Un ensayo detecta un 28% menos de carbono resistente en las praderas marinas de la Bahía de Cádiz por el calentamiento
La investigación sobre las praderas marinas de la Bahía de Cádiz concluye que el aumento de la temperatura modifica el carbono liberado al agua y reduce su almacenamiento a largo plazo

El aumento de la temperatura del mar redujo aproximadamente un 28% la fracción de carbono más resistente a la degradación en un ensayo con praderas marinas de la Bahía de Cádiz. La investigación, liderada por la Universidad de Cádiz (UCA), indica que el calentamiento puede debilitar la capacidad de estos ecosistemas para almacenar carbono durante largos periodos, aunque apenas altere a corto plazo el funcionamiento general de sus comunidades.
El trabajo se desarrolló durante varios meses en instalaciones experimentales de gran tamaño en Alemania, donde los científicos recrearon praderas representativas de la Bahía de Cádiz. Los sistemas fueron sometidos a tres escenarios de temperatura: las condiciones actuales del verano, un calentamiento moderado y otro más intenso.
Los resultados mostraron que, a medida que aumentaba la temperatura, disminuía la proporción de compuestos orgánicos que tardan más tiempo en descomponerse. Al mismo tiempo, crecía la cantidad de materia que puede ser consumida con mayor facilidad por los microorganismos e incorporada a la cadena alimentaria.
Esta variación afecta al denominado carbono orgánico disuelto recalcitrante, formado por compuestos que las plantas liberan al agua y que resisten la degradación microbiana. Debido a esa resistencia, pueden permanecer almacenados en el océano durante periodos prolongados y actuar como una reserva natural de carbono.
El investigador de la UCA y coautor del estudio Fernando G. Brun explica que, bajo temperaturas más elevadas, una mayor parte del carbono capturado por las praderas pasa a la cadena alimentaria en lugar de quedar almacenada en el océano. “El ecosistema sigue funcionando y transfiriendo energía a otros organismos, pero pierde parte de su capacidad para actuar como reserva a largo plazo”, señala en declaraciones difundidas por la Fundación Descubre.
El estudio amplía el análisis habitual del llamado carbono azul, concepto que engloba la capacidad de los hábitats costeros para capturar dióxido de carbono de la atmósfera y retenerlo durante años, décadas o incluso siglos. Las estimaciones tradicionales se han centrado principalmente en la materia orgánica que queda enterrada en los sedimentos.
La investigación incorpora a esos cálculos el carbono que permanece disuelto en el agua. Según los científicos, el almacenamiento en los sedimentos y esta reserva disuelta se sitúan en el mismo orden de magnitud, por lo que dejar fuera la segunda vía podría conducir a una estimación inferior de la capacidad de las praderas para retener carbono.
“Saber que existen cantidades similares disueltas incrementará el valor del ecosistema y que se tenga en cuenta para su conservación y restauración”, sostiene Brun. Los resultados podrán utilizarse para elaborar modelos que integren los distintos flujos de carbono, cuantifiquen las cantidades almacenadas y estimen durante cuánto tiempo permanecen retenidas.
Para reproducir el ecosistema gaditano, el equipo incluyó las fanerógamas marinas Cymodocea nodosa y Zostera noltei, así como la macroalga Caulerpa prolifera. Los experimentos incorporaron también sedimentos, agua y comunidades microbianas asociadas, con el objetivo de aproximarse al funcionamiento de las praderas en una zona de transición entre el Mediterráneo y el Atlántico.
El ensayo analizó además la posible influencia de Halophila stipulacea, una planta marina originaria del mar Rojo y el océano Índico cuya expansión por el Mediterráneo está favorecida por el calentamiento del agua. Esta fanerógama suele desarrollarse en praderas y fondos arenosos, a diferencia del alga asiática Rugulopteryx okamurae, que coloniza principalmente fondos rocosos y arrecifes y tiene una amplia presencia en el litoral andaluz.
La presencia de Halophila stipulacea tuvo una influencia menor de la esperada en las condiciones del experimento, sin cambios significativos atribuibles a la especie. La investigadora de la UCA y coautora Alba Yamuza considera que, a corto plazo, el calentamiento supone una amenaza más inmediata para el almacenamiento de carbono que la expansión de esta planta invasora.
Yamuza advierte, no obstante, de que el trabajo se realizó en condiciones controladas y no reproduce un proceso de colonización prolongado durante años. Los científicos plantean así dos factores diferentes: el efecto directo de la subida de la temperatura sobre la calidad del carbono liberado y la posible transformación de las comunidades marinas por la llegada de especies propias de aguas cálidas.
La investigación, titulada Temperature-driven decline in recalcitrant dissolved organic carbon weakens coastal macrophyte’s blue carbon storage potential, ha sido publicada en la revista científica Communications Earth & Environment. Además de la Universidad de Cádiz, han participado el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y el Centro Leibniz de Investigación Tropical Marina de Alemania.
El estudio ha recibido financiación de la Consejería de Universidad, Industria, Energía e Innovación de la Junta de Andalucía, la Fundación Humboldt, la Unión Europea mediante los fondos Next Generation EU y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.


