La chirigota ‘Los taratachanga’ cierra la sesión desde África con humor, ritmo y crítica ambiental
La agrupación de Sanlúcar de Barrameda se presenta como una tribu gabonesa que reivindica la riqueza cultural africana y la simplicidad de la vida en comunidad.
La sesión infantil del COAC 2026 concluyó con la chirigota ‘Los taratachanga’, procedente de Sanlúcar de Barrameda, una de las localidades más presentes en las semifinales de este año. La agrupación llega con letra y música de David Amaya Jiménez, dirección de Jonatan García Odero y representación legal del propio Amaya Jiménez. En 2025 no participaron.
El telón mostró una estética tribal dominada por colores cálidos, estampados y complementos realizados con materiales ligeros y reciclados, incluyendo lanas teñidas, chapas de refresco y detalles de botellines. Al fondo, el escenario incorporaba referencias gaditanas reinterpretadas desde el punto de vista de la tribu, con peñas carnavalescas como El Erizo, El Molondro, El Charpa o Nuestra Andalucía integradas dentro del imaginario africano.
La presentación definió la propuesta: una tribu llegada desde Gabón para hacer chirigota, con el objetivo de divertirse, contagiar ritmo y mostrar que la felicidad no depende de lo material. El personaje del “jefe de la tribu”, coronado con la cabeza de un león de peluche, marcó el tono paródico desde el inicio.
El primer pasodoble contrastó la vida sencilla en la tribu con la hiperestimulación tecnológica de la infancia occidental. La letra afirmó que en su lugar de origen no necesitan “Fortnite, ni Play, ni pantallas”, porque cuentan con sol, luna, tiempo, familia y cariño. El texto evitó el paternalismo y optó por reivindicar la suficiencia vital, señalando que muchas veces quienes menos poseen son quienes mejor saben disfrutar del día a día. La crítica consumista se dirigió más hacia la sociedad adulta que hacia los propios niños.
El segundo pasodoble coincidió con la celebración del Día de la Cultura Africana, algo mencionado por los propios intérpretes. La letra presentó un alegato a favor de la diversidad cultural del continente, subrayando la pluralidad de idiomas, tradiciones, músicas y expresiones artísticas que lo conforman. Los niños apuntaron que, para preparar el tipo, tuvieron que investigar y aprender sobre las culturas africanas, reconociendo el proceso educativo detrás del disfraz. El texto defendió la necesidad de mirar África sin prejuicios y puso en valor su riqueza humana y lingüística.
El popurrí incluyó varios fragmentos con ritmos y patrones melódicos inspirados en músicas africanas, adaptados al esquema chirigotero. La instrumentación buscó timbres percusivos ligeros, dando protagonismo a la caja y a patrones repetitivos con estribillos coreables. La actitud en escena fue constante, con participación activa de todos los componentes.
La tanda de cuplés aportó el bloque más cómico. El primero narró su llegada a Cádiz y el choque cultural, especialmente en la playa, entre costumbres africanas y gaditanas. El segundo introdujo una crítica ambiental sobre la contaminación del agua, con remate humorístico al señalar que los langostinos sanluqueños acaban “yéndose a África” para no tener que soportarla. El tercero recuperó uno de los temas recurrentes de la temporada infantil: el simulacro de tsunami, aunque desde la humorada infantil de convertirlo en un tsunami de papas fritas con zumo de pollo, un juego de lenguaje celebrado por el público.
El teatro presentaba menor afluencia en comparación con otras agrupaciones de la jornada, algo habitual al cierre de las sesiones infantiles, coincidiendo además con el tramo horario de comidas. No obstante, la respuesta del público fue participativa y el repertorio mantuvo energía hasta el final.
En lo técnico, ‘Los taratachanga’ se acogieron al molde clásico de la chirigota infantil: predominio del humor, tipo reconocible, baile fácil, explicación clara del personaje y cierre festivo. La dirección escénica fue dinámica y permitió que todos los componentes tuvieran intervención narrativa, lo que reforzó el componente colectivo de la tribu.
Sanlúcar firmó así su segunda presencia de la jornada, tras la chirigota ‘El tío de la tiza se actualiza’, consolidando un bloque municipal que empieza a tener peso propio en la cantera. El pase cerró la sesión con un mensaje transversal de respeto cultural, crítica ambiental y reivindicación de la simplicidad: una mirada al mundo desde los ojos de una tribu infantil que se ríe de lo moderno, pero que no deja de pensar en el futuro del planeta.




















Contenido recomendado



