La chirigota Los camper del sur vira a la crítica social y abandona el humor en su regreso al Falla
La propuesta de Miguel Ángel Ríos y Víctor Jurado denuncia la pérdida de calidad de vida en Cádiz y sitúa al grupo viviendo en una camper por falta de vivienda accesible
La chirigota de Miguel Ángel Ríos Pérez y Víctor Jurado Fernández compareció en el Gran Teatro Falla con Los camper del sur, una propuesta que rompe con la línea humorística que había definido a la agrupación en sus últimas comparecencias y que opta por un discurso centrado en la crítica social y la denuncia política. El tipo plantea a los componentes viviendo en una furgoneta camper ante la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, un enfoque que se convierte en eje del repertorio y que marca un giro profundo en la identidad del grupo.
La presentación establece el código desde el principio: Cádiz “ya no es lo que fue”, la vivienda es inalcanzable, la ciudad se ha convertido en producto turístico y la población local es desplazada hacia la periferia social o directamente expulsada. El grupo apenas introduce pinceladas de humor —el guiño a los bocadillos de calamares o a la reconversión gastronómica del casco histórico—, pero el discurso se vuelca pronto hacia la denuncia. Se mencionan la turistificación, los cambios urbanísticos, la gentrificación cultural y la degradación de la vida cotidiana, con la camper como metáfora de supervivencia.
La tanda de pasodobles confirma la apuesta. El primero es casi una copla de identidad, cargada de nostalgia por la Cádiz popular y de reproche hacia un modelo de ciudad que, según la letra, ha desmantelado la vida de barrio, el tejido social y el acceso a la vivienda. El segundo se alinea con la huelga de los trabajadores del metal, con referencias directas a las protestas, las cargas policiales, las detenciones y la criminalización del movimiento, incluido el lema “Fuego, fuego, hay que cortar los dos puentes”. La copla sitúa el conflicto como emblema de resistencia gaditana. En lo musical, el pasodoble se acerca más a la comparsa que a la chirigota, con un desarrollo pensado para sostener el mensaje.
Los cuplés funcionan como alivio y rescatan momentáneamente el tono humorístico. El primero, a costa de Pastrana y su comparsa, juega con el cruce de relatos políticos en el Concurso; el segundo enlaza Donald Trump, Rafael Zornoza y la paranoia conspirativa en clave absurda. Los remates funcionan y devuelven la chispa al repertorio, aunque no modifican la impresión general del pase: el humor aparece como excepción más que como principio.
El popurrí es el tramo más significativo y el que evidencia de forma más clara el viraje de la agrupación. La camper se convierte en refugio y trinchera, un espacio donde “solo entra quien diga cargajillo” y del que se expulsa simbólicamente a quienes amenazan el ecosistema local: concejales, empresarios, articulistas, conservadores culturales y figuras públicas que el grupo identifica con la degradación de Cádiz. Sin concesiones al chiste ni al golpe carnavalesco, el popurrí es un bloque de crítica sostenida que remata con una declaración: “La esencia de Cádiz la llevo en mi furgoneta”.
Lo más llamativo de Los camper del sur no es tanto el contenido como el giro. La agrupación había consolidado su espacio en el Falla a base de incorrección y humor bruto —Cádiz qué bonita eres con tu puta madre, Carnaval me cago en tus muertos y Los inhumanos—, construyendo un relato gamberro que les distinguía en la modalidad y que generaba expectación. Renunciar a esa identidad para abrazar un discurso casi exclusivamente político implica un reposicionamiento arriesgado que condicionará su lectura competitiva. La chirigota se queda más en la denuncia que en la carcajada, más en la tesis que en el disparate.
El resultado es una chirigota que aporta contenido, actualiza debates y sitúa a Cádiz en el centro de una discusión incómoda sobre modelo de ciudad, pero que renuncia al humor como vehículo principal, lo que modifica la expectativa del aficionado y altera el equilibrio tradicional de la modalidad. Una apuesta consciente, valiente y discutible, que abre interrogantes sobre su recepción y su futuro en el Concurso.

























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