El vorasidenib controla el 96,5% de los gliomas de grado 2 en un estudio realizado en Andalucía
La investigación sobre el vorasidenib en gliomas de grado 2 analizó a 58 pacientes de siete hospitales andaluces y registró una progresión tumoral en tres casos

Un estudio realizado en siete hospitales universitarios andaluces entre 2024 y 2025 ha registrado un control de la enfermedad en el 96,5% de 58 pacientes con gliomas de grado 2 tratados con vorasidenib. La mayoría mantuvo estable el tumor durante el periodo analizado y solo uno de los participantes tuvo que interrumpir el tratamiento por toxicidad.
La investigación sobre el vorasidenib en gliomas de grado 2 es multicéntrica, observacional y retrospectiva. Sus resultados han sido presentados en el congreso de la Asociación Europea de Neurooncología (EANO), celebrado en Roma, y en el de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en Madrid, donde el trabajo fue premiado.
Los pacientes recibieron el fármaco mediante un programa de acceso expandido. Su edad mediana era de 40 años y la mitad eran mujeres. Todos presentaban mutaciones en los genes IDH1 o IDH2, alteraciones relacionadas con el desarrollo de estos tumores y sobre las que actúa específicamente el tratamiento.
De las 58 personas incluidas, 50, el 86,3%, mantuvieron estable la enfermedad, sin un crecimiento significativo del tumor durante la evaluación. Otras cinco, equivalentes al 8,6%, obtuvieron una respuesta parcial, mientras que en tres casos, el 5,1%, se constató una progresión tumoral.
La valoración se realizó conforme a los criterios internacionales RANO-LGG, utilizados para evaluar mediante pruebas de imagen y parámetros clínicos la evolución de los gliomas de bajo grado. El seguimiento mediano fue de 9,4 meses y, en el momento del análisis, aún no se había alcanzado la mediana de supervivencia libre de progresión.
Este último indicador mide el tiempo durante el cual la mitad de los pacientes permanece sin que la enfermedad empeore. Los resultados ofrecen, por tanto, una primera aproximación a la evolución de los participantes en la práctica asistencial y requerirán un seguimiento más prolongado para determinar cuánto tiempo se mantiene el control observado.
En cuanto a las características de los tumores, 53 pacientes presentaban una mutación en IDH1 y cinco en IDH2. El análisis histológico identificó 30 oligodendrogliomas, el 51,72% del total, y 28 astrocitomas, el 48,28%, dos tipos de glioma diferenciados por sus rasgos celulares y moleculares.
Los antecedentes clínicos reflejan que 18 pacientes, un 31%, habían pasado al menos por dos intervenciones quirúrgicas. El tiempo medio transcurrido entre la última operación y el comienzo del tratamiento con vorasidenib fue de tres meses.
El principal efecto adverso detectado fue la elevación de las transaminasas, unas enzimas hepáticas. Esta alteración apareció en 21 pacientes, el 36,2%, y fue grave en cuatro de ellos, que necesitaron una vigilancia y un manejo clínico más estrechos. Pese a ello, solo una persona abandonó el tratamiento por toxicidad.
El estudio también evaluó las crisis epilépticas, una de las principales manifestaciones de estos tumores y un factor que puede condicionar la autonomía de los afectados. Antes de iniciar el tratamiento, 24 participantes sufrían estas crisis; posteriormente, 19 de ellos, el 79,16%, lograron controlarlas.
Los gliomas de grado 2 con mutaciones en IDH1 o IDH2 afectan principalmente a personas jóvenes. Su crecimiento suele ser lento, pero tienen una elevada tendencia a reaparecer después del tratamiento inicial y pueden evolucionar con el paso del tiempo hacia formas más agresivas. La supervivencia global mediana del grupo de pacientes estudiado se sitúa en torno a los 13 años.
Después de la cirugía, las opciones habituales han sido la vigilancia periódica o el uso de radioterapia y quimioterapia, en función de las características del tumor y del paciente. Estos tratamientos pueden ocasionar efectos persistentes, entre ellos alteraciones cognitivas relacionadas con la memoria o la atención, una circunstancia especialmente relevante para quienes pueden convivir durante años con la enfermedad.
El vorasidenib inhibe las enzimas IDH1 e IDH2 cuando presentan determinadas mutaciones. Su incorporación como alternativa terapéutica se apoya en el ensayo clínico internacional INDIGO, que mostró una prolongación del periodo sin progresión de la enfermedad y planteó la posibilidad de retrasar la radioterapia y la quimioterapia.
El trabajo andaluz traslada ese análisis a pacientes atendidos en la práctica clínica habitual, fuera de las condiciones específicas de selección y seguimiento de un ensayo. Los investigadores consideran que los datos respaldan una elevada tasa de control radiológico y clínico, así como un perfil de seguridad favorable, aunque la duración de los resultados deberá concretarse con un mayor tiempo de observación.


