Cádiz, el videojuego convierte la ciudad en una partida de humor y conciencia social en el COAC 2026
La chirigota gaditana mezcla el imaginario gamer con la esencia viñera para firmar una actuación cercana, emotiva y crítica sobre el escenario del Falla
La chirigota Cádiz, el videojuego, llegada desde el corazón de la Viña, presentó en el COAC 2026 una propuesta original que transforma la ciudad en una gran consola llena de pantallas, fases y niveles. Con letra de Manuel Domínguez Portilla, Sergio Guillén Bancalero y Juan Pérez Casado, música de Miguel Ramón Ciria Fernández, Margarita Higuera Grela y Manuel Santander Grosso, y dirección de Javier Fernández de la Cotera, el grupo dio continuidad a la línea cercana y reconocible que ya mostró en 2025 con La alergia de Cádiz.
La presentación situó al público en una Cádiz convertida en videojuego marinero, con referencias constantes a la ciudad y a su día a día. El estribillo, pegadizo y muy viñero, jugó con la idea de que a Cádiz “solo le faltaba su propio videojuego”, ya resuelto sobre las tablas del Falla. La puesta en escena, con guiños a personajes clásicos del mundo gamer adaptados al entorno gaditano, reforzó desde el inicio una propuesta fresca y muy conectada con el público.
El primer pasodoble ofreció uno de los momentos más emotivos de la actuación al abordar una realidad familiar poco tratada desde este prisma: las separaciones de pareja vistas desde los hijos. La letra defendió que, pese al fin del amor entre los padres, el cariño hacia los hijos debe mantenerse intacto, destacando ejemplos de convivencia y apoyo por encima de los conflictos. El mensaje, directo y sincero, conectó con una experiencia común para muchos jóvenes.
El segundo pasodoble giró hacia una vertiente más social y preventiva, alertando sobre los peligros del juego y las apuestas al cumplir la mayoría de edad. La chirigota denunció cómo los juegos de azar pueden atrapar a jóvenes recién llegados a los 18 años, llevándolos a la ruina económica y personal en muy poco tiempo. La letra, cantada desde la cercanía generacional, aportó un tono serio dentro de una propuesta eminentemente humorística.
En los cuplés, el grupo recuperó el tono más desenfadado. El primero jugó con situaciones cotidianas reconocibles, mientras que el segundo destacó por su remate, ironizando sobre los injertos capilares realizados sin garantías y sus desastrosos resultados. Ambos cuplés funcionaron bien en escena, reforzados por un estribillo que mantuvo el hilo conductor del videojuego.
El popurrí fue un recorrido por distintas “fases” de esta Cádiz virtual, pasando por barrios, problemas de movilidad, transporte y vivienda, siempre con referencias al universo gamer. La dificultad para encontrar taxi de madrugada, el precio de los alquileres o la imposibilidad de aparcar se convirtieron en niveles casi imposibles de superar. El tramo final reivindicó la identidad chirigotera y la herencia familiar del carnaval, cerrando la partida con un mensaje de amor a la fiesta y a la ciudad.
Con Cádiz, el videojuego, la chirigota ofreció una actuación equilibrada entre humor, emoción y crítica social, apoyada en un tipo reconocible y una música muy arraigada en la tradición gaditana. Una propuesta que confirma el buen momento de esta agrupación y su capacidad para conectar con el público desde códigos actuales sin perder la esencia del Carnaval de Cádiz.





















