El cuarteto infantil ‘La familia Fallans’ parodia a los monstruos del Falla y reivindica la cantera en el COAC 2026
El cuarteto gaditano presentó una adaptación infantil de la familia Addams con humor blanco, referencias al Concurso y un cierre en defensa del cuarteto y de la cantera.
El cuarteto infantil ‘La familia Fallans’, procedente de Cádiz, abrió su participación en el COAC 2026 con una comedia carnavalesca que trasladó al escenario una versión infantil de la popular familia Addams, adaptada a un barrio imaginario del Carnaval. La agrupación, con letra y dirección de Felipe Marín Mariscal, música de Verónica Reyes Serrano y representación legal de la propia Reyes Serrano, regresó al certamen tras su participación en 2025 con ‘¡Qué peñazo de cuarteto!’.
La parodia de presentación presentó a un grupo de personajes monstruosos —vampiros, criaturas góticas y figuras de terror clásico— convertidos en vecinos carnavaleros. El humor se articuló desde el desconcierto infantil, el absurdo y la literalidad, con frases cortas y entradas encadenadas. La escena, situada en una casa donde “todo está al revés”, sirvió como marco para enlazar equívocos, torpezas y juegos de palabras sin carga adulta ni doble fondo. La interpretación funcionó gracias a la energía de los intérpretes y a la buena dicción, elemento clave en esta modalidad.
Entre las escenas iniciales destacó la aparición de un personaje que pretende ser corista, con serenata incluida —“Frankeciana, la flor más bella de Transilvania”— parodia inocua de la estética del coro adulto. El gag se sostuvo en el contraste entre el tono romántico y la monstruosidad del personaje, recurso funcional para el ritmo del cuarteto. El público acompañó con risa amable y sin tensión competitiva.
Tras la presentación, la agrupación dio paso directamente a la tanda de cuplés, renunciando a bloques intermedios para mantener ligereza narrativa. El primer cuplé utilizó un guiño cotidiano: el niño que recoge en las cadenas de comida rápida pero no en casa, recurso generacional que funciona en cantera por su universalidad. El segundo cuplé ironizó sobre el consumo de películas de terror, contraponiendo valentía televisiva y miedo nocturno. La estructura de pregunta-respuesta permitió sostener el remate sin necesidad de referencia externa.
A continuación, el cuarteto introdujo un bloque central meta-carnavalero con el leitmotiv “cómo cambian los cuartetos”. La letra jugó con debates propios de la modalidad: presencia o ausencia de instrumentos, cameos, agrupaciones ampliadas y cambios formales. La escena se articuló como diálogo humorístico, sin intención doctrinal ni lectura crítica hacia el adulto, evitando la imitación satírica directa —algo importante en cantera—. El resultado fue una explicación ligera sobre la evolución de la modalidad desde la perspectiva del niño concursante.
La segunda parte del repertorio construyó un barrio de monstruos donde conviven momias, vampiros, hombres invisibles y criaturas mitológicas. La letra organizó el texto en pequeñas viñetas encadenadas, lo que permitió mantener ritmo y repartir intervenciones. La interpretación destacó por su claridad, especialmente en los pareados descriptivos y en la enumeración humorística, recurso habitual para mantener cohesión en formatos infantiles.
Culturalmente, el bloque reforzó dos contenidos habituales en la cantera: barrio y colectividad, sustituyendo el miedo por el reconocimiento del otro como vecino. La conflictividad se trató desde la exageración cómica —reuniones de comunidad, enemigos imaginarios, ruidos—, sin carga crítica real, y siempre desde la convivencia. El público respondió con atención durante toda la enumeración.
En el tramo final, el repertorio incorporó un número musical donde el cuarteto defendió la rima como herramienta útil para el género: “rima con respeto”, “rima cuando puedas”, “no hay ningún secreto”. La letra no pretendió marcar doctrina, sino acercar de forma didáctica el oficio del cuarteto a los niños espectadores, especialmente relevante en una modalidad en la que la técnica rítmica es exigente incluso en adultos.
El cierre incluyó un mensaje explícito: “viva la cantera, la cantera de mi carnaval”, reconocimiento directo al carácter formativo de la modalidad y llamada a la continuidad generacional. La despedida se realizó con tono amable, sin tensión ni estridencia, y el público acompañó la salida con aplauso sostenido.
En términos escénicos, ‘La familia Fallans’ mostró seguridad en la entrada, control del volumen, comprensión del ritmo del diálogo y capacidad para enlazar gags, elementos de relevancia en un cuarteto infantil. La dirección favoreció la claridad del texto por encima del artificio, lo que permitió seguir la trama incluso para espectadores jóvenes o ajenos al concurso.
Con su pase de 2026, el cuarteto refuerza la aportación gaditana a una modalidad que históricamente exige gran disciplina textual y que encuentra en la cantera un espacio de renovación constante. La agrupación ofreció un repertorio blanco, accesible y coherente con los condicionantes éticos y pedagógicos del concurso infantil.

































