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La comparsa ‘El manicomio’ refuerza su impacto escénico en cuartos del COAC 2026 con un pase de claroscuros

La comparsa de Jonatan Pérez Ginel defiende en los cuartos del COAC 2026 una propuesta metacarnavalera de gran potencia visual e interpretativa, con una presentación muy poderosa y letras irregulares que frenan su despegue competitivo

La comparsa gaditana ‘El manicomio’ regresó al Gran Teatro Falla para afrontar la fase de cuartos de final del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas 2026 con el aval de un grupo consolidado y la presión añadida de haber logrado el segundo premio en 2025 con ‘El cementerio’. Con letra y música de Jonatan Pérez Ginel y dirección de Alberto Domínguez Gómez, la agrupación volvió a apostar por una propuesta de marcado carácter metacarnavalero, intensa en lo emocional y muy reconocible en lo estético.

El tipo sitúa a los componentes como internos de un manicomio, utilizando las cuerdas, cadenas y paredes como metáfora de una obsesión compartida: el Carnaval. La locura no se plantea aquí como enfermedad, sino como estado permanente del creador y del aficionado, atrapados entre la pasión, el sacrificio y la necesidad vital de febrero. El concepto, de raíz oscura y con ecos ochenteros, conecta directamente con la trayectoria autoral del grupo y con su universo simbólico.

La presentación vuelve a erigirse como el bloque más impactante del repertorio. El arranque es arrollador, apoyado en una escenografía muy cuidada, un maquillaje expresivo y una interpretación física que llena el escenario desde el primer acorde. El ambiente opresivo y sombrío refuerza la idea de encierro mental y creativo, logrando una conexión inmediata con el teatro más desde la fuerza sensorial que desde un desarrollo narrativo elaborado. Es un inicio que impone respeto y marca territorio.

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En los pasodobles se aprecia una mejora clara respecto al pase de preliminares en términos de interpretación y claridad del mensaje. El primero aborda el problema de la vivienda desde una óptica social y generacional, partiendo de la casa como refugio y origen de los sueños para desembocar en una denuncia directa a la clase política. El remate, que apunta a la imposibilidad de acceder a una vivienda hasta que mueran los padres, resulta contundente y provoca reacción en el público, aunque el exceso de efectismo y ciertos exabruptos restan sutileza lírica al conjunto.

El segundo pasodoble apuesta por un registro más íntimo y conceptual. La letra construye un diálogo que finalmente se revela como un desdoblamiento de la propia personalidad, una reflexión sobre el amor propio como tabla de salvación en los momentos de caída. La idea es valiente y coherente con el tipo, pero su desarrollo abstracto limita el impacto emocional y deja una sensación de copla más reflexiva que rotunda.

La tanda de cuplés se mueve en un terreno irregular. El primero, centrado en las protestas de activistas que lanzan comida a obras de arte en museos, funciona más por ironía que por carcajada. El segundo reincide en la crítica al contexto internacional y al estado del mundo, con referencias reconocibles pero sin un remate especialmente brillante. En ambos casos, la música y la interpretación sostienen el bloque más que el contenido humorístico.

El popurrí presenta un desarrollo musical variado, con cambios rítmicos bien trabajados y un notable esfuerzo en percusión y transiciones. Destaca especialmente el tramo previo a la despedida, de tono baladístico y emocional, que conecta de nuevo con el Carnaval como motor vital y sacrificio personal. El cierre, apoyado en el 3×4 y en una reflexión sobre los años de entrega a la comparsa, resulta emotivo, aunque no termina de redondear el conjunto ni de elevar la sensación global del pase.

En el apartado interpretativo, ‘El manicomio’ muestra una evolución positiva. El grupo canta con mayor control y pausa, ganando en claridad y empaste, especialmente en la cuerda de tenores. La intensidad sigue siendo una seña de identidad, aunque persisten pequeños desajustes vocales que no llegan a empañar una ejecución notable en líneas generales.

La actuación de ‘El manicomio’ en cuartos del COAC 2026 deja una sensación de mejora respecto al primer pase, apoyada en una presentación muy potente y una interpretación más asentada. Sin embargo, las letras no terminan de enganchar de forma sostenida y el exceso de metacarnaval limita la capacidad del repertorio para crecer competitivamente. El resultado es un pase de nivel medio-alto, con personalidad y riesgo, que deja ganas de más pero sin terminar de rematar una propuesta que apunta alto en forma, pero se queda corta en fondo.





























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