La comparsa La Camorra sacude las semifinales del COAC 2026 con una crítica frontal y sin concesiones
La propuesta de Marta Ortiz firma en semifinales del COAC 2026 uno de los pases más combativos del Concurso, con pasodobles de gran impacto y un popurrí ideológico que no busca consenso
La comparsa La Camorra volvió a convertir el escenario del Gran Teatro Falla en un espacio incómodo y político durante su pase de semifinales del COAC 2026. La agrupación gaditana, con autoría íntegra de Marta Ortiz Deusto y dirección de María Otero Ramos, defendió un repertorio coherente, duro y sin concesiones que profundiza en la crítica a la Iglesia como institución de poder, reafirmando una trayectoria ascendente desde su anterior participación con La valla.
El tipo sitúa al grupo como una alegoría del clero, una “iglesia S.A.” que mezcla fe, dinero y poder político. La escenografía, presidida por una vidriera simbólica, refuerza esa imagen institucional y sirve de marco visual a un repertorio donde el mensaje vertebra todas las partes. Desde el inicio queda claro que no se trata de una provocación puntual, sino de una propuesta ideológica cerrada y desarrollada con intención literaria.
La presentación actúa como una declaración de principios. Con una melodía que remite a la tarantela italiana, en guiño al término “camorra”, la comparsa expone sin rodeos los ejes de su discurso: connivencia con el poder, impunidad histórica y uso interesado de la moral religiosa. No busca el golpe efectista, sino marcar el tono grave y desafiante que recorrerá todo el pase. Musicalmente suena compacta y segura, con un grupo plenamente convencido de lo que está contando.
El primer pasodoble entra de lleno en uno de los episodios más oscuros ligados a la Iglesia durante el franquismo: el robo de bebés. La letra se articula desde la voz de una mujer a la que arrebatan a su hijo por no encajar en los cánones morales impuestos, denunciando la complicidad institucional y la ausencia de justicia. La copla es dura, directa y coherente con el tipo, construida sin adornos innecesarios y con un alto impacto emocional que cala por la claridad de su denuncia.
El segundo pasodoble mantiene ese nivel de contundencia y cambia el foco hacia la represión contra los trabajadores del metal. La letra denuncia las penas y fianzas consideradas desproporcionadas, el trato vejatorio y la falta de justicia real, señalando de forma directa a la figura judicial implicada. La copla reivindica la conciencia de clase y la caja de resistencia como respuesta colectiva, convirtiéndose en una de las letras más incómodas y rotundas de la semifinal.
La tanda de cuplés supone el tramo más ligero del repertorio, aunque sin romper el tono crítico general. El primero juega con la palabra “taurina” para cargar contra Isabel Díaz Ayuso, con un remate funcional pero sin el brillo del resto del pase. El segundo introduce un guiño más interno al Concurso, aludiendo a la repetición de tipos y estéticas, con menor peso literario y competitivo.
El estribillo cumple una función de acompañamiento, reforzando el discurso sin buscar ser pegadizo ni convertirse en un elemento protagonista. Se integra dentro de un repertorio que prioriza el contenido por encima del efecto inmediato.
El popurrí es el bloque más denso y ambicioso de la actuación. En él se despliega una crítica global a la Iglesia como estructura de poder, abordando asuntos como el aborto, la educación concertada, la financiación pública de la religión, la ocupación del espacio público en Semana Santa o la contradicción entre el carácter aconfesional del Estado y la práctica real. Es un desarrollo exigente para el espectador, más reflexivo que emotivo, que mantiene la coherencia ideológica hasta el final.
El cierre del popurrí introduce un giro personal con una cuarteta dedicada a la abuela de la autora, fallecida el pasado año. Ese tramo final aporta una carga emocional distinta, humanizando el discurso y conectando la crítica estructural con una vivencia íntima que dota de profundidad al mensaje.
En el apartado interpretativo, La Camorra se muestra segura y comprometida. No hay concesiones al lucimiento individual ni a la complacencia con el público. El grupo sostiene el repertorio con convicción y claridad, priorizando la transmisión del mensaje sobre cualquier artificio.
El estilo de la comparsa responde plenamente a la marca autoral de Marta Ortiz: letras directas, ideológicamente claras y sin ambigüedades, que no buscan agradar a todos. Es una comparsa que incomoda, que interpela y que utiliza el Concurso como altavoz de denuncia social.
La valoración final es la de un muy buen pase de semifinales. La Camorra presenta una propuesta valiente, sólida y coherente, con dos pasodobles de enorme impacto y un popurrí trabajado y arriesgado. Puede resultar excesivamente densa para parte del público, pero deja poso y se consolida como una de las comparsas más comprometidas y reconocibles del COAC 2026, con argumentos suficientes para estar en la parte alta del Concurso.






























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