‘Escuela Pública Caimán’ convierte la Caleta en origen de superheroínas infantiles en un cuarteto de integración y superación
El cuarteto gaditano plantea un colegio para niñas con poderes tras una tormenta en la playa y articula la trama en torno a la timidez selectiva como eje emocional.
El cuarteto ‘Escuela Pública Caimán’, procedente de Cádiz, compareció en el COAC 2026 con letra de Manuel Torres González, música y dirección de David Mendoza Mateos y representación legal de Dolores Torres González. La agrupación no participó en 2025 bajo esta denominación, aunque los presentadores recordaron que buena parte del equipo obtuvo el tercer premio el pasado año con otra propuesta del mismo entorno creativo.
El telón descubrió un aula de diseño fantástico donde un grupo de superheroínas menores asiste a clase para aprender a controlar sus poderes. El punto de partida narrativo se expuso en la propia presentación: una “lluvia eléctrica” irrumpe en la playa de la Caleta y transforma a tres niñas aparentemente normales en heroínas con capacidades especiales. La puesta en escena articuló el discurso desde el humor, con guiños locales, lenguaje coloquial y un trabajo corporal bien dirigido.
Los disfraces recrearon un universo infantil de superpoderes sin referencias bélicas ni armamento, optando por capas coloridas, gafas de plástico, accesorios textiles y elementos simbólicos. La estética evitó la imitación literal de marcas audiovisuales y se resolvió en códigos propios del carnaval infantil gaditano.
La dramatización avanzó mediante diálogos rápidos entre personajes que presentan su poder y su debilidad asociada, fórmula que permitió introducir conflicto teatral. Uno de los primeros gags lo protagonizó una niña convencida de tener “el poder más guay”, que resulta ser la capacidad de saber multiplicar sin needrar calculadora, subrayando el humor alrededor de la vida escolar.
La obra incorporó escenas vinculadas a la salud infantil: revisiones médicas, vacunas, consejos sanitarios y pruebas clínicas se trataron desde la perspectiva humorística de los personajes, con el contrapunto del narrador que recordaba la importancia del personal sanitario. El tono se mantuvo blanco, exento de burlas a colectivos vulnerables y sin contenido estigmatizador.
La tanda de cuplés giró hacia el entorno escolar. Se recordaron los continuos cambios de profesorado en primaria —mencionando a Lucía, Silvia y Manuela— y se ironizó sobre la burocracia educativa, reforzando el enfoque cotidiano y reconocible para niñas y niños sin necesidad de subrayar carga política explícita. La construcción rimática mantuvo el estilo clásico del cuplé infantil, con remates suaves y un estribillo funcional que cerraba las piezas.
La segunda mitad del repertorio se centró en la dinámica de la “Escuela de Superpoderes”, donde cada alumna explica su capacidad y la dificultad emocional que arrastra. Una de las niñas puede volar, otra hacerse invisible y otra mover objetos con la mente, pero todas comparten un componente vulnerabilizador que obliga a gestionar sociabilidad, miedo o inseguridad. La propuesta teatral utilizó la fórmula del examen o evaluación final como mecanismo para estructurar la escena.
El giro de mayor calado llegó con la presentación de una alumna que revela padecer timidez selectiva, una condición que afecta al habla en contextos sociales concretos. La pieza se trató desde el respeto, sin ridiculización, y se articuló en una escena donde la niña se expresa mediante sonidos de animales ante la imposibilidad de verbalizar su respuesta. El público siguió el desarrollo con silencio atento y reacción final de acompañamiento.
El clímax dramatúrgico resolvió el conflicto mediante un acto de superación personal: la alumna consigue hablar en su discurso final del curso y recibe la “matrícula de honor” por poseer el “poder más poderoso”, la capacidad de superar el miedo. El cuarteto evitó el sentimentalismo fácil y trabajó la emoción desde el cierre coral, donde sus compañeras validan el proceso con un lenguaje positivo y sin moralina.
El público acompañó la función con una respuesta sostenida y la sensación de estar ante una propuesta bien definida en su premisa y clara en su arco emocional. Por su parte, el cuarteto confirmó la continuidad de una línea creativa gaditana que apuesta por teatro infantil con contenido social y psicológico ligero, aprovechando el formato del cuarteto para desarrollar personajes y conflicto, algo que suele ser más difícil en chirigotas y comparsas infantiles por su estructura musical.























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