El programa Acompáñame de la UCA guía al alumnado de nuevo ingreso a través de estudiantes mentores
El programa Acompáñame de la UCA ofrece tutorías entre iguales en sus cuatro campus para resolver dudas académicas, administrativas y de adaptación durante el primer año

Estudiantes de cursos superiores de la Universidad de Cádiz orientan al alumnado de nuevo ingreso durante su primer año a través del programa Acompáñame de la UCA. La iniciativa, coordinada por el Servicio de Atención Psicológica y Psicopedagógica (SAP), recurre a la tutoría entre iguales para facilitar la adaptación a las clases, los trámites universitarios y la vida en los campus.
El proyecto cuenta con mentores voluntarios en las facultades y escuelas de los cuatro campus de la Universidad. En su organización intervienen los vicerrectorados de Ciencias de la Salud y Bienestar de la Comunidad Universitaria y de Estudiantes, además de los decanatos y equipos de dirección de los centros.
Ángela Tavira y Álvaro García, estudiantes de grado de la Facultad de Derecho, participan como mentores. Ambos explican que decidieron incorporarse al programa después de recordar las dudas que ellos mismos tuvieron cuando comenzaron sus estudios universitarios.
“Cuando comienzas una etapa nueva tienes ilusión, pero también aparecen muchos nervios y dudas, y a veces no sabes muy bien a quién preguntar”, señala Tavira. Su objetivo, añade, es conseguir que los estudiantes recién llegados se sientan “más tranquilos o menos perdidos” durante sus primeros meses.
García recuerda que las principales incertidumbres al incorporarse a la Universidad suelen estar relacionadas con la organización de la facultad, las personas a las que dirigirse, el programa académico y la integración en la vida universitaria. A su juicio, recibir orientación de otro estudiante que ha pasado recientemente por esa misma experiencia puede facilitar el proceso de adaptación.
Para convertirse en mentor es necesario ser alumno de un curso superior de la Universidad de Cádiz, asistir a las sesiones formativas y mantener disposición para ayudar. Antes de la jornada de bienvenida, los participantes reciben información sobre el funcionamiento del proyecto y los recursos a los que pueden derivar las consultas.
La preparación incluye contenidos de áreas como Alumnado, Internacionalización, Secretaría, Igualdad, Deportes y Biblioteca, además de formación específica sobre cada facultad o escuela. Según Tavira, el acompañamiento no consiste únicamente en escuchar, sino también en conocer la estructura universitaria para ofrecer una orientación adecuada.
Las primeras consultas del alumnado novel combinan cuestiones prácticas con temores relacionados con la integración. Entre las dudas habituales se encuentran los horarios, la localización de las aulas, el funcionamiento de las plataformas digitales, los sistemas de evaluación, las asignaturas que pueden presentar mayor dificultad o la organización de los estudios.
También aparecen preguntas sobre la relación con el profesorado, la posibilidad de hacer amistades y la adaptación al ritmo de las clases. Tavira considera que detrás de muchas de esas consultas está la preocupación por encajar y desenvolverse en un entorno nuevo. García coincide en que existe una inquietud general por la socialización, la organización personal y el inicio de la actividad académica.
El contacto entre mentores y estudiantes no se limita a reuniones formales. Tavira procura mantener una relación cercana para que puedan plantearle tanto problemas relevantes como pequeñas dudas surgidas en el día a día, ya sea mediante mensajes, encuentros en los pasillos o conversaciones en la cafetería.
García también facilita su contacto desde el comienzo del curso y, después de la jornada de bienvenida, suele crear un grupo de WhatsApp con el alumnado asignado. A través de ese canal comparte páginas web, direcciones de correo electrónico y novedades relacionadas con el funcionamiento de la Universidad.
Los mentores subrayan que su función tiene límites cuando detectan problemas emocionales o dificultades de adaptación que requieren atención especializada. En esos casos, escuchan al estudiante y lo orientan hacia los servicios universitarios correspondientes, especialmente el Servicio de Atención Psicológica y Psicopedagógica.
“Nuestro papel tiene un límite”, explica Tavira, quien sostiene que los mentores deben acompañar al alumno y ayudarlo a acceder a profesionales cuando sea necesario. García señala igualmente que, si se encontrara ante una situación de este tipo, hablaría con el estudiante y lo dirigiría hacia los recursos especializados de la UCA.
La experiencia también permite a los voluntarios desarrollar capacidades de escucha, comunicación y responsabilidad. Tavira asegura que participar en el programa le ha enseñado que ayudar no siempre implica disponer de todas las respuestas, sino acompañar a otra persona mientras encuentra una solución. García destaca, por su parte, que la mentoría le ha dado una visión más consciente de las distintas formas en que los jóvenes afrontan su llegada a la Universidad.
Las necesidades varían incluso entre estudiantes de una misma promoción. Algunos comienzan la etapa universitaria con seguridad, mientras que otros necesitan más tiempo, orientación o la confirmación de que sus dudas son habituales. Esa diversidad condiciona el tipo de apoyo que presta cada mentor.
Tavira recuerda como ejemplo una ocasión en la que mentores y nuevos alumnos intentaban poner en funcionamiento un proyector sin éxito. Finalmente, uno de los recién llegados resolvió el problema al localizar el botón adecuado. Para la estudiante, la anécdota muestra que la relación no es unidireccional y que los mentores también aprenden de sus compañeros.


