La comparsa chipionera encuentra cobijo en el Falla pero el concepto no termina de cuajar sobre las tablas
El grupo de los hermanos Gómez parte de una idea fantástica —monstruos que se esconden en un hotel abandonado— para explicar la relación entre Carnaval y refugio, aunque el desarrollo acaba disperso
Segundo año consecutivo para la comparsa de Chipiona de los hermanos Salvador y José Manuel Gómez, que en 2025 dejó buenas sensaciones con La tregua y que ahora regresa con El refugio, una propuesta que apuesta por una idea de corte fantástico: un hotel abandonado en Cádiz donde se cobijan monstruos inadaptados, seres raros y personajes marginales que encuentran en febrero un espacio para curarse, esconderse y ser ellos mismos. El planteamiento es atractivo, metafórico y con potencial dramatúrgico. No es habitual en la modalidad que grupos jóvenes elijan conceptos fantásticos como vehículo narrativo, y eso ya coloca a la agrupación en un terreno reconocible.
La presentación explica el código: los monstruos ocupan un hotel porque son expulsados de la sociedad “por locos, raros o enfermos” y en Cádiz encuentran un refugio paralelo: el del Carnaval. La letra plantea que lo que el mundo separa, febrero lo une, y que las máscaras, lejos de ocultar, permiten sobrevivir. Buen punto de partida. También buena presencia estética: maquillaje cuidado, tipologías reconocibles —lobos, vampiros, brujas— y un hotel construido en escena con acierto técnico. Hasta ahí, el concepto funciona.
La tanda de pasodobles proyecta la voz generacional del grupo. El primero se ocupa de la salud mental juvenil, con referencias a precariedad, medicalización, agotamiento emocional y la dificultad para sostener el propio proyecto vital. No hay barroquismo ni exceso poético: la letra va al asunto sin adornos. La comparsa canta desde la experiencia, algo que le da autenticidad aunque reste vuelo literario.
El segundo pasodoble se sitúa en la actualidad política: un aviso contra la moda revisionista que idealiza tiempos autoritarios de “blanco y negro” que la propia juventud no vivió pero que una parte añora. Se cita la España que vuelve al discurso de “orden”, “color nacional” y nostalgia manufacturada. La letra reivindica un futuro plural frente a una supuesta “vuelta atrás” y conecta con el debate real que hoy existe entre generaciones. La idea tiene lectura y está bien enfocada, aunque musicalmente la pieza vuelve a mostrar cierta irregularidad en la estructura del pasodoble, con un desarrollo que acelera en el tramo final y rompe la cadencia.
Los cuplés funcionan como alivio pero quedan en la gama media del Concurso. El primero juega con el fichaje del guitarrista Javi Tirado por otras agrupaciones a raíz de su aparición con Paco el Pellejo; el segundo gira hacia Juanma Moreno, su supuesta “atractividad” y las listas de espera. Correctos, con remates simpáticos, pero sin vuelo y sobre todo sin aportar al tipo.
El popurrí es donde la comparsa más se juega la vida, y donde el planteamiento más se complica. El hotel —que debería ser el eje dramático— aparece de forma intermitente y nunca termina de funcionar como escenario narrativo cohesionado. El repertorio acaba convertido en un catálogo de escenas: viviendas caras en Cádiz, vampiros, lunas que transforman lobos, huéspedes icónicos y un homenaje disperso a Rocío Jurado en clave chipionera que no termina de integrarse en la dramaturgia del refugio. La idea se fragmenta y el ritmo se resiente.
Interpretativamente, el grupo tiene presencia y afinación suficiente, con una instrumentación joven y solvente y un timbre que no desentona en la modalidad. Se aprecia intención de construir una comparsa personal, algo que no es menor en un certamen cada vez más saturado de clones estéticos y temáticos.
En la fotografía competitiva, El refugio deja una sensación clara: hay concepto, hay estética y hay voluntad de contar algo desde una perspectiva generacional diferente, pero falta desarrollo. La fantasía pide dramaturgia y la dramaturgia exige continuidad. El concepto no termina de madurar en el repertorio y parte del material aparece suelto. Aun así, el grupo confirma crecimiento: mejor presencia, más valentía temática y más riesgo artístico que en 2025. Les falta arquitectura, no intención.
Comparsa de futuro que sigue acumulando experiencia —lo cual en esta modalidad es una inversión— y que debería mantenerse si la mesa premia voces nuevas y conceptos ajenos al sentimentalismo clásico.



















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