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Mié. May 22nd, 2024

CSIF y ACAIP denuncian el agravio que sufren las mujeres reclusas en Puerto III frente a los hombres

Solo hay un módulo para mujeres, mezclándose en él todo tipo de perfiles, desde las que entran por primera vez en la prisión hasta reincidentes y conflictivas, complicando la labor de reeducación y reinserción que se debe llevar a cabo

Los sindicatos ACAIP-UGT y CSIF con representación en el C.P. de Puerto III, ponen en conocimiento de la opinión pública, el grave agravio comparativo que sufren las mujeres internas que cumplen condena, por parte de la directora de este centro, en connivencia con la Secretaría General de II.PP. y que hace muy difícil el desarrollo de nuestra labor, como trabajadores y trabajadoras de la Institución Penitenciaria.

La tradicional configuración del sistema penitenciario por y para los hombres invisibiliza a la mujer en prisión. A esta situación de vulnerabilidad, derivada de la tradicional configuración de las prisiones, y que no atiende a los especiales perfiles, problemáticas y roles de la mujer, se añaden las pautas impuestas por Esther Serrano Escobar, directora del C.P. Puerto III.

En la anterior etapa directiva, el centro contaba con dos módulos de mujeres, uno de ellos denominado de Respeto, permitiendo a las áreas de vigilancia y tratamiento establecer una separación en función del perfil de las internas.

La actual Dirección procedió a eliminar ese módulo de Respeto de Mujeres, hace más de dos años, con la complicidad de la SGIIPP, sin pensar en el desorden regimental que crearía dicha medida, quedando así un único módulo de mujeres donde conviven todas las internas que cumplen condena, limitando todavía más sus derechos, pues no se puede atender a sus situaciones y necesidades.

Por otro lado, las internas que desempeñan un puesto de trabajo, tienen que, obligatoriamente, residir en un módulo con hombres, denominado mixto, limitando el derecho de las mujeres al acceso a un puesto de trabajo, al obligarlas a convivir con la población masculina.

Del análisis de ese citado único departamento de 75 mujeres, los datos que arrojan son ilustrativos y evidencian lo difícil de nuestra labor penitenciaria:

  • Un 32% de MUJERES INTERNAS, que han ingresado por primera vez en un Centro Penitenciario.
  • Un 34,6% de MUJERES INTERNAS que no han cometido ninguna infracción disciplinaria durante el tiempo que llevan en un Centro Penitenciario.
  • Un 49% de MUJERES INTERNAS que son multirreincidentes y con numerosas infracciones disciplinarias.

Por ello, denunciamos que es materialmente imposible que se pueda cumplir con el mandato constitucional del art. 25.2 de la Constitución Española, dirigido a la reinserción y reeducación de las mujeres internas en este centro, con esa aberrante y nefasta mezcla de perfiles que convierten ese módulo en un “infierno”, y anula por completo nuestra función como trabajadores y trabajadoras penitenciarios de este Centro.

Así, nos encontramos que en este módulo conviven en la actualidad internas que jamás han pisado un Centro Penitenciario, con otras internas: reincidentes, conflictivas, inadaptadas, nocivas, reacias al tratamiento penitenciario, que han estado en régimen cerrado por nefasta conducta penitenciaria, incluso con internas incluidas en el Programa PAIEM de enfermas mentales. Se dan situaciones tan rocambolescas de convivencia diaria de internas multireincidentes con nueve ingresos en prisión, con múltiples sanciones, número superior a 150, con otras primarias con buena conducta y plenamente adaptadas a la vida penitenciaria.

Permitir y consentir que convivan diariamente Mujeres Multireincidentes con otras que jamás han pisado una prisión o bien que salen en la actualidad de permiso y otras próximas a su tercer grado penitenciario, a nadie se le escapa que genera presiones de las primeras y temor y miedo en las restantes, incrementando la conflictividad del módulo, y por ende, el conflicto regimental y humano con los y las funcionarias que trabajan a diario y que día tras día se ven sometidas a la resolución de conflictos, que en muchos casos conllevan agresiones hacia los trabajadores penitenciarios.

Por consiguiente, la nula capacidad, diligencia y competencia de la actual Directora, para evitar tal situación, está provocando la derogación tácita del principio de individualización de la Institución para la preparación de las internas para la vida en libertad,

La Directora es plenamente consciente de la realidad en la que se ha convertido ese módulo y no hace absolutamente nada por eliminar esa auténtica “jungla” que lleva subsistiendo desde hace dos años. Ese módulo tiene el peor clima de convivencia para poder desarrollar la función reeducadora y reinsertadora que se nos ha encomendado como trabajadores y trabajadoras penitenciarios.

Cualquier estudio riguroso de la situación en ese módulo, en pleno siglo XXI, haría sonrojar a cualquiera. La realidad social demanda a la Institución Penitenciara una sensibilidad hacia estas mujeres que ingresan por primera en un centro penitenciario, que no se da actualmente en el C.P.  Puerto III.

Esta situación contrasta con la situación de la población interna masculina, que dispone de una diversidad de módulos para su separación en atención a sus distintos perfiles, con dos Módulos de Respeto, uno de Educación y otro Terapéutico, entre otros, facilitando enormemente la labor penitenciaria de reinserción.

Para terminar, exigimos que se restablezcan los dos departamentos de mujeres que había antes de la toma de decisión de la actual Directora, Esther Serrano, y así uno de ellos sea de Respeto para mujeres internas de perfil bajo en Puerto III, con lo que se eliminaría el engendro actual, que nos permitiría  a los trabajadores y trabajadoras penitenciarios realizar las funciones que tenemos encomendadas y cese la desigualdad que existe en este Centro entre internos hombres e internas mujeres, con respecto a la posibilidad de acceder a un módulo de Respeto.

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