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Carnaval

El coro de Valdés desata un ‘chiricoro’ de granja con humor, tango clásico y crítica política

La propuesta gaditana mezcló el disparate animal, el recuerdo al compañero fallecido y un repertorio que combinó humor grueso, bastinazo y dos tangos bien construidos

El coro gaditano de José Manuel Valdés volvió al Falla con su particular manera de entender la modalidad: un coro chirigotero que abraza el disparate y desafía el canon con irreverencia, pero que sostiene el repertorio con tangos serios y una estructura que ya es reconocible. Bajo el título ‘¡Qué pechá de paja!’, la agrupación convirtió el escenario en una granja completa, con burritos, caballos, vacas, gallinas y el propio granjero encarnado por el antiguo autor. La estética funcionó desde el arranque, con cabezas de animales obra de Mariño que aportaron un sello visual efectivo.

El público entró rápido en el código humorístico, con referencias carnavaleras, bestialidades, un caballo que camina hacia atrás y chistes que mezclaron feministas, animalistas y rivalidades con otras agrupaciones. La presentación no buscó filigrana ni lírica, sino instalar un universo absurdo donde los animales hablan, opinan y comentan el concurso. Entre el ruido humorístico apareció el detalle emotivo de la noche: el homenaje a Ensaladilla, componente fallecido al comenzar el Concurso, cuyo instrumento permaneció en escena durante el pase. Fue un gesto sobrio, sentido y bien integrado en el repertorio, sin sentimentalismo excesivo.

El primer tango apostó por el registro clásico. La música de José Manuel Martínez Sierra ‘Taca’ y Juan Antonio Díaz sonó limpia y agradecida, con una melodía reconocible, tirada elegante y cierre bien rematado. La letra relató la composición del repertorio desde el taller, los consejos del padre y la voluntad de traer un tango que enamorara “a la tacita mía”. Fue un texto luminoso dentro de una propuesta que vive más en la guasa que en la solemnidad. Se notó la mano de Taca en el fraseo y en la respiración, con un coro que buscó equilibrio entre potencia y canto amable.

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El segundo tango aprovechó el tipo para lanzar crítica política. El Congreso se presentó como corral y hemiciclo donde conviven gallitos, cerdos, ovejas que siguen al rebaño y lobos que no dejan vivir. El remate subrayó la distancia entre los animales del tipo —más honestos— y los animales metafóricos del Congreso. La letra fue directa, sin metáforas innecesarias, y funcionó bien gracias al puente con el tipo. El público lo agradeció y el coro demostró que detrás del disparate hay una estructura que sabe cuándo aplicar seriedad.

La tanda de cuplés volvió al terreno propio del grupo: humor grueso, bastinazo declarado y lectura carnavalesca. Primero tocó la cofradía, convertida en procesión diaria por los barrios y resuelta con referencias al Campo del Sur y al hospital. Después fue turno del rey emérito, su biografía y su historial sentimental, rematado con un juego de memoria selectiva que conectó bien con la platea. El estribillo, construido a bastinazo consciente —marca de la casa—, reforzó el tono chirigoteril del coro. En esta modalidad solo Valdés explota ese código sin pedir perdón.

El popurrí fue un despliegue continuo de escenas animales que mezclaron tradición infantil, cultura popular y Carnaval. Hubo cantos a los quince años del cabrito, revisiones de ‘Mi burro’, veterinarios que recetan cubatas de Larios, marihuana cultivada en chalets, primos, cuñados y una secuencia final de defensa de los animales y contra el abandono. La última imagen, dedicada al animal como miembro de la familia, cerró sorprendentemente seria para un repertorio que había jugado con el exceso durante media hora. El contraste no chirrió y dejó una lectura de fondo que no se esperaba al comienzo.

Competitivamente, el coro de Valdés sabe dónde juega y con qué armas. No pretende competir por el canon del tango —aunque lo hace mejor de lo que aparenta— ni por la solemnidad del repertorio. Su apuesta es otra: humor irreverente, crítica social desde el tipo, bastinazo consciente, riesgo estético y ritmo continuo. Dentro de esa lógica, el grupo volvió a cumplir. El Falla respondió con complicidad, risas y atención en los tangos. El pase apunta a que la propuesta estará en el concurso con opciones razonables de pasar corte si el jurado premia diversidad dentro de la modalidad.





















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