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‘El marqués de la paguita’ apuesta por un humor facilón y sin recorrido en su pase en el Falla

La chirigota de San Fernando recuperó la dupla Garcés-Lejía con un tipo de falsos nobles que viven de una paga, pero el desarrollo humorístico quedó en planteamientos antiguos y sin chispa competitiva.

La chirigota ‘El marqués de la paguita’, procedente de San Fernando y con letra de José Joaquín Garcés y música de David Hernández ‘el Lejía’, regresó al Gran Teatro Falla tras el reencuentro de ambos autores. La dirección recayó en David Sánchez Guerrero y el grupo compareció con un tipo de marqueses ociosos que presumen de vivir de una paga sin trabajar.

La presentación introdujo al personaje desde la picaresca: un marqués que no trabaja, que luce riñones nuevos, que presume de vivir “mejor que nadie” y que se considera noble por estatus social y no por mérito. El humor se apoyó en el cliché del flojo subvencionado, con un marco cómico reconocible pero sin giros que actualizaran el enfoque. La escena mezcló atuendo de noble con referencias callejeras del Falla y apuntes metacarnavaleros, pero el planteamiento no consiguió generar chispa.

El primer pasodoble optó por un discurso sobre el Carnaval y la afición. El texto contrapuso el fanatismo con la vocación de disfrutar del concurso desde la pasión y la tolerancia. La tesis defendió que el Carnaval debe vivirse desde la afición y no desde la beligerancia. La música, sencilla y de progresión limitada, acompañó correctamente sin deslumbrar. La interpretación fue homogénea y clara, aunque sin vuelo emocional.

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El segundo pasodoble abordó la ludopatía con un enfoque más serio. El protagonista se confesó atrapado por el juego pese a tener familia y estabilidad. El texto puso el acento en la adicción a las apuestas y su expansión reciente, especialmente entre jóvenes. La temática resultó actual y poco tratada en la modalidad, pero el pasodoble optó por una sentimentalidad convencional que evitó mayor profundidad crítica. La música mantuvo el mismo esquema sencillo del primer pasaje.

Los cuplés mostraron el tramo más flojo del repertorio. El primero recurrió al fichaje ficticio de Echenique por el Cádiz CF para “correr la banda”, con un humor de trazo grueso y remate poco efectivo. El segundo entró en el terreno de las operaciones estéticas y la obsesión por la silicona, con un cierre que remitía a Sánchez y al “escudo antimisiles”, sin generar efecto en el público. El estribillo, sin embargo, sí planteó una idea simpática —“tú harto de trabajar y yo viviendo como un marqués”— que habría podido ser más productiva con mejores cuplés.

El popurrí insistió en la explotación del personaje sin evolución del discurso. El marqués presumió de no madrugar, de no trabajar, de mandar a la entrevista de empleo “al carajo”, de tocar la paga pero no la productividad, y de vivir mejor que quienes cotizan. El bloque entró en bucle humorístico y alargó la propuesta sin añadir vueltas ni remates memorables. El cierre buscó una salida moralizante reclamando que quien cobre una paga lo haga porque la necesita, y que el personaje no es real sino una parodia para Carnaval.

En lo interpretativo, la chirigota se mostró compacta, con entonación correcta y ejecución solvente. La presencia escénica funcionó para sostener el tipo y se apreció oficio en la construcción del personaje. Sin embargo, el desarrollo humorístico se mantuvo en planteamientos antiguos, con estereotipos sin giro y sin la ironía fina que exige hoy la modalidad.

En términos competitivos, el pase resultó insuficiente para aspirar a más recorrido. La idea era reconocible y la música cumplió, pero los textos no aportaron ingenio ni sorpresa y el humor quedó atrapado en un código demasiado básico para el público del Falla. La reaparición del tándem Garcés-Lejía aportó interés al cartel, pero la propuesta no acompañó ese atractivo.
























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