones. La letra conecta con una problemática reconocible del concurso y busca la complicidad del público, aunque su planteamiento resulta discutible y se percibe orientado al aplauso fácil, sin profundizar en las causas reales del fenómeno.
El segundo tango aborda la vocación profesional como motor de felicidad y dignidad, elogiando a oficios como médicos, maestros u obreros que trabajan desde el compromiso y no desde el interés. El giro final deriva hacia una crítica a la clase política, señalada como carente de esa vocación de servicio. La copla está bien construida y se canta con emoción, pero su resolución peca de simplificación, optando por una denuncia genérica que no termina de dejar huella más allá del mensaje evidente.
Musicalmente, los tangos se benefician de una melodía agradable y de una interpretación muy cuidada. El empaste del grupo es uno de los grandes valores del coro, con una afinación firme y un timbre reconocible que se aleja de los cánones más clásicos sin perder identidad dentro de la modalidad.
Los cuplés se sitúan en un plano discreto. El primero juega con los sensores de luz en los baños y la idea del tiempo como bien preciado, mientras que el segundo alude a los temporales de lluvia y recupera guiños a cuplés clásicos. Funcionan como transición dentro del repertorio, sin errores graves pero también sin momentos especialmente destacados que impulsen el pase.
El popurrí desarrolla el núcleo del relato: cómo esa ciudad perfecta acaba deteriorándose cuando irrumpe el poder, el dinero y la ambición política. El discurso evoluciona desde la armonía inicial hacia la pérdida de libertades, la desigualdad, el miedo y la confrontación social. El desarrollo es colorista y muy bien interpretado, con una estética cercana a un cuento moral, pero carece de tensión dramática real. El mensaje se expone con claridad, aunque de forma almibarada, sin giros que incomoden o sorprendan al espectador.
En el apartado interpretativo, el coro de Chiclana vuelve a situarse en un nivel alto. La afinación, el empaste y la seguridad escénica sostienen toda la actuación, confirmando que el grupo es su principal valor competitivo. La propuesta se entiende, se canta bien y se defiende con convicción, lo que garantiza una sensación global positiva.
La actuación de ‘La ciudad perfecta’ en los cuartos del COAC 2026 deja un pase sólido y agradable. Es un coro de cuartos bien armado, con identidad propia y una narrativa clara, pero que vuelve a quedarse corto en ambición literaria y profundidad crítica. Predomina la forma sobre el fondo y la corrección sobre el riesgo, lo que limita su capacidad para dar el salto cualitativo necesario en una fase donde el concurso empieza a exigir algo más que buenas intenciones y buen canto.





















Contenido recomendado






