La comparsa ‘El desguace’ afila su discurso en cuartos del COAC 2026 con poesía y crítica política
La comparsa de Miguel Ángel García Argüez y Raúl Cabrera defiende en los cuartos del COAC 2026 una propuesta madura y simbólica, donde Cádiz se convierte en un desguace emocional y político sostenido por una lírica reconocible y una interpretación más asentada
La comparsa gaditana ‘El desguace’ regresó al Gran Teatro Falla para afrontar su pase de cuartos de final del COAC 2026 con la solvencia de un grupo acostumbrado a las fases decisivas del concurso. Con letra de Miguel Ángel García Argüez, música de Raúl María Cabrera Fernández y la dirección de Francisco Javier Bohórquez Gutiérrez, la agrupación volvió a poner sobre escena una propuesta ambiciosa, de fuerte carga simbólica y clara vocación poética.
El tipo sitúa a Cádiz como una gran chatarrería donde se amontonan siglos de historia, glorias pasadas, afectos perdidos y restos de un imperio oxidado. Los comparsistas encarnan a chatarreros que rescatan del hierro y la hojalata la memoria colectiva de una ciudad marcada por el paso del tiempo, la decadencia y la resistencia. La idea es potente a nivel conceptual y conecta con una línea autoral muy definida, aunque su desarrollo escénico vuelve a exigir una atención constante al espectador.
La presentación se mostró más contenida y asentada que en preliminares. El arranque, apoyado en un duelo de guitarras de gran nivel técnico, marca el tono del repertorio desde el primer momento. El hierro, la chatarra y el desguace funcionan como metáforas de identidad, con una musicalidad cuidada y un ritmo que, sin ser vertiginoso, logra fijar el universo de la comparsa. Es uno de los pasajes más reconocibles del pase y uno de los mejor resueltos en lo musical.
El primer pasodoble apostó por un registro íntimo y emocional. A través de la pérdida progresiva de los seres queridos, la letra construye un “desguace” familiar que refleja el desgaste vital y la memoria afectiva que permanece. La copla se sostiene en la sensibilidad del texto y en la interpretación, más que en un golpe final rotundo, y conecta especialmente con el aficionado que busca emoción reposada antes que impacto inmediato.
El segundo pasodoble cambió de registro para adentrarse en la crítica política. La letra plantea una supuesta entrevista de trabajo que va desgranando, verso a verso, la falta de empatía, principios y decencia del candidato, reservando el destinatario real para el remate final. El recurso está bien construido y mantiene la tensión durante el desarrollo, con una crítica directa al presidente del Gobierno. La intención es clara y el mensaje contundente, aunque el efecto en el teatro resultó más contenido de lo esperado, sin un estallido final que terminara de prender.
En los cuplés, la comparsa volvió a mostrar uno de sus puntos más débiles. El primero, centrado en la domótica doméstica y referencias tecnológicas, pasó sin especial repercusión. El segundo, con alusiones políticas y personajes reconocibles, tampoco logró levantar al público. El estribillo mantiene coherencia con el tipo, insistiendo en la idea de la comparsa que “renace” una y otra vez, pero el bloque corto quedó diluido entre pasajes de mayor densidad lírica.
El popurrí se presenta como el tramo más irregular del repertorio. Aunque recoge con coherencia el discurso del desguace vital y social, la sucesión de cuartetas no termina de construir un crescendo emocional claro. La historia se fragmenta y el mensaje se dispersa, lo que dificulta una conexión plena con el patio de butacas. Es un cierre que refuerza la propuesta conceptual, pero que penaliza en términos competitivos.
En el plano interpretativo, ‘El desguace’ mostró una clara mejoría respecto a su pase de preliminares. El grupo se percibe más compacto, afinado y seguro en escena, con una interpretación más serena y luminosa. La integración de la voz femenina resulta más natural y el conjunto gana en equilibrio sonoro, aunque sin llegar a momentos de especial brillantez colectiva.
La actuación de ‘El desguace’ en cuartos del COAC 2026 confirma una propuesta valiente y coherente con la trayectoria de sus autores. La comparsa apuesta por la poesía, la metáfora y la crítica reflexiva frente al efectismo inmediato, asumiendo un riesgo artístico que no siempre encuentra una traducción directa en el aplauso. La sensación general es de corrección y madurez, con una idea interesante que no termina de explotar todo su potencial escénico, dejando un pase sólido pero con dudas en clave de concurso.
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