La comparsa ‘La gracia divina’ de Algeciras no consigue hacer funcionar su alegoría divina en el Falla
La comparsa algecireña presentó ‘La gracia divina’, un tipo de dioses que reparten la “gracia” desde el Olimpo, con un desarrollo simbólico que no terminó de cuajar ni en lo musical ni en lo conceptual.
La comparsa ‘La gracia divina’, procedente de Algeciras, compareció en el Gran Teatro Falla con un tipo en el que los componentes se presentaron como dioses paganos encargados de repartir la “gracia divina” al mundo. La autoría de letra corresponde a José Antonio López Molina y la música y dirección a José Antonio López Rondón, que regresó al Falla tras su participación el pasado año con ‘Los hijos del cañaveral’.
La presentación buscó situar la acción en un Olimpo carnavalesco. Con el telón echado y un hilo de luz que iluminaba el escenario, la comparsa introdujo la voz de un dios que se atribuía la capacidad de bendecir a artistas, pintores, músicos y poetas. El tono osciló entre lo alegórico y lo humorístico, con apoyos flamencos en la interpretación. Sin embargo, el planteamiento dejó dudas desde el inicio: el concepto simbólico resultó difícil de traducir dramáticamente y la teatralidad no terminó de fijar un relato claro sobre qué es la “gracia divina” ni cómo se articula en escena.
El primer pasodoble adoptó un registro sentimental de autoafirmación artística: el protagonista narró cómo soñaba con sacar una comparsa y cantar en el Falla pese a no ser gaditano. La referencia a Martinetti y Antonio Martín buscó elevar el discurso desde la tradición comparsista. La música, de corte clásico y bien construida, sostuvo mejor el pasaje que el texto, que no terminó de generar impacto. La interpretación, aunque correcta, evidenció descompensaciones vocales que dificultaron el vuelo emocional del pasaje.
El segundo pasodoble abordó el bullying y la presión escolar. La letra presentó a un niño que sufre acoso mientras su amigo se debate entre callar o intervenir. El texto buscó la empatía, pero el enfoque resultó poco preciso y el cierre careció de contundencia narrativa. La música volvió a sostener el desarrollo por encima del contenido, reforzando la sensación de que el repertorio dependía más del armazón musical que de la escritura.
Los cuplés transitaron por el humor sin lograr conectarlo con el tipo. El primero jugó con la idea del niño “tocado por la gracia” que en realidad está “tocado por los porritos”, y el segundo recurrió a temas supuestamente agotados (el vestido de Pedroche, Venezuela, Maduro) para rematar en clave autorreferencial sobre la falta de originalidad temática. Ninguno de los remates levantó al conjunto ni sumó atractivo humorístico. El estribillo insistió en la duda sobre quién otorga la gracia —Dios o la madre— sin aportar capa nueva al tipo.
El popurrí trató de expandir el discurso divino hacia un registro moralizante en el que el dios protagonista observa el mundo y lamenta no poder intervenir para mejorar la realidad. La comparsa reclamó el compás gaditano como templo mayor y expresó su deseo de permanecer en la tierra antes que volver al Olimpo. La alegoría buscó trascender, pero el texto se diluyó en reflexiones dispersas y la música, pese a esfuerzos de intensidad final, no consiguió dotar de unidad dramática al cierre.
La puesta en escena mostró simbología reconocible —varitas, coronas con pitos de carnaval, referencias a artes plásticas y flamenco—, pero sin una narrativa visual que conectara con el espectador. El diseño del tipo, lejos de reforzar la alegoría, la dejó a medio camino entre lo humorístico y lo solemne, sin decidirse del todo por un tono identificable.
La sensación general del pase fue la de una idea bienintencionada pero mal resuelta. ‘La gracia divina’ presentó un concepto difícil que habría requerido mayor precisión en la escritura y un desarrollo más orgánico entre presentación, pasodobles y popurrí. La música se situó por encima del texto, y la comparsa ofreció interpretación voluntariosa pero insuficiente para compensar los problemas de concepción. El resultado dejó una impresión irregular y escasamente competitiva.




















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