La chirigota ‘Los Robins’ devuelve humor, identidad y localismo al COAC 2026 desde Santa María
La chirigota Los Robins en el COAC 2026 certificó un regreso sólido desde Santa María con música castiza, crítica elegante y un popurrí muy gaditano que la sitúan como seria candidata a cuartos
Cádiz recuperó este martes a una de sus chirigotas del barrio con el regreso de ‘Los Robins’, agrupación del entorno de Santa María que no pisaba las tablas del Gran Teatro Falla desde 2019 con ‘Los yayoflauta’. El grupo reaparece con autoría de Rober Gómez y Pepe Juan Pastrana, formato coral de amigos y un tipo directo en concepto: Robin Hood gaditano que “roba” para devolver a Cádiz lo que le han quitado. En clave localista y humorística, la chirigota consiguió uno de los pases más completos de la sesión.
La presentación funcionó desde el primer verso, instalando al personaje en la disputa contemporánea sobre la gentrificación del barrio (“me niego a que mi pueblo me lo cambien por dinero”), la pérdida de esencia vecinal y el encarecimiento de la vivienda. La narración del personaje no recurrió a planteamientos épicos sino al costumbrismo del barrio, con referencias a la Piedra del Barco, a Benavides como regidor, a los bloques y a la condición de “residente”. El concepto quedó explicado de forma limpia: Robin no roba, sino que “recupera” lo quitado.
En lo musical, la chirigota dejó una sensación muy agradable. Afinación estable, afinado castizo de escuela gaditana y un pasodoble con aire clásico pero refrescado en cadencia. La conjunción de voces se notó trabajada y la interpretación tuvo carisma y ritmo. La línea musical evidencia la mano autoral de Pastrana y Gómez, con segunda guitarra muy presente y percusión contenida. El grupo creció durante el pase, un detalle que suele ser indicio de compenetración y seguridad en preliminares.
El primer pasodoble fue uno de los momentos más celebrados. El texto construyó un piropo a Cádiz desde la diversidad y desde la inclusión, reivindicando una ciudad “humana y amable” y nombrando personajes del costumbrismo local (Miguel Clares, la Uchi y Paquito el Mentidero). La letra evitó la postal turística y eligió la comunidad, las asociaciones y la rareza gaditana como patrimonio afectivo. El remate —“Cádiz es la más especial del mundo”— no buscó épica sino identificación, y lo consiguió. Una letra muy por encima de la media de la modalidad en preliminares.
El segundo pasodoble tomó un camino distinto y muy aplaudido: la denuncia del estado de la sanidad pública y los cribados oncológicos a través de la imaginería cofrade del propio barrio. La letra enlazó advocaciones como una letanía para narrar la falta de medios, el dolor de los mayores y la soledad de las madres. La metáfora fue limpia, elegante y comprensible, uniendo dos tradiciones que conviven en Santa María —Carnaval y Semana Santa— sin estridencias ni paternalismo. La crítica a Moreno Bonilla apareció en remate seco, eficaz y sin necesidad de cargar el trazo.
La tanda de cuplés mantuvo una línea de humor meta, con el recurso simpático de “robar cuplés” históricos del concurso (Yesterday, 1999 y Las Pitorrisas, 2008) para reescribirlos en clave actual. El ejercicio funcionó por nostalgia y por conocimiento del género. El primer cuplé, sobre el libro del Rey emérito, fue más previsible; el segundo, sobre la irrupción de la Velada del Año en Cádiz, resultó más fresco y con referencias al Nuevo Mirandilla. El estribillo fue de lo más festivo del pase: “Cádiz, te han robado tu pureza… ve pensando en poner una alarma”. Coreable, local, práctico y con función clara.
El popurrí certificó el nivel del repertorio. El localismo se desplegó con inteligencia humorística y cariño, mezclando disparate con crítica. Destacaron los juegos con los bares y el Manteca, las alteraciones de la geografía viñera, la fachada de La Perla y su “traqueotomía”, los guiños a Lucas, Nazareno y a los rituales del barrio. La pieza incluyó también crítica política de baja temperatura contra Feijóo y Moreno, integrada sin romper el hilo. El cierre fue emotivo y de raíz: “hay cosas que son tan nuestras que no se roban”, apuntando a identidad, ritual y pertenencia.
La lectura competitiva es clara: chirigota redonda, con sello propio, humor gaditano, concepto bien resuelto, letras de calidad y ritmo escénico. No es un regreso nostálgico ni testimonial sino un retorno competitivo. La recepción del público fue visible y la crítica especializada coincidió en señalar su solidez. Salvo sorpresa, debería estar en cuartos; con mejoras en cuplés y proyección escénica, podría meterse a disputar la fase alta de la modalidad.























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