El cuarteto ‘Blam, blam, blam…’ convierte el Falla en un diálogo entre conciencia y tentación
La formación infantil de La Algaba firma una actuación ágil y reconocible, con una parodia clara sobre la educación, las contradicciones adultas y la libertad de ser niño
El cuarteto infantil ‘Blam, blam, blam… digan lo que digan al final siempre me castigan’, procedente de La Algaba (Sevilla), regresó al COAC 2026 con una propuesta que profundiza en el camino iniciado el pasado año y que vuelve a apoyarse en la comedia teatral para conectar con el público desde la identificación cotidiana. Con letra de José Manuel Doña Calvo y Antonio Muñoz Molina, música de José Manuel Doña Calvo y Fernando Manuel Rodríguez Endrina, dirección de Antonio Muñoz Molina y representación legal de Pedro Luis Bencano Calvo, el grupo presentó una parodia reconocible, bien estructurada y sostenida durante toda la actuación.
La idea central se articula en torno a un niño atrapado entre dos voces opuestas, el angelito y el demonio, que le ofrecen consejos contradictorios sobre cómo comportarse, qué escuchar, qué pensar o cómo enfrentarse al mundo adulto. A partir de esa premisa sencilla, el cuarteto construye una sucesión de escenas que funcionan como espejo de muchas situaciones familiares habituales, especialmente en lo relativo al uso de pantallas, los horarios, la música que escuchan los mayores y las incoherencias que estos transmiten sin darse cuenta.
La presentación situó rápidamente al espectador en el conflicto. Las referencias a los discursos educativos, al descanso, al control del tiempo frente a móviles y televisores, o a los consejos constantes, fueron apareciendo desde los primeros compases con un tono ágil y muy verbal, propio del cuarteto. El ritmo de la parodia se mantuvo fluido, con entradas y salidas bien medidas entre los personajes, lo que permitió que la escena no se diluyera a pesar de la abundancia de texto.
Uno de los puntos fuertes del repertorio fue la capacidad para ironizar sobre las contradicciones del mundo adulto sin caer en el reproche directo. El grupo utilizó el humor para señalar cómo muchas normas impuestas a los niños no se corresponden con los comportamientos de los mayores, como ocurre en los pasajes dedicados a la música que escuchan los padres, el consumo de alcohol en celebraciones o la vergüenza ajena que provocan ciertas actitudes en público. Estos momentos conectaron con el patio de butacas por su cercanía y por la naturalidad con la que se expusieron.
Los cuplés continuaron esa línea, apostando por ejemplos concretos y fácilmente reconocibles. El primero giró en torno al bochorno que sienten los hijos al ver a sus padres bailar en la barra libre, mientras que el segundo profundizó en el contraste entre lo que se critica y lo que se hace. Ambos remates reforzaron la idea central del repertorio, siempre desde la óptica del niño que observa y juzga, a su manera, el mundo que le rodea.
En el desarrollo posterior, el cuarteto introdujo referencias a la cultura juvenil actual, como los conciertos de artistas de moda, el uso de filtros en redes sociales o las relaciones construidas a través del móvil. Estos elementos se integraron con naturalidad en la parodia, ampliando el foco más allá del entorno familiar y acercándolo al universo digital en el que crecen los niños. El contraste entre la imagen idealizada y la realidad fue uno de los recursos más explotados en esta parte del repertorio.
El tramo final apostó por un mensaje más directo, sin abandonar el tono humorístico. El texto invitó a escuchar al propio corazón, a expresarse sin miedo y a disfrutar de la infancia como un espacio de libertad. La despedida se construyó como un alegato sencillo pero efectivo, que cerró la actuación con una sensación de coherencia interna y con un mensaje claro dirigido tanto a niños como a adultos.
Desde el punto de vista interpretativo, el cuarteto mostró solvencia en la dicción, buen manejo de los tiempos cómicos y una clara comprensión del formato. La interacción entre los personajes fue constante y bien equilibrada, lo que permitió sostener una parodia extensa sin perder la atención del público.
Con ‘Blam, blam, blam… digan lo que digan al final siempre me castigan’, La Algaba vuelve a dejar su sello en la cantera del Carnaval de Cádiz, apostando por un cuarteto que combina humor, crítica cotidiana y un mensaje final que reivindica la mirada infantil como espacio legítimo de reflexión dentro del COAC 2026.


























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