DSAS3 carga contra la privatización sanitaria en un primer pase de alto voltaje político
La comparsa de Jesús Bienvenido convierte la sanidad pública en eje dramático y discursivo de un repertorio de gran densidad expresiva
La comparsa gaditana de Jesús Bienvenido regresó al Gran Teatro Falla con DSAS3, una propuesta que reafirma sin matices la línea del autor: crítica política, conflicto social y uso del teatro como arma estética para poner nombre a un proceso contemporáneo. Si Las ratas diseccionó la turistificación como fenómeno económico y cultural, DSAS3 sitúa el foco en la sanidad pública y su degradación estructural, señalando privatizaciones, recortes y deriva empresarial como amenaza directa al derecho a la salud.
El tipo es una alegoría inmediata: bufones sanitarios en un hospital distópico que representa la última isla de lo público en un sistema dominado por intereses privados. La metáfora funciona desde la iconografía —mascarillas en el cuello cervantino, instrumental clínico reconvertido en utilería musical, personal sanitario degradado a clown trágico— y desde la narrativa interna del repertorio. La presentación no pierde tiempo: identifica al poder político como antagonista, acusa al presidente de la Junta de desmantelar la red sanitaria y plantea la venganza del pueblo como hipótesis histórica. El patio recibe el golpe con atención y sin ruido.
Los pasodobles mantienen la temperatura. El primero se aleja de la diatriba institucional y regresa a La Viña, barrio sentimental y origen musical del autor. Es un texto que agradece, pide y devuelve, donde el personaje femenino del barrio actúa como guardiana de la memoria y como figura que impide al autor renunciar a seguir cantando. La música, más castiza de lo esperado en Bienvenido, genera una conexión emocional evidente con parte del público gaditano.
El segundo pasodoble vira por completo hacia la política contemporánea. La letra arranca desde la violencia machista doméstica para girar hacia el discurso ultraderechista europeo, trazando paralelismos entre control del cuerpo, control del deseo y control del rol social de la mujer. El remate enlaza con el imaginario histórico del nazismo y su triple consigna sobre el lugar de la mujer —niños, cocina e iglesia— para advertir de su reactivación simbólica bajo nuevas narrativas políticas. El patio de butacas respondió con atención y sin murmullo, indicador fiable de recepción seria.
Los cuplés fueron lo menos eficaz del pase. Ambos giraron alrededor de la restauración de la Macarena y acabaron convocando a Abogados Cristianos y al obispo de Cádiz en un remate más ácido que gracioso. La comparsa no busca risa y el cuplé tampoco la encuentra. No parece un fracaso sino una decisión: Bienvenido no abandona su tesis para abrazar el golpe tradicional, y el género acepta la renuncia.
El popurrí funcionó como cierre dialéctico. La estructura describe la ruta del deterioro sanitario: recortes, falta de material, agresiones al personal, listas interminables, precarización del servicio y mercantilización del derecho. El pasillo final —con el sanitario que permanece junto al paciente más allá de su guardia— aporta la parte no negociable de la defensa del servicio público: el vínculo humano que no entra en balance contable. El cierre con el estribo “pública, absoluta y gratuita” opera como resumen ideológico del repertorio y como consigna reivindicativa.
El resultado deja a Bienvenido donde se le situaba antes de abrir telón: autor capaz de convertir el Carnaval en herramienta analítica sin renunciar al género ni a la belleza formal. La propuesta es teatral, discursiva y cargada de intención política. No pretende equilibrio humorístico, ni variedad modal, ni concesiones al entretenimiento ligero. Su apuesta pasa por densidad, tesis y musicalidad literaria.
DSAS3 confirma que Bienvenido no compite con nadie más que consigo mismo. No vino a prolongar la estela de Las ratas, ni a buscar repetición. Vino a discutir un asunto relevante en el espacio público y a demostrar que el Carnaval puede operar como crítica cultural sin perder eficacia poética. Pase sólido, coherente y de evidente calado político.



















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