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La chirigota ‘Cariño… vaya ambientazo’ pierde chispa y se queda corta en humor y concepto en el COAC 2026

La chirigota de Camas repitió fórmula de tipo “objeto simpático”, esta vez como ambientadores de coche, pero sin sorpresa, sin desarrollo cómico y con un repertorio que no alcanzó el nivel del pasado año

La chirigota de Camas —popularmente conocida como la del Chicho— regresó al Gran Teatro Falla con ‘Cariño… vaya ambientazo’, propuesta que da continuidad a la línea de humor absurdo que el grupo cultivó con éxito en 2025 en cuartos de final con ‘Cariño… qué pelusilla me tienes’. En esta ocasión, los protagonistas son ambientadores de coche: bloques de espuma colgados del retrovisor que narran, desde ese particular punto de vista, la vida dentro del vehículo. Sobre el papel, el tipo apuntaba a disparate costumbrista; en escena, la idea quedó corta, con un humor desacompasado, falta de pegada y escaso desarrollo dramático.

La presentación colocó el universo conceptual con rapidez, apoyándose en un recurso musical actual —la melodía viral de ‘Espresso Macchiato’— y en un gag de higiene automovilística (“lava el coche, por favor”). El arranque fue original en la forma, pero frío en fondo: el tipo ya no sorprende en el circuito tras el precedente de las pelusas, y el repertorio no consiguió construir expectativa. La interpretación fue correcta y limpia, pero sin el factor de contagio que sí tuvo la agrupación en 2025.

El primer pasodoble fue autorreferencial. El texto recordó la aventura del grupo el pasado año, la sorpresa del pase a cuartos y la ilusión de volver al teatro con un tipo improbable. La letra combinó cariño hacia Cádiz con un guiño de autocelebración por “hacer su Carnaval a su manera”. Funcional para preliminares, pero sin vuelo humorístico ni giro literario. El segundo pasodoble abordó el trastorno del espectro autista desde la anécdota en las atracciones de feria hasta llegar a las denominadas “horas sin ruido” en supermercados y ferias. La intención fue sensible y bienintencionada, aunque el enfoque resultó extraño en integración: el desarrollo narrativo llegó tarde y el remate se asentó más en la explicación que en el ingenio.

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La tanda de cuplés quedó por debajo de lo exigible en la modalidad. El primero giró sobre un bebé de siete kilos para terminar alquilando la placenta como toldo para celebraciones; el segundo ironizó sobre la subida del precio de los huevos hasta derivar en contrabando de tortillas. Ambos funcionaron en registro de disparate, pero sin remate eficaz y con un humor al que le faltó precisión y tempo. El estribillo tampoco ayudó: correcto, pero nada memorable y sin capacidad de arranque coral en sala.

El popurrí confirmó la fragilidad del concepto. La vida desde el retrovisor prometía una batería amplia de situaciones —atascos, limpieza, viajes a la playa, ITV, pareja, música, olores, mascotas, verano, autovía—, pero el desarrollo se agotó rápido y el tipo no generó discurso. El grupo recurrió a escenas sueltas y pamplinas costumbristas, algunas más logradas (la playa y la tortilla, el vaho y el cani fumón), otras muy por debajo (mocos, suspensión, pedos, salpicadero), sin articulación ni progresión narrativa. La sensación fue la de un repertorio esforzado pero sin tensión humorística ni lectura propia del mundo que construye.

En lo musical, la chirigota se mantuvo en zona segura: melodías sencillas, ritmo estable y afinación sin sobresaltos. La dirección escénica acompañó con recursos mínimos y algún detalle simpático en el tipo. La interpretación fue honesta y trabajada, pero sin chispa competitiva. El conjunto confirmó oficio y gusto, pero no capacidad de impacto.

En clave de concurso, la lectura fue clara: la propuesta careció de sorpresa, la idea no dio juego suficiente y el humor no sostuvo la duración del pase. Tras el éxito de 2025, la comparación juega en contra: entonces la pelusa tenía novedad, narrativa y un código propio; ahora el ambientador quedó en ocurrencia que no encontró ni voz ni historia. En preliminares, donde la chirigota necesita diferenciarse y marcar perfil, la actuación quedó corta.

Todo apunta a que el recorrido del grupo será corto este año. La simpatía del sello se mantiene, pero la idea —y su ejecución— no alcanzó la competitividad mínima en una modalidad que exige mucho más en ritmo, cuplé y concepto.




















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