La segunda función de cuartos del COAC 2026 deja en el Gran Teatro Falla una noche de alto nivel interpretativo, con el músculo musical de ‘ADN’, la valentía ideológica de ‘La Camorra’ y la progresión firme de ‘Seguimos cayendo mal’ como referencias más sólidas

La segunda función de cuartos de final del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC) 2026 se desarrolló en el Gran Teatro Falla como una sesión larga y heterogénea, marcada por propuestas muy diferentes entre sí y por un nivel interpretativo notable en varias modalidades. En una noche exigente, el concurso dejó claras algunas líneas de fuerza: el peso creciente de las propuestas musicales, la consolidación de discursos críticos sin concesiones y la importancia de la regularidad para aspirar a seguir avanzando.
El coro ‘La ciudad perfecta’ abrió la sesión defendiendo una utopía bien construida desde lo narrativo y muy cuidada en lo coral. La agrupación chiclanera volvió a mostrar un alto nivel de afinación y empaste, con una escenografía clara y un relato fácil de seguir. Sin embargo, su discurso, amable y poco incisivo, se movió en un terreno cómodo que limitó su impacto competitivo. Un pase sólido, bien cantado y coherente, aunque falto de riesgo literario en una fase donde empieza a exigirse algo más que corrección.
La chirigota ‘Nos hemos venío arriba’ asumió el relevo apostando por las coplas largas como principal argumento. El grupo de Écija firmó dos pasodobles de notable peso crítico, especialmente el primero, bien estructurado y con un remate claro. El segundo, más emocional, volvió a evidenciar el buen gusto musical de la autoría. El popurrí fue creciendo en eficacia, aunque el tipo, más clásico y menos rompedor que en años anteriores, provocó un arranque algo frío. Un pase serio y bien defendido, con margen de mejora si logra afilar el humor en los momentos clave.
El cuarteto ‘Crónica de una muerte más que anunciada’ ofreció uno de los repertorios más cohesionados de la noche. Su relectura satírica de la Pasión de Jesucristo, centrada en el juicio ante Pilatos, volvió a destacar por el peso del texto y la ironía política y religiosa. La propuesta ganó fluidez respecto a preliminares y sostuvo el interés gracias a un ritmo bien medido y a una crítica constante, incómoda y reconocible. Sin alardes escénicos, el cuarteto reafirmó la palabra como eje central del Carnaval y dejó una sensación claramente ascendente.
La comparsa ‘El manicomio’ aportó uno de los impactos visuales más potentes de la sesión. La presentación volvió a ser su gran baza, con una escenografía oscura y una interpretación física que llenó el escenario. Los pasodobles mejoraron en claridad y ejecución respecto al primer pase, aunque las letras siguieron mostrando irregularidad y un exceso de efectismo que resta sutileza. El repertorio apunta alto en forma, pero no termina de rematar en fondo, dejando una sensación de claroscuros que mantiene a la comparsa en una posición intermedia.
Uno de los momentos más destacados de la noche llegó con el coro ‘ADN’. La agrupación dirigida por Laura Rivero exhibió un músculo musical sobresaliente, con una afinación impecable y un empaste que rozó lo profesional. El primer tango, dedicado a la adopción y al acogimiento familiar, fue uno de los pasajes más emotivos de la sesión. El segundo, centrado en la violencia machista, cumplió en mensaje aunque sin evolución literaria. El popurrí, ambicioso y de alto vuelo musical, se erigió como uno de los grandes bloques de la noche, confirmando al coro como una referencia clara desde lo interpretativo.
La comparsa ‘La Camorra’ irrumpió con un discurso frontal y sin concesiones. Su crítica a la Iglesia como institución, abordada desde una perspectiva política y feminista, marcó uno de los picos ideológicos de la sesión. Los pasodobles, densos y cargados de contenido, priorizaron el mensaje sobre la emoción, especialmente en la contraposición entre Lorca y Pemán y en la denuncia de la exclusión de las mujeres en la Semana Santa. Una propuesta incómoda, coherente y valiente, con identidad propia y argumentos reales para estar en la pelea, aunque asumiendo el riesgo de un repertorio poco dado al descanso lírico.
La chirigota ‘Seguimos cayendo mal’ confirmó su progresión con uno de los pases más equilibrados de la noche. El tipo del avión en caída libre volvió a funcionar como metáfora flexible y agradecida, permitiendo constantes actualizaciones. Los pasodobles, especialmente el primero sobre la emigración juvenil, conectaron con fuerza con el público, mientras que el popurrí mantuvo un ritmo alto y sostenido. Sin golpes memorables, pero con un conjunto compacto y bien armado, la chirigota dejó una sensación muy positiva y opciones reales de seguir volando.
Cerró la sesión la comparsa ‘La marea’, sostenida más por la calidad vocal del grupo que por el desarrollo del repertorio. La temática de la turistificación volvió a mostrarse agotada y las letras no terminaron de acompañar a una interpretación cuidada y solvente. Un pase correcto, bien cantado, pero sin el despegue necesario para destacar en una noche tan exigente.
La segunda función de cuartos del COAC 2026 dejó así una sesión de contrastes, con el nivel musical de ‘ADN’, la valentía discursiva de ‘La Camorra’ y la regularidad de ‘Seguimos cayendo mal’ como referencias más sólidas, en una noche donde el concurso empezó a marcar con claridad quiénes están preparados para dar un paso más.
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