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La comparsa ‘Los pájaros carpinteros’ emociona en el Falla con una propuesta clásica y un pasodoble de alto impacto

El grupo de Nene Cheza y letra de Antonio Pedro Serrano defendió un repertorio cuidado en música y mensaje, con referencias al oficio de carpintero de ribera y un pasodoble que movilizó al público

La comparsa gaditana ‘Los pájaros carpinteros’, con autoría de letra de Antonio Pedro Serrano y música de José Antonio Cheza, presentó un repertorio que apostó por la tradición musical, la claridad melódica y la construcción de un tipo simbólico asociado al oficio de carpintero de ribera. El grupo, dirigido por Antonio Delgado Maza, articuló la propuesta en torno a la madera como materia y como metáfora, conectando el trabajo artesanal con el propio tejido de la comparsa y con el imaginario marítimo de la ciudad.

La presentación situó al espectador en un taller donde la construcción de embarcaciones se mostraba como una extensión del oficio comparsístico. La idea se reforzó con el movimiento escénico y con un uso muy preciso del ritmo inicial, que sirvió para introducir el cuello melódico característico de las composposiciones de Cheza. El tipo combinó elementos de vestuario que remitían a herramientas, virutas y plumaje, en coherencia con el título y con la imagen de pájaros que pican madera.

El primer pasodoble planteó el vínculo entre la madera y la comparsa. El protagonista, convertido en embarcación, pedía al carpintero que lo transformase en instrumento, que le ajustara cuerdas, que le añadiera caja y bordones, y que lo hiciera capaz de navegar por el escenario. La letra incorporó referencias directas al teatro y al repertorio, situando la actividad del escenario al mismo nivel que la del taller. La música, de corte clásico y fraseo limpio, sostuvo un desarrollo que favoreció el lucimiento de la cuerda. El pasodoble fue recibido con atención y cerró con una ovación amplia antes de la reanudación del repertorio.

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El segundo pasodoble optó por un registro emocional ligado a la actualidad. La letra abordó el dolor colectivo generado por una tragedia reciente en Andalucía y la respuesta social reflejada en gestos de solidaridad, donaciones y acciones civiles. La pieza se centró en la empatía, la edad, la experiencia y la dificultad para convertir estas emociones en copla. La interpretación añadió densidad al texto y el público respondió poniéndose en pie, generando un momento de intensidad poco habitual.

En el bloque humorístico la comparsa recurrió al costumbrismo, al doble sentido y a la observación irónica. El primer cuplé jugó con el paso del tiempo y el envejecimiento físico, mientras que el segundo aludió a la participación de una chirigota procedente de Canarias, con un remate que mezcló admiración y tono carnavalero. El estribillo apostó por una cadencia flamenca, acorde con la línea musical del conjunto.

El popurrí reforzó la idea del taller como espacio de cooperación. La agrupación situó al carpintero como figura que construye barcas y al comparsista como quien construye coplas. La madera funcionó como elemento estructural y narrativo: materializa los instrumentos, sostiene el teatro y da forma al tipo. El repertorio incorporó referencias a la estructura del pasodoble, a la competencia interna y al ego, además de una defensa explícita de la sonrisa como signo identitario frente a una forma más seria de interpretar la comparsa. El cierre invitó a conservar el carácter clásico sin renunciar a la belleza del repertorio.

En términos musicales, la comparsa mantuvo la línea reconocible de Cheza: gusto por la melodía, respeto por la afinación y equilibrio entre cuerda y percusión. La dirección escénica se sostuvo sin estridencias y el tipo permitió una lectura inmediata del concepto. La presencia de Antonio Pedro Serrano en escena reforzó la identidad del proyecto y la conexión con la letra. El vestuario reprodujo el acabado de la madera con texturas que simulaban tablones, cuadernas y herramientas, prolongando la metáfora en cada plano visual.

El público respondió con sintonía durante todo el repertorio. Las ovaciones tanto a los pasodobles como al final del popurrí señalaron que la propuesta conectó con la sala. La comparsa mostró oficio, coherencia interna y un espacio musical definido, tres elementos que le permiten situarse con opciones de continuidad en el concurso.


















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