La chirigota sevillana de la ministra de Hacienda firma un pase correcto pero sin vuelo humorístico en el Falla
“To pa mí” apostó por convertir a María Jesús Montero en protagonista chirigotera con un repertorio crítico, bien escrito y con música solvente pero escaso de carcajada
La chirigota sevillana “To pa mí”, procedente de Sevilla y con autoría en letras de José Antonio Gobea y Juan Carlos Nevado y música de Sergio Gallardo, cerró la segunda función de preliminares con un pase correcto, valiente en el planteamiento y sorprendente en el enfoque, pero insuficiente en un terreno clave para la modalidad: el humor. La agrupación eligió como personaje central a la ministra de Hacienda María Jesús Montero, convertida en una suerte de “diva fiscal” encargada de controlar y recaudar en el escenario gaditano. El tipo generaba expectación desde telón, más aún viniendo de un grupo acostumbrado a trabajar personajes complejos, pero su explotación humorística quedó por debajo de lo que prometía la premisa.
El planteamiento escénico se sostuvo con solvencia. La presentación jugó con la biografía inventada de la ministra: niña ambiciosa, sevillana de Triana con gusto por el poder y la fiscalidad. La vinculación con Hacienda permitió un par de golpes bien recibidos —“Hacienda siempre gana, será la primera vez que gane una sevillana”— pero la escena no terminó de arrancar ni en ritmo ni en energía. El personaje exige mucha pose, mucha ironía y mucho subtexto, y la chirigota se quedó a medio camino entre la imitación política y el gesto paródico.
Los pasodobles elevaron el pase. El primero fue una acertada “declaración de intenciones” que comparaba el concurso con un proceso de elaboración tributaria, declarando amor a Cádiz desde el lenguaje administrativo. La música de Gallardo tuvo cuerpo, desarrollo y un vuelo poco habitual en chirigotas foráneas. El segundo pasodoble entró en materia social con decisión y apuntando alto: el cribado del cáncer de mama y la gestión sanitaria del Gobierno andaluz. La letra mencionó a la asociación Amama y señaló directamente las listas de espera y el papel del Ejecutivo, con un tono serio y reivindicativo que contrastó con el personaje de la ministra. Fue el momento más sólido del repertorio: discurso claro, remate bien planteado y música agradecida. Se notó oficio en la escritura.
Los cuplés se resolvieron con eficacia relativa. El primero, el mejor del pase, narró la intención de cobrar el IBI a la Iglesia y describió el cambio de cara de la Macarena al recibir la noticia. El recurso funcionó por sorpresa y por la mezcla entre religión, fiscalidad y sevillanía. El segundo buscó el cálculo matemático para rematar en política nacional, convirtiendo el recuento de números en el recuento de veces en que alguien se acuerda “de los muertos” de Feijóo. El público lo celebró, pero la previsibilidad del remate le restó fuerza cómica. En ambos casos, el estribillo jugó más a la complicidad que a la risa.
El popurrí remató el repertorio con más discurso que pamplineo. El personaje de la ministra se mantuvo, pero el eje temático derivó hacia una fiscalidad satirizada sin despliegue humorístico potente. Se apeló a los Google, a la declaración trimestral y a una administración pública que lo absorbe todo, pero el humor tendió a lo literal y el remate coral no terminó de levantar el clima. La chirigota tiene tablas y buena capacidad interpretativa, y eso se notó: el pase nunca cayó en caos ni en desorden, pero tampoco alcanzó el punto de calor que exige la modalidad para romper el teatro.
La valoración global permite distinguir dos planos. En el plano técnico, la agrupación llegó con una música notable y dos letras competentes en el pasodoble, además de un trabajo actoral serio y un personaje arriesgado. En el plano humorístico, insuficiente. La idea era brillante sobre el papel, pero la explotación del tipo no encontró el camino del pamplineo ni de la chispa gaditana, y el repertorio terminó funcionando más como discurso irónico que como chirigota propiamente dicha. El riesgo se agradece en el concurso, pero aquí quedó en “investigación fiscal preliminar”.
En clave competitiva, el pase fue correcto pero no dejó sensación de pelea alta. Será el público —y el jurado— quien decida si la apuesta por el humor político encuentra recorrido.



















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