Carnaval

La chirigota ‘Los semicuraos’ sostiene su pase en cuartos del COAC 2026 desde el oficio y los pasodobles

La chirigota de Juan Manuel Braza ‘el Sheriff’ afronta los cuartos del COAC 2026 en el Gran Teatro Falla con un repertorio irregular, apoyado en dos pasodobles de sello clásico y un tipo que ofrece más ternura que recorrido competitivo

La chirigota gaditana ‘Los semicuraos’ regresó al Gran Teatro Falla para defender su pase de cuartos de final del COAC 2026 con el aval de una trayectoria extensa y reconocible dentro de la modalidad. El grupo, con letra y música de Juan Manuel Braza Benítez y dirección de José Sibón Pereira, compareció en esta fase tras concursar el pasado año como ‘Los sherijuegos’, manteniendo una línea autoral fiel a su estilo y a su público más veterano.

El tipo plantea a un grupo de trabajadores de baja laboral que, sin estar del todo recuperados, alargan su convalecencia entre chiringuitos, cervezas y excusas varias, mientras encuentran la manera de llegar a febrero para cantar en el Falla. Se trata de una idea arriesgada por su posible lectura incómoda y, al mismo tiempo, de recorrido limitado, que coquetea en algunos momentos con la incorrección política sin terminar de explotarla con claridad.

La presentación introduce la figura de un inspector de la mutua que trata de desenmascarar a estos “bajistas”, un recurso que apela directamente a la nostalgia del aficionado y a personajes reconocibles del pasado reciente del Carnaval. El arranque funciona más por el recuerdo y el oficio que por un desarrollo sólido del tipo, dejando claro desde el inicio que el peso del repertorio no estará en la sorpresa, sino en la familiaridad.

El bloque de pasodobles constituye el punto más alto del pase. El primero arranca desde una escena cotidiana, la de una mujer en urgencias saturada de dolencias, para derivar hacia una lectura más amplia de Cádiz como ciudad castigada y “desangrada” por distintos frentes, desde el deterioro urbano hasta la marcha de los jóvenes. Musicalmente reconocible y bien construido, el pasodoble conecta por su tono contenido y por un desarrollo que va creciendo hasta un final bien resuelto.

El segundo pasodoble responde directamente a las críticas recibidas por el tipo y por la supuesta imagen de “flojos” que proyecta la chirigota. La letra gira con habilidad hacia una reivindicación del sacrificio personal, familiar y laboral que supone salir cada año en Carnaval. El remate, al afirmar que en febrero “doy de alta a un chirigotero”, se convierte en uno de los momentos más redondos del pase y resume el sentido último de la propuesta. Es en este bloque largo donde el Sheriff vuelve a demostrar por qué su firma sigue siendo reconocible década tras década.

Los cuplés, sin embargo, suponen un freno claro al desarrollo del repertorio. La primera tanda, centrada en la pesca deportiva y las sanciones del Seprona, se mueve en un terreno previsible y con escasa eficacia humorística. La segunda resulta aún más confusa, con situaciones encadenadas —borracheras, referencias a personajes y remates poco claros— que dificultan la comprensión y apenas generan respuesta en el teatro. La falta de claridad y de remates sólidos penaliza seriamente este tramo corto.

El popurrí no consigue revertir esa sensación. Aunque aparecen destellos de humor y situaciones reconocibles, el bloque carece de ritmo y de un crescendo claro, quedándose en un desarrollo plano que no termina de levantar al conjunto. El tipo, una vez más, ofrece pocas posibilidades de juego y el repertorio no encuentra el camino para explotarlo con mayor profundidad.

En el apartado interpretativo, ‘Los semicuraos’ se sostienen gracias al oficio, la simpatía y un sonido inconfundible que conecta especialmente con el aficionado de largo recorrido. La ejecución es digna y sin grandes fisuras, pero se percibe cierto desgaste escénico y una dependencia excesiva de la nostalgia como principal motor de conexión.

La actuación de ‘Los semicuraos’ en cuartos del COAC 2026 deja una sensación de luces y sombras. Brilla en los pasodobles, donde el grupo vuelve a mostrar su mejor versión, pero baja claramente en cuplés y popurrí. El resultado es un pase más tierno que competitivo, con aroma a fin de etapa y con el respeto que otorga una trayectoria histórica, aunque con pocas armas para pelear más allá en el concurso.


























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