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Espejito, espejito… juega con los fantasmas de Cádiz en el COAC 2026 desde la cantera

El cuarteto gaditano construye una parodia actual y reconocible en el Falla, mezclando redes sociales, leyendas urbanas y crítica local dentro del COAC 2026 de cantera

El cuarteto Espejito, espejito…, de Cádiz, llevó al escenario del Gran Teatro Falla una propuesta basada en la conocida leyenda de la casa de los espejos, reinterpretada desde una mirada contemporánea y muy vinculada a la realidad cotidiana. Con autoría de Manuel Domínguez Portilla y Pablo de la Prida Miranda, música de Jesús María Melero Jiménez y dirección de Hugo Sánchez Pérez, la agrupación volvió al COAC 2026 tras su participación el pasado año con Una de cal y una de arena, manteniendo una línea reconocible dentro de la cantera.

La escena se situó desde el inicio en clave humorística, con dos jóvenes obsesionados por triunfar en redes sociales a través de vídeos de misterio y fenómenos paranormales. La falta de visualizaciones y comentarios se convirtió en el detonante para invocar a los espíritus de la casa, introduciendo así a los personajes fantasmales que articularon buena parte del desarrollo. El arranque conectó rápidamente con el público al apoyarse en referencias muy actuales, como los “haters”, los canales digitales y la frustración por no obtener repercusión en internet.

A partir de ahí, el cuarteto desplegó un diálogo ágil y encadenado de situaciones que sirvieron para repasar distintos aspectos de la vida en Cádiz. Los fantasmas, lejos de provocar miedo, actuaron como observadores irónicos del presente, comparando la ciudad de antaño con la actual. La turistificación, la convivencia en comunidades de vecinos donde se mezclan distintos idiomas y nacionalidades, o la transformación del paisaje urbano aparecieron integradas en el relato sin romper el ritmo escénico.

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Uno de los ejes más reconocibles fue la creación de distintos “tipos de fantasmas”, utilizados como recurso para retratar comportamientos muy identificables. El fantasma deportista, el cocinero, el carnavalero o el corredor de “running” sirvieron para caricaturizar exageraciones habituales, siempre desde un tono cercano y fácilmente comprensible. Estas escenas permitieron al cuarteto jugar con la exageración verbal y el remate rápido, una de las claves del formato.

El carnaval tuvo también un papel central en el discurso. La pieza incluyó referencias al propio concurso, a aspiraciones frustradas y a esas figuras que aseguran haber estado a punto de salir en grandes agrupaciones. Este metacarnaval, habitual en el cuarteto, se combinó con guiños locales como el Cádiz CF, los recuerdos de coros antiguos o la vida de barrio, reforzando el vínculo con el público gaditano.

En el tramo final, la actuación derivó hacia una defensa explícita de la cantera como base del Carnaval de Cádiz. Sin abandonar el humor, el cuarteto reivindicó el valor del trabajo constante, de los ensayos y de la ilusión colectiva, subrayando que detrás de la fiesta hay un proceso formativo que empieza desde edades tempranas. Este cierre aportó un tono más reflexivo, coherente con el espíritu del concurso de menores.

Desde el punto de vista escénico, Espejito, espejito… se apoyó principalmente en el texto y la interpretación, sin necesidad de grandes elementos de atrezo. El ritmo del diálogo y la complicidad entre los componentes sostuvieron una propuesta pensada para ser entendida y disfrutada en directo, con referencias muy pegadas al día a día del espectador.

El cuarteto dejó así una actuación que combinó actualidad, tradición y mirada local, utilizando la figura del fantasma como excusa para hablar de Cádiz, del Carnaval y de quienes lo viven desde dentro. Una propuesta que encaja en el COAC 2026 de cantera como ejercicio de observación humorística y como reflejo de una generación que ya maneja códigos propios sin perder el contacto con la esencia de la fiesta.





















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