El ejercicio de la tolerancia

Rosa FreyreEn principio, y antes de comenzar a sentar las bases sobre lo que, desde mi punto de vista, es el ejercicio de la tolerancia, nada mejor que rescatar el significado de dicho término: TOLERANCIA es el respeto hacia las ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes a las propias y/o a las reglas morales.

Aparentemente, y si hiciéramos una encuesta sobre un muestreo de nuestra población a la pregunta de si usted se considera tolerante, acertaría si dijera que los españoles se consideran más que tolerantes y respetuosos para con el resto de la sociedad. Evidentemente ello nos lleva a considerarnos respetuosos para con aquellas personas de diferentes razas, ideologías, creencias religiosas, sexo, etc… Eso, por supuesto, desde el punto de vista del supuesto hecho, si bien, en puridad, y desgranando cada una de las actuaciones que observamos, leemos, compartimos y somos sujetos activos de las mismas, resulta que el ciudadano español es poco o escasamente tolerante.

La tolerancia lleva a las personas a una convivencia pacífica, a respetar los usos y costumbres de quiénes les rodean, su forma de entender la vida, y por supuesto, su ideología política o su tendencia hacia determinados movimientos que adquieren la forma de partido político.

Somos o vivimos en un estado democrático, más para que la democracia funcione es del todo necesario el perfecto ejercicio de la tolerancia.

La política es quizá, dentro de lo que se consideran las relaciones personales, el motivo mas frecuente de discusión y disputa, de enfrentamientos y enemistades. Para ello basta conocer la actualidad que nos deparan las últimas semanas por lo que se refiere a las elecciones en Galicia, el País Vasco, y por supuesto, la lucha interna de poder que se vive dentro de la formación socialista, el PSOE, cuyo secretario general, Pedro Sánchez ha presentado su dimisión, y que pasa a ser dirigida por una Gestora.

Ese enfrentamiento de que hacen más que gala nuestros políticos y representantes dentro de lo que es nuestro Estado social y democrático de Derecho, a modo de batalla dialéctica y de las que somos partícipes a través de los distintos medios informativos, como son la prensa escrita y digital, las redes sociales, etc… tiene una lectura particular que llevan a cabo los ciudadanos.

Como españoles somos todos iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (Art. 14, Capìtulo Segundo, de nuestra Constitución).

Otra cosa bien distinta es el día a día entre aquellos que tienen una determinada ideología y los que piensan en otro sentido y así lo manifiestan.

Es a través de las redes sociales como esa falta de total tolerancia se  aprecia de forma contundente, y sinceramente, todo ello me lleva a la conclusión de que en este país no sabemos todavía comportarnos como personas de talante democrático.

Todos tenemos experiencias en ese sentido, pues hemos hecho declaraciones contrarias a la opinión de otro ciudadano que considera que su ideología política es la única que puede sacar a este país de la situación en la que se encuentra. Esa declaración contraria no solo suscita en aquél la rotunda negación de lo que son el conjunto de tus ideas, sino que además, en la mayoría de los casos, dan por sentado que el hecho de no participar de su ideario, te condena a ser, pongamos por ejemplo, un corrupto, un facha, un racista, un «traidor»…y muchos otros calificativos, mas fuertes que prefiero obviar. La circunstancia de que nos mantengamos firmes en lo que consideramos nuestra forma de entender la vida política, genera en determinados individuos un estado de crispación tal que insisten, persisten y hasta llegan a hacerte acoso con sus opiniones, para que quede bien claro que es la suya la única posición loable, y que tú o vives engañado o eres un enemigo de  «la causa social».

Y precisamente, son aquellos que más claman por la tolerancia los que adoptan posturas del todo intolerantes, no admitiendo otro posicionamiento que el que ellos defienden.

Sinceramente considero que en este país hemos llegado a tal extremo de intolerancia, sobre todo a nivel político, que cualquier declaración queda justificada, queda minimizada porque fue dicha en determinadas circunstancias, y bajo una cierta presión o estado de ánimo. Y nada más lejos de la realidad, el intolerante es perfectamente consciente de que con el ejercicio de su intolerancia llegará a hacer adeptos para su causa, convencer a quién aún no es partícipe de su ideario y denostar y echar tierra sobre quien, en puridad, piensa de forma distinta y así lo expresa.

Los políticos son personas que se retratan con sus actos y con sus declaraciones, actos que califican a muchos de corruptos y declaraciones que descalifican a otros como personas que dicen participar del juego democrático, porque si bien es mas que cierto que en este país la corrupción es un gravísimo problema y del que participan personas con ideologías del todo diferentes, también es cierto que otras nos sorprenden con declaraciones que echan por tierra su tan alardeada posición de progresismo o alternativa capaz de ofrecer a los ciudadanos de este país unas condiciones de vida que garanticen la dignidad de las personas, y los derechos que les son inherentes.

Y con ello me viene a la mente ciertas manifestaciones de la integrante de una formación política en el sentido de limitar la edad por la que los ciudadanos de este país pueden ejercer su derecho al voto, doy por supuesta la mayoría de edad,  ante el resultado de determinadas elecciones en sendas Comunidades Autónomas, una limitación que -según sus sondeos o encuestas-, pues les beneficiaría.

Evidentemente, quien así se postula no participa del juego de la democracia, pues de un plumazo deja sin participación en el gobierno de este país a un gran porcentaje de ciudadanos, por la sencilla y rotunda razón de que no les interesan. Quizá, la próxima vez, o tratándose de otro grupo político, si se da por válido ese postulado, los excluidos de elegir a sus representantes son otro sector de la sociedad, y así vamos limitando de forma explícita los derechos de los ciudadanos de este país que son los que, en definitiva, tienen con su voto la última palabra.

 

 

 

 

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