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La comparsa debutante ‘Las pasajeras’ acusa la falta de experiencia en un estreno muy verde en el Falla

El grupo de Los Barrios, íntegramente femenino y dirigido por Pili Castillo, presentó un concepto simbólico sobre el tiempo sin lograr asentarlo musical ni vocalmente en su primera participación en el certamen.

La comparsa ‘Las pasajeras’, procedente de Los Barrios y dirigida por María del Pilar Castillo, debutó este lunes en el Gran Teatro Falla con una propuesta íntegramente femenina tanto en voces como en instrumentación y autoría. Se trataba de la primera comparecencia del grupo en el Concurso de Agrupaciones, lo que generó interés por ver su estreno en un escenario especialmente exigente para las comparsas.

El tipo situó a las componentes como “dueñas del tiempo”, capaces de accionar la rueda temporal como mecanismo simbólico para viajar, recordar y transformar. La escenografía y el vestuario apuntaron hacia esa línea conceptual, con accesorios que sugerían engranajes, relojes y elementos de cronometraje. La presentación trató de instalar la idea con un discurso poético sobre el paso del tiempo y la huella que deja, pero el desarrollo dramático resultó difuso desde el inicio. La interpretación, plana y con problemas de conjunción, no permitió que el texto terminara de asentarse en el patio de butacas.

El primer pasodoble abordó la cuestión de la violencia y el trato hacia las mujeres desde una mirada reivindicativa, denunció el señalamiento social y reclamó igualdad entre hombres y mujeres. El texto buscó posicionarse en un discurso de empoderamiento, pero su construcción irregular dificultó el impacto. Musicalmente, el pasodoble evidenció una línea melódica poco definida, con progresiones planas y escasa tensión musical.

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El segundo pasodoble giró hacia el propio concurso y la tensión entre tradición, autores históricos y nuevas generaciones. La letra citó a referentes de la comparsa —Quiñones, Pedro Romero, Paco Alba— e introdujo la idea de que el aplauso y la afición pesan más que los reconocimientos formales. El planteamiento, aunque interesante, quedó sin tesis clara y sin remate que ordenara el discurso. La interpretación continuó mostrando dificultades vocales, con afinación inestable y falta de volumen en el segundo tramo del pasaje.

Los cuplés trataron de aportar un giro humorístico, pero no consiguieron generar efecto. La propuesta siguió apoyándose en el concepto del tiempo, aunque sin una línea humorística identificable. El estribillo buscó reforzar la autoafirmación del grupo (“que no, que no, de mí no se olvidarán”), pero no terminó de funcionar como estribillo coreable.

El popurrí quiso expandir la metáfora temporal hacia una lectura emocional: el tiempo como enemigo, como compañero y como espacio de libertad. Sin embargo, el bloque no aportó capas nuevas al planteamiento inicial y terminó repitiendo fórmulas sin desarrollo dramatúrgico. Las pasajeras reclamaron “mandar en el tiempo” y pidieron aflojar la rienda del destino, pero el discurso se disolvió sin llegar a construir relato.

En lo interpretativo, la comparsa acusó su falta de rodaje. Se apreciaron dificultades en afinación, dicción y potencia, además de una gran dependencia del bombo para sostener el ritmo. La instrumentación, a cargo de integrantes que según explicaron en redes sociales aprendieron a tocar para poder participar en el concurso, mostró voluntad pero también limitaciones técnicas. La escenografía ayudó a contextualizar la propuesta y reforzó el simbolismo, pero sin una dramaturgia que diera sentido a los elementos sobre el escenario.

Más allá del análisis competitivo, el pase dejó patente la ilusión del debut. Se trató de un estreno de un grupo novel, íntegramente creado, escrito y dirigido por mujeres de Los Barrios, que accedió al Falla por primera vez. Esa dimensión simbólica no modifica la valoración artística del repertorio, pero sí contextualiza el esfuerzo y la carga emocional que supone presentarse en este escenario sin experiencia previa ni referencias anteriores dentro del propio municipio.

En términos competitivos, la actuación resultó insuficiente en letras, música e interpretación para una modalidad que exige gran solvencia. El concepto, aunque sugerente, quedó sin desarrollo; la música no logró sostener ni emocionar; y el repertorio no presentó elementos que permitieran prever continuidad en el concurso. El estreno queda como una primera toma de contacto con un formato que penaliza la falta de oficio y premia la concreción narrativa, la tensión poética y la solidez musical.






















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