La comparsa ‘Los granujas’ reivindica la infancia crítica desde una mirada felina y callejera
El Puerto de Santa María presenta una comparsa de “mininos” que combinan nostalgia familiar, sonidos de Andalucía y denuncia social.
La comparsa ‘Los granujas’, procedente de El Puerto de Santa María, firmó uno de los pases más cuidados de la tercera jornada de semifinales del COAC infantil 2026. La agrupación llega con letra de Azahara Zaín Alburquerque Muro y Francisco González González, música de José Joaquín González Domínguez, dirección de Daniel González González y representación legal del propio González Domínguez. En 2025 obtuvieron un cuarto premio bajo el nombre ‘Los del huerto’.
El telón se levantó sobre un forillo nocturno que mostraba una calle urbana iluminada únicamente por la luna. La comparsa entró dispuesta en círculo, con la instrumentación al fondo y los componentes caracterizados como gatos callejeros, desde el maquillaje hasta la gestualidad. La presentación definió el concepto: gatos domésticos por la mañana, pero “granujas” cuando cae la noche, evocando la libertad del exterior y el descubrimiento del mundo desde la curiosidad infantil.
El tipo destacó por su ejecución visual: maquillaje felino detallado, ropa desgastada con tonos grises y pardos, colas tejidas y complementos que reforzaban la idea de pandilla nocturna. El público, numeroso y participativo pese al horario, acompañó con atención desde los primeros compases.
El primer pasodoble funcionó como carta de identidad del grupo. Tras recordar su paso competitivo el año anterior, la letra agradeció la herencia carnavalera familiar, especialmente la transmitida por los abuelos, y contrapuso esa memoria a la infancia actual. Los niños expresaron su deseo de vivir la niñez con la misma libertad con la que, según describen, la vivieron sus abuelos: en la calle, con pandillas, juegos y sin pantallas. Durante el desarrollo del texto se mencionaron localizaciones icónicas de Cádiz como La Caleta o La Plaza Mina, poniendo el foco en el espacio urbano como territorio de la infancia.
El segundo pasodoble fue dedicado a Andalucía y tuvo uno de los momentos más originales del repertorio. La letra articuló un catálogo de sonidos típicos andaluces —desde el roce de una orquilla en Semana Santa al golpe de las pinzas de la ropa en la azotea, pasando por el puchero en la cocina— para construir identidad cultural desde lo cotidiano. La estrofa citó además referentes literarios y simbólicos de la comunidad, como Lorca o Caparrós, para terminar defendiendo un retrato sensorial de la región. La narración prevaleció sobre la consigna política, con un enfoque más observacional que reivindicativo.
El tercer pasodoble devolvió el discurso a la actualidad social. La comparsa abordó el desigual reparto de oportunidades y las dificultades de muchas familias, recordando que la mirada infantil también registra el desempleo de los padres, la falta de vivienda y la precariedad. La letra afirmó que “aunque sean niños” no están al margen de lo que ocurre en el entorno, y cuestionó la falta de respuesta institucional. La protesta fue firme pero no amarga, con final abierto y sin buscar dramatismo.
La tanda de cuplés optó por ligereza. El primero ironizó sobre la moda gastronómica que prolifera en la calle y las comidas sofisticadas que desbordan la elaboración, frente a una preferencia declarada por el sándwich clásico. El remate rechazó “la pizza con piña” y otras combinaciones que consideran excesivas. El segundo cuplé criticó la escasa asistencia que suelen encontrar las agrupaciones infantiles, lamentando que muchas veces solo permanezcan los familiares en el teatro. El cierre reivindicó el valor de la cantera en un año en el que el público llenaba el patio de butacas y la crítica resultaba, por primera vez, desmentida por los hechos.
En el popurrí, la comparsa desarrolló su universo callejero felino con una sucesión de escenas nocturnas: descubrimientos, encuentros, pequeños miedos, observación del barrio desde los tejados y rituales de cuadrilla. La narración buscó la poética de lo sencillo, con una cadencia pausada y un uso constante de imágenes sensoriales. La estampa final giró hacia lo emocional: un gato que “tiene siete vidas” pero que reconoce que, incluso así, necesita compañía. “Que no esté solo en la vida, que maúlle conmigo” cerró el pase con un mensaje sobre la importancia de la protección y el afecto en la infancia.
En lo técnico, la comparsa mostró equilibrio vocal y correcta afinación. El tono del repertorio osciló entre la nostalgia, la identidad cultural y la denuncia social, sin elementos histriónicos y con un nivel de madurez significativo para la categoría infantil. Tras su cuarto premio en 2025, ‘Los granujas’ confirmaron la consolidación de una línea estética propia dentro de la cantera de El Puerto de Santa María.






















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