El cuarteto ‘¡Qué no vengan!’ de Gago y Moreno desliza una crítica al COAC desde la metáfora del Everest
El cuarteto gaditano presentó un repertorio que mezcló humor, sátira interna y reflexión sobre la masificación del concurso, con un cierre que alertó sobre el riesgo de “romper el Carnaval por no cuidarlo”
El cuarteto ‘¡Qué no vengan!’, con letra y música de Miguel Ángel Moreno Gómez y dirección de Ángel Francisco Gago Cubelo, firmó uno de los pases más sólidos de la modalidad presentando un repertorio sustentado en un tipo de alpinistas y sherpas en plena ascensión al Everest, una metáfora que permitió articular humor, crítica y lectura interna del concurso. La agrupación, que en 2025 obtuvo un primer premio con ‘Ku Kux Klan Klan’, volvió a exhibir control del tempo, dominio del diálogo y una utilización del teatro que no se limita al gag, sino que incorpora comentario sobre la propia fiesta.
El arranque situó el conflicto central: la masificación. “Si no están preparados, que no vengan”, decía uno de los personajes antes de presentar la montaña como un espacio saturado, alterado por la afluencia de visitantes y por la pérdida del espíritu original del alpinismo. A partir de ahí, el cuarteto desplegó un recorrido en el que convivieron escaladores, sherpas, aspirantes y millonarios en un juego que operaba en dos planos: la literalidad del Himalaya y la lectura paralela sobre el Gran Teatro Falla.
El humor se sostuvo en la construcción de personajes, en el ritmo de la réplica y en un uso eficaz del lenguaje coloquial gaditano, con referencias a la indumentaria, el frío, la alimentación y los protocolos de montaña. La doble lectura apareció con la frase “esto está masificado”, enunciada para el Everest pero vinculada inmediatamente a la percepción del concurso en los últimos años. El diálogo permitió al cuarteto introducir elementos de sátira cívica (“no hay quien suba el contenedor”, “ocho kilos de residuos para bajar por la puerta”), siempre desde el humor y sin perder el control de la escena.
Los cuplés mantuvieron el sello reconocible de Miguel Moreno: humor local, ironía política y remate sencillo. El primero apuntó a la fiesta de cumpleaños del futbolista Lamine Yamal, contraponiendo la magnitud mediática del evento con la modestia de los cumpleaños convencionales. El segundo se centró en un cofrade sevillano devoto de la Macarena, enlazado con la actualidad de la restauración de la imagen religiosa. Ambos cuplés cerraron con un estribillo que resumía la tesis central: “aquí no cabemos más y como hay que recortar, los que no sepan ni entiendan, que no vengan”.
El bloque de mayor carga política del repertorio apareció durante la ascensión, cuando uno de los personajes se mostró partidario de la “cultura del esfuerzo” frente a la precarización laboral, lo que derivó en una crítica explícita a la explotación y a la retórica empresarial asociada a la autoexigencia. El pasaje mezcló humor con comentario social sin dejar de sostener la escena de montaña.
El desarrollo final dio paso al cierre lírico, un recurso habitual en el cuarteto en los últimos años, donde se condensa el subtexto del repertorio. La letra afirmó que el Everest “se rompió” por exceso de afluencia, por falta de cuidado y por convertirlo solo en un objeto de fama y dinero. La metáfora se trasladó al Carnaval sin necesidad de enunciarlo, hasta llegar al verso más citado por el público y la retransmisión: “se rompió el Carnaval por no cuidarlo”. El cierre alertó sobre los riesgos de la masificación, del deterioro del espíritu original de la fiesta y de la pérdida de identidad de la modalidad, culminando en la idea de que la continuidad del COAC depende de preservar el sentido colectivo del mismo.
En el plano competitivo, el pase dejó al cuarteto en posición dominante. Con control escénico, un guion sólido y una lectura del concurso muy precisa, la agrupación mostró recursos suficientes para competir por los puestos más altos. La propuesta demostró que el cuarteto no se limita a buscar la risa inmediata, sino que utiliza el humor para ordenar debates internos, un rasgo poco frecuente en el resto de modalidades y casi exclusivo en su ejecución.
El público despidió al grupo en pie y el cuarteto cerró con naturalidad, consciente de que su papel no es solo competir sino marcar el ritmo de la modalidad.




















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