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Julio González, el maestro de las sombras

Juan Antonio Quiñones 22 septiembre, 2026 2 minutos de lectura

La última vez que trabajé con Julio González fue el 11 de septiembre, durante la visita de Felipe VI a Rota. Al recordarlo ahora, me sorprende lo normal que fue aquel día. Coincidimos en una cobertura más, sin saber que ya no habría otra.

Conocí a Julio cuando empecé en este oficio, hace diez años. Primero fue un compañero al que admiraba y, con el tiempo, se convirtió en un amigo. Hoy me cuesta separar esas dos cosas. Recuerdo las fotografías que hacía, pero también la alegría de encontrármelo trabajando, de saber que estaba allí.

Siempre admiré su manera de mirar, y se lo dije. Hay una galería suya de la Fan Pin de a la que he vuelto hoy. Se suele decir que fotografiar es dibujar con la luz. Julio era, para mí, el maestro de las sombras. Sabía cuánto podía dejar en la oscuridad y en qué lugar debía aparecer la luz. Sus imágenes tenían esa fuerza que te obliga a detenerte, incluso cuando crees haber visto ya todo lo que había que ver.

He vuelto a esa galería buscando sus fotografías y he terminado pensando en las veces que aún esperaba coincidir con él. Es extraño cómo cambia un recuerdo cuando alguien muere. El 11 de septiembre era simplemente la fecha de nuestra última cobertura juntos. Ahora repaso aquel día con el deseo imposible de haber sabido que debía despedirme.

Quedan sus imágenes. Queda todo lo que contó de Cádiz durante décadas y la posibilidad de seguir descubriendo en ellas algo que se nos escapó la primera vez. Pero ninguna fotografía puede sustituir una conversación con él. Esa es la parte más difícil de escribir.

Me alegra haberle dicho en vida que admiraba su trabajo. Ojalá pudiéramos volver a encontrarnos en cualquier cobertura y decírselo otra vez.

Mi cariño y mis condolencias a su familia, a sus amigos y a todos los compañeros que hoy sienten su ausencia.

Gracias por tu amistad, Julio. Te voy a echar de menos.