La UCA detecta áreas clave fuera de las ZEPA para la conservación del charrancito común
El seguimiento por GPS de 29 ejemplares en la Bahía de Cádiz revela que zonas utilizadas para alimentarse durante la cría quedan fuera de los espacios específicos para la conservación del charrancito común

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Cádiz (UCA) ha identificado áreas utilizadas de forma intensiva por el charrancito común durante la época de reproducción que quedan fuera de las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) designadas específicamente para esta especie. Los resultados aportan nuevos datos para orientar la conservación del charrancito común en la Bahía de Cádiz, una de sus principales zonas de cría en España.
La investigación se ha basado en el seguimiento de 29 ejemplares adultos mediante dispositivos GPS durante dos temporadas reproductoras consecutivas. Los equipos registraron más de 260.000 posiciones, con las que los científicos reconstruyeron los desplazamientos diarios de las aves e identificaron las zonas que frecuentan para buscar alimento mientras crían a sus pollos.
A partir de esos movimientos, los investigadores compararon las áreas de mayor uso con los límites de los espacios incluidos en la Red Natura 2000 y con las ZEPA declaradas de forma específica para proteger al charrancito común. El análisis concluye que la red europea ofrece en su conjunto una cobertura significativa, pero la coincidencia disminuye cuando se tienen en cuenta únicamente las zonas dirigidas a esta especie.
Esta diferencia implica que algunas áreas relevantes para completar el ciclo reproductor del charrancito no están incluidas en los espacios delimitados expresamente para su conservación. El trabajo plantea por ello la conveniencia de revisar periódicamente estas figuras de protección e incorporar información actualizada sobre los desplazamientos y el comportamiento de las poblaciones.
El estudio está encabezado por Andrés de la Cruz, investigador del Departamento de Biología de la Universidad de Cádiz y del Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR). En el equipo participan también investigadores de la UCA, especialistas del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), la Universidad de Coimbra y personal de otras instituciones españolas e internacionales.
La investigación parte de que la protección de una especie móvil no depende únicamente de las colonias donde se reproduce. También requiere tener en cuenta los lugares a los que se desplaza para alimentarse, especialmente durante la cría, cuando los adultos deben obtener recursos para mantener a los pollos.
Según los autores, la superficie total protegida no permite por sí sola medir la eficacia de las medidas de conservación. La delimitación debe incluir las zonas que las aves utilizan realmente para desarrollar las distintas fases de su ciclo vital. En el caso del charrancito común, localizar las áreas de alimentación asociadas a la reproducción permite determinar cuáles desempeñan un papel relevante para el mantenimiento de sus poblaciones.
El seguimiento ha sido posible por la miniaturización de los dispositivos GPS. El charrancito común apenas supera los 45 gramos de peso, una característica que hasta hace pocos años dificultaba obtener información detallada sobre sus movimientos sin emplear equipos demasiado pesados para el animal. Los emisores adaptados a aves de pequeño tamaño han permitido registrar los recorridos con una precisión suficiente para localizar sus principales áreas de actividad.
Los resultados se publican en la revista científica Ocean & Coastal Management con el título “Quality over quantity: Assessing Natura 2000 coverage of Little Tern core areas”. El artículo sostiene que la calidad y la ubicación de los espacios protegidos deben considerarse junto a su extensión para evaluar si responden a las necesidades de las especies a las que pretenden conservar.
El trabajo relaciona esta cuestión con el objetivo internacional de proteger al menos el 30% de la superficie terrestre y marina antes de 2030. Los investigadores señalan que el aumento de la superficie incluida en figuras de protección debe acompañarse de delimitaciones basadas en datos científicos sobre el uso real del territorio y del medio marino.
La investigación forma parte del proyecto SEANIMALMOVE, dedicado al seguimiento de los movimientos y la dinámica poblacional de vertebrados marinos ante los efectos del cambio global. Ha recibido financiación de la Junta de Andalucía, la Unión Europea y distintos programas nacionales e internacionales de investigación.


