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‘La conexión’ viaja al pasado para reivindicar a las telefonistas con un repertorio cuidado en el COAC 2026

La comparsa de Puerto Real apuesta por la memoria laboral y femenina con una puesta en escena costumbrista y un repertorio interpretado con solvencia

La comparsa La conexión regresó al Gran Teatro Falla con una propuesta que sitúa al espectador en una central telefónica del siglo XX y convierte a las antiguas telefonistas en protagonistas de un relato que mezcla memoria laboral, desigualdad de género y mirada social. La apuesta de Puerto Real no acudió al concurso para competir desde el ruido ni la estridencia, sino desde la idea, la estética y la interpretación, tres pilares que sostuvieron el pase con mayor firmeza que el factor sorpresa.

La presentación situó con claridad el tipo: mujeres que trabajan conectando llamadas, emociones, noticias y vidas ajenas, en un oficio que desapareció tras la automatización de la telefonía. La elección del tipo permitió un despliegue visual coherente y una escenografía que aportó profundidad al escenario sin sobrecargarlo, reforzada por una dirección que buscó armonía más que impacto inmediato. La idea se impuso desde el inicio: las telefonistas como puente y como testigo de una época en la que la igualdad era una quimera.

El primer pasodoble fue el momento más sólido del repertorio. Años 30, salario escaso, dependencia del matrimonio, precariedad y renuncia. Una letra que no cayó en el panfleto y que utilizó la memoria para explicar el presente. “Conocer la historia para que no se repita” fue el mensaje latente que la comparsa dejó en el teatro y que encontró respuesta. El segundo pasodoble cambió de eje para denunciar el capitalismo como sistema que mide el valor por el dinero y no por el vínculo, con un caso concreto como hilo narrativo: un empresario que cae en desgracia y descubre la soledad que deja la riqueza cuando se evapora. Fue menos redondo que el primero, pero coherente con el planteamiento de la agrupación.

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Los cuplés jugaron al humor de trámite. El primero, a Rubiales y la caída pública del expresidente federativo; el segundo, en clave vasectomía y maternidad accidental, rematado por un estribillo romántico que funcionó mejor que las propias letras. Fue el único tramo del pase donde la comparsa no terminó de encontrar un tono que sumara al conjunto, pero tampoco lastró severamente la propuesta.

El popurrí cerró el círculo narrativo con la telefonista como oyente invisible de conversaciones privadas, cura de confesiones, testigo involuntario y víctima del mandato social que condenaba a la mujer a la obediencia, la docilidad y el silencio. La comparsa incorporó un bloque de corte histórico sobre la censura y la represión en tiempos de dictadura, con guiño a los autores que arriesgaron cuando el Carnaval no garantizaba libertad. La pieza no buscó euforia, sino emoción contenida y reflexión, y ahí funcionó notablemente mejor que en el humor.

El pase dejó una sensación de proyecto cuidado, con identidad propia y con una línea autoral que respeta el sello de Puerto Real: comparsa sensata, melódica, ordenada y con discurso. No es la propuesta que más ruido hará en el concurso, pero sí una de las que mejor entiende lo que quiere contar y cómo contarlo. En un año donde abundan los tipos conceptuales, La conexión eligió la vía de la memoria laboral y femenina con honestidad y pulso.



















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