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El cuarteto ‘Crónica de una muerte más que anunciada’ sobresale en una sesión marcada por el experimento de ‘La Viña del Mar’ y el criterio crítico de ‘La purga’ en el COAC 2026

La noche dejó tres conclusiones competitivas: el cuarteto se coloca arriba de su modalidad, el coro de Monje dividió al Falla con un show festivalero que sacrificó tango y coralidad, y la chirigota del Sofri repuntó en popurrí con sello propio; el resto, discreto en humor y sin señales claras de pase

La sesión del COAC 2026 celebrada en el Gran Teatro Falla dejó una fotografía de competición muy marcada por los contrastes. De los cinco grupos que pasaron por escena, solo uno salió con candidatura real en su modalidad —el cuarteto ‘Crónica de una muerte más que anunciada’— mientras que el resto transitaron por carriles diversos: el espectáculo puro del coro de Jesús Monje, la crítica política de la chirigota del Sofri, la nostalgia peñista de ‘Los antiguos’ y la apuesta pop sin carcajada de ‘¡A quién le importa!’.

Abrió sesión el coro ‘La Viña del Mar’, la propuesta más singular de la jornada. Jesús Monje trasladó la estética del festival latino del mismo nombre al terreno del coro gaditano, con orquesta, coreografía y un despliegue visual poco habitual en la modalidad. El efecto fue rotundo en imagen, pero conflictivo en clave carnavalesca: el tango —pieza central del coro— quedó desfigurado en ritmo, volumen e identidad, y la recepción crítica fue fría. El popurrí confirmó la apuesta por el espectáculo y la renuncia al canon coral, dejando una conclusión nítida: show sí, coro no. Competitivamente, la propuesta quedó muy lejos de la cabeza de modalidad y sin ruido de pase.

El segundo turno correspondió a la comparsa jiennense ‘El verdugo’, que optó por un modelo de comparsa-opinión volcada en el discurso. Daniel Heredia firmó un repertorio centrado en la crítica al campo andaluz, la Agenda 2030 y los sindicatos, con letras frontales y sin metáfora. El grupo defendió oficio y seriedad, pero la ausencia de vuelo musical y la falta de dramaturgia en el popurrí limitaron cualquier opción competitiva. Fue una comparsa reconocible en identidad pero sin herramientas para pelear clasificación.

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La sesión dio su primer giro relevante con la llegada del cuarteto ‘Crónica de una muerte más que anunciada’, que convirtió Jerusalén en barrio gaditano y la Pasión en sátira rimada. El grupo construyó un humor sostenido por texto, ritmo y escucha, elementos que definen la exigencia de la modalidad. La propuesta brilló por guion, por uso del verso, por la mezcla de capas —local, bíblica, política y eclesial— y por no caer en el sketch ni en el chascarrillo. La sala lo entendió y lo premió. En un año sin todavía grandes nombres en cuarteto, la agrupación salió del Falla con estatus de candidata seria a cuartos y margen de crecimiento.

Tras el descanso, la chirigota ‘La purga: Los que no pasan’ ofreció el pase más sólido dentro de la modalidad en términos de criterio. La propuesta, firmada por Sofri, jugó con el imaginario de la ITV para hablar de Carnaval, política y territorio. El primer pasodoble —petición de pregonera— y el segundo —ataque al andalucismo de pacto— definieron la identidad del grupo, más política que bufonesca. La risa no llegó en tanda de cuplés, pero el popurrí levantó la actuación con una secuencia delirante de vehículos, tuneados, cofradías, narco y hostelería. La lectura competitiva es clara: opción de pase abierta en chirigota, pero por criterio y crítica más que por carcajada, y con necesidad de mejora en humor para rondas.

Cerró la noche la chirigota algecireña ‘¡A quién le importa!’, con Alaska y Mario Vaquerizo como tipo y universo pop ochentero como paisaje. El pase fue vistoso y reivindicativo, con defensa de diversidad sexual y crítica a la sanidad, pero sin golpe humorístico sostenido. Los cuplés cayeron en remates gruesos y el popurrí no tuvo arquitectura cómica, lo que dejó la propuesta en franja media-baja y sin señales reales de clasificación en una modalidad que este año está premiando el disparate, la mala uva o el ingenio.

El Falla se fue con la sensación de que el concurso sigue sin destapar grandes favoritos, pero la modalidad de cuarteto ya encontró contendiente, la chirigota sigue su batalla interna por la risa y el canon coral vive una fractura evidente entre identidad y espectáculo.

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