‘Este año caemos de pie’ levanta al público con humor corporal y cierre de mensaje en el COAC 2026
El cuarteto gaditano presentó un tipo centrado en patologías del pie y consiguió integrar humor físico, rumbita y reivindicación final sin saltarse el código infantil.
El cuarteto ‘Este año caemos de pie’, procedente de Cádiz, compareció en el COAC 2026 con letra de Moisés Serrano Bruzón, música de Francisco Javier Domínguez González y Raúl Otero Pérez, y dirección y representación legal del propio Raúl Otero Pérez. La agrupación llegaba tras competir en 2025 como ‘Un cuarteto en peligro de extinción’, que ya dejó una imagen reconocible de estilo: humor rápido, referencias cotidianas y tendencia a la improvisación controlada.
El tipo descubrió la línea argumental: cuatro pies humanizados, cada uno con una patología diferente, para construir la convención del grupo. Se identificaron el pie plano, el juanete, el callo y la metedura de pata, denominaciones que fueron explotadas en claves humorísticas sin caer en vejación física ni burla hacia condiciones reales. Las dolencias se trataron como rasgos carnavalescos y funcionales, convirtiendo al pie en personaje y evitando la caricatura de personas con discapacidad, aspecto no trivial en repertorios infantiles.
La presentación articuló el hilo narrativo: tras “caerse mucho” en el concurso anterior, el grupo anunciaba que este año “caería de pie”. El juego sirvió para enunciar un aprendizaje —“hemos aprendido”— que funcionó como pretexto para el repertorio y como puente con la edición pasada. El texto avanzó en formato parodia al modo de consulta médica, con mensajes entre compañeros sobre tratamientos, diagnósticos y curas domésticas. La comicidad se construyó desde el lenguaje sanitario cotidiano, con menciones a vendajes, callosidades, ortopedia y vacunas, sin introducir términos clínicos mayores, violencia médica ni procedimientos invasivos explícitos, lo que mantuvo la adecuación infantil.
A nivel técnico, el cuarteto demostró ritmo en la réplica, un punto importante en esta modalidad, donde los silencios y la latencia pueden hundir el efecto cómico. Hubo soltura en la réplica rápida, dominio del tiempo breve y uso eficaz del absurdo. En varios pasajes se apoyaron en dialectos del habla gaditana, potenciando musicalidad y juego fonético. La ruptura de la cuarta pared con guiños al público se utilizó sin exceso y permitió sostener la complicidad.
Una de las decisiones escénicas más celebradas fue la inclusión de una rumbita, sustituyendo el formato tradicional de cuplé en una parte del repertorio. La pieza funcionó como ventilación musical y dio pie a palmas y levantamiento del público, fenómeno poco habitual en la categoría infantil salvo casos de canciones de estribillo muy adhesivo. La letra pivotó sobre el universo del tipo —curas caseras, zapatos que aprietan, pies que duelen— sin desviarse del marco temático.
La tanda de cuplés regresó posteriormente al formato normativo. El primero parodió a un “hermano flojo” a través de la metáfora de un pie que no acompaña el ritmo. El segundo giró hacia la compra compulsiva por internet, relatando que el padre pide productos que tardan tanto que una cuna llega cuando la hermana ya se casa. El remate fue claro, sin referencias sexuales ni adultas, manteniendo el plano doméstico de la broma.
En la recta final, el cuarteto viró hacia el mensaje, un recurso que continúa afianzándose en la cantera 2026. La letra planteó un mundo sin pisotones metafóricos: “sin que nadie tenga que pisar a otra persona para cumplir su sueño”, y “sin que los que gobiernan el mundo pisen otros países”, además de rematar con una exaltación local (“ciudad donde su gente pisa fuerte”). El giro permitió elevar el repertorio sin romper el código cómico, ofreciendo un cierre de lectura transversal fácilmente inteligible para un público infantil y para los adultos presentes.
En materia de adecuación, el repertorio no incluyó violencia física real, no sexualizó situaciones, no presentó referencias políticas partidistas directas y no incorporó contenidos que pudieran interpretarse como descalificación contra colectivos protegidos. Las patologías del pie aparecieron tratadas como ficción carnavalesca y no como burla de condiciones médicas existentes. Las referencias médicas —vendajes, ortopedia, consultas, vacunas— se abordaron en clave lúdica y sin instrucciones reales ni consejos sanitarios, lo que evitó terreno de riesgo.
Desde el punto de vista escénico, la dirección cuidó la economía de elementos: vestuario limpio, maquillaje coherente con el tipo, mínimas piezas de atrezzo y una puesta ordenada que no estorbó el diálogo. La expresividad corporal —cojeos, apoyos, tropiezos— se manejó en clave de mimo para reforzar la condición de pies sin convertirla en tropelismo excesivo.
‘Este año caemos de pie’ salió pisando fuerte (como verbalizó su propia despedida) y con la sensación de haber equilibrado tres capas: humor físico, romance musical y mensaje final, algo difícil en categorías donde la interpretación aún se está formando. La propuesta confirmó que el cuarteto infantil mantiene buena salud en el COAC 2026 y que su laboratorio de comicidad sigue siendo un espacio fértil para futuras promociones.























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